Sucesión continua

El Papa es obispo de Roma. Es también pastor de la Iglesia Universal y tiene jurisdicción extraordinaria sobre toda la Iglesia, en tanto que es Vicario de Cristo, puesto que la jurisdicción ordinaria la ejerce cada obispo en su diócesis. Pero a veces se nos olvida que si es Papa lo es precisamente porque es obispo de Roma, en cuya sede ha sucedido, después de una larga e ininterrumpida sucesión, a San Pedro, primer obispo de Roma y primer Vicario de Cristo por propio deseo y designación del Hijo de Dios. Por eso es tan importante el acto de «toma de posesión» de su sede episcopal. De hecho, la catedral de la diócesis de Roma no es el Vaticano (la basílica de San Pedro), sino la basílica de San Juan de Letrán. Durante muchos siglos, incluso, los papas no residieron en el Vaticano, sino en San Juan y podría volver a suceder. Francisco, como ha manifestado desde su elección –se asomó al balcón de San Pedro flanqueado por el vicario para Roma, el cardenal Vallini–, tiene mucho interés en inmiscuirse en el gobierno pastoral de la que es su diócesis. El propio Vallini ha hecho saber que pronto el nuevo Pontífice comenzará a visitar las parroquias de la diócesis, lo cual, por otro lado, también hicieron los pontífices anteriores, pues constituye una obligación para todo obispo. El carácter eminentemente pastoral que Francisco quiere dar a su Pontificado va a verse reflejado de forma concreta en la atención personal que va a dedicar al pueblo católico romano. Además de ser el pastor supremo de la Iglesia Universal, quiere dar ejemplo de cómo hay que ejercer el episcopado. Con olor a oveja, cercano al pueblo, como él mismo dijo.