Sociedad

Olga Fernández: "Con el voluntariado de hoy en día, la gente joven puede echar una mano incluso desde casa"

Olga Fernández: "Con el voluntariado de hoy en día, la gente joven puede echar una mano incluso desde casa"
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La Società Italiana di Beneficenza (SIB) es una organización sin ánimo de lucro, que, desde 1891 interviene en el territorio español en ámbito social, económico y sanitario. Reconocida por el Ministerio de Asuntos Exteriores italiano, la SIB es una asociación autónoma a nivel económico, puesto que su auto financiación se consigue a través de una serie de servicios a la comunidad italiana y a la organización de eventos benéficos. Olga Fernández, voluntaria y consejera de la SIB comenta con La Razón como la ONG ha cambiado a lo largo de los años y las iniciativas que lleva a cabo para cumplir con sus objetivos.

¿Cuál es la misión de la Società italiana di Beneficenza?

Dar ayuda a italianos en dificultad que estén en territorio español. Esto parece un poco reductivo, pero no lo es en realidad. Es verdad que mucha gente se pregunta “¿Pero hay italianos en dificultad?”. Sí, los hay. Hay familias que han pasado años de dificultad, incluso aquí en Madrid, y también asistimos a muchos italianos de pasaporte, es decir que tienen alguna relación con Italia, no directamente de haber nacido allí, pero sí que son italianos de familia.

¿Quiénes son en concreto sus asistidos?

Tenemos diferentes tipos de asistidos. Por un lado, familias que necesitan ayuda por una situación, porque se han quedado sin trabajo por la crisis o tienen deudas, entonces se les da ese tipo de ayuda y normalmente son ayudas que duran el tiempo que tardan en volver a salir a flote. Hay muchas personas que vienen de Latinoámerica con pasaporte italiano: estas personas también acceden a nosotros a través del Consulado. También ayudamos a italianos detenidos en prisiones españolas: están solos en un país extranjero y aunque tengan familias que les puedan ayudar, es difícil que vengan a verles, por lo tanto pueden acceder a ayudas incluso económicas, como en la cárcel tienen la posibilidad de comprar cosas, pero si no tienen dinero, no pueden comprar.

¿Cómo se emplean los fondos que la ONG recaude a través de sus actividades?

Tenemos a una persona que lleva muchos años trabajando en la SIB, que es experta en asistencia social. La gente que viene a pedir un ayuda, pasa a través de ella, que hace un estudio de su situación, intentando a ayudar a esas personas, siempre que pueda, con las instituciones españolas, por ejemplo diciéndole como se tienen que mover, si pueden obtener un subsidio de algún tipo, si pueden ir a comedores. Luego, hacemos una reunión de voluntarias especializadas en la asistencia social y decidimos que ayudan se van a dar a quien, en cuanto tiempo y de que manera.

¿Cómo ha cambiado la SIB en comparación con lo que era al principio?

En sustancia ha cambiado poco, porque en realidad el objetivo de ayudar es siempre el mismo. Lo que va cambiando es un poco la gente: antes había mujeres, italianas sobre todo, que venían aquí a lo mejor siguiendo al marido por el trabajo, que tenían una disponibilidad de tiempo mayor para seguir una serie de asuntos. Hoy en día, incluso porque las mujeres trabajamos, hay menos voluntarias que vienen aquí todos los días.

¿Qué eventos benéficos organiza la SIB durante al año para su auto financiación?

Eso depende del año, pero los fijos son el Carnaval y el mercadillo benéfico que hacemos en noviembre, que es el primer mercadillo de Navidad que se hace en Madrid, aunque ya hay mercadillos por todas partes durante el año. Ese último es nuestro evento estrella.

¿Cómo ha surgido la idea del mercadillo de Navidad?

La SIB lleva muchísimos años en el mercado. Hay muchísimas ONG que hacen ese tipo de acciones, porque viene gente que trae su producto y, a partir de eso, te llevas un beneficio como ONG. Aunque, hay que decir que es difícil organizar un mercadillo y que lo que hay allí se venda. De hecho, la idea del mercadillo lleva muchísimos años y la hay por todas partes, entonces la SIB ha seguido un poco esa tendencia. Es verdad que es algo muy tipico de extranjeros: en todos los consulados, en todas las ONG, es una forma de recoger dinero, no teniendo que pedir, sino que la gente se va contenta, porque compra algo y dona parte de eso a la ONG donde está acudiendo.

¿Cómo se ha evolucionado a lo largo de los años?

Cada año se intenta mejorar, porque el mercadillo es un evento muy grande y además nosotros lo hacemos durante tres días. Pero la preparación empieza en septiembre y siempre con las cosas ya bien atadas desde el principio. No siempre los cambios que se hacen son para mejor, pero sí que hay que probar. También hay que tener en cuenta que los que estamos aquí no somos especialistas en hacer mercadillos o comercios, sino que cada uno trae su propia experiencia de vida. Y entonces, somos todos voluntarios y se intenta hacer lo mejor posible, porque al final el objetivo es recuadar la mayor cantidad de dinero posible para la asociación. Todo lo que se hace es con muy buena voluntad, saldrá mejor o saldrá peor. Luego, no depende solo de como se trabaja aquí sino también de las cosas que suceden fuera. Ha habido una crisis en España que se ha notado muchísimo en los mercadillos, porque además la gente venía buscando el precio tirado y entonces el nivel ha ido bajando mucho.

¿De dónde proceden sus visitantes generalmente?

Como el mercadillo se hace en el Consulado Italiano que está en Calle Agustín de Betancourt, 3, hay muchos italianos: toda esa zona es muy italiana, por el colegio, por las oficinas, por el consulado mismo. Luego, Madrid es una grandísima colonia de italianos. Pero vienen muchísimos españoles también, todos tipos de personas.

¿Cuáles son los productos más atractivos que ofrece este mercadillo?

Lo que la gente viene a buscar sobre todo es el comer italiano, ya que a los españoles les encanta la comida italiana. En nuestro mercadillo no se encuentra el “chollo”, el objetivo es ir subiendo un poco el nivel, mejorando la calidad y el tipo del producto, para que sea diferente del resto y para que la gente que venga encuentre el “Made in Italy”, aunque no es siempre fácil.

¿Cuáles son los costes fijos necesarios para su preparación?

El coste fijo más alto es el del bar y restaurante, que de hecho para nosotros no son una ganancia. Es lo que más atrae, pero también lo que da un coste mayor por varias razones: la comida hay que pagarla, luego hay que contratar a alguien que cocine, aunque todos esos años los hemos estado haciendo todos voluntarios. Luego, tenemos costes fijos altos de la carpa que se pone para el restaurante, toda la parte de bebida, el trabajo, como, aunque somos voluntarios, necesitamos a gente que sea un poquito más experta en esa parte. Nosotros utilizamos mucho a gente que viene a pedirnos ayuda, los que llamamos nuestros “asistidos”: si en ese momento no tienen trabajo, les pedimos si quieren venir al mercadillo para ayudar, incluso pagándoles por lo que hacen. Siempre hay que tener en cuenta que el que te viene a pedir ayuda ha tenido que tragarse su dignidad en gran parte. Y entonces la posibilidad de ganar dinero con su trabajo para ellos es importante también.

¿En las varias ediciones del mercadillo ha habido algún contratiempo en su organización?

Siempre hay contratiempos, porque siempre hay muchas cosas que preparar y dependemos de muchas personas que incluso son voluntarias. Este año el contratiempo ha sido que la carpa que nos han traído era más grande de lo que cabía, porque hemos cambiado de proveedor y ha sido un desastre. Pero lo hemos conseguido arreglar en el último momento.

Año tras año, hay cada vez más mercadillos de Navidad en todas partes en Madrid. ¿Cómo aguantáis este tipo de competencia?

Estamos intentando diferenciarnos con calidad y con cosas diferentes: este año hemos tenido por ejemplo una expositora que hace ella manualmente centros de mesa, decoraciones para Navidad, todo natural. El año pasado ya nos lanzamos con artesanos: por ejemplo vino una mujer que hizo pañuelos de seda pintados a mano. De momento, apostamos por la artesanía y nos centramos en ello.

¿Cuál es el papel de la Embajada de Italia y del Consulado Italiano en la organización de dichos acontecimientos?

La Embajada de Italia es espónsor de la SIB. Nosotros debemos agradecer el espacio donde estamos, porque aunque estemos alquilados, esto es un territorio italiano. Agradecemos toda la disponibilidad que el Consulado nos ofrece. Siempre es una institución, entonces la SIB está en el círculo de las instituciones italianas. De hecho, a su vez la SIB ayuda al Consulado, en cuanto a ayuda social: el Consulado de Italia tiene un presupuesto para ayuda social, pero es muy reducido y además hay casos en los que ellos no pueden hacer nada y los pasan a nosotros para ver si podemos ayudar a esas personas de alguna manera.

¿Como se puede llegar a ser voluntario de la sociedad?

Simplemente venir aquí y tener interés en ayudar, teniendo en cuenta de que hay que prepararse a hacer de todo. En la SIB no es fácil encontrar algo que hacer de manera fija, hay que buscarse un poco la vida, tener iniciativa y ver donde se puede ayudar. Cuando uno va por ejemplo a Cáritas a ayudar, siempre hay un banco de alimentación y hay un banco de ropa, entonces tienes tu cargo y una o dos veces a la semana haces ese tipo de actividad. La SIB no es así: la ayuda que damos casi siempre es monetaria, con lo cual hay un montón de pequeñas cosas que hay que llevar a cabo y que el asistente social no puede hacer. Creo que con el voluntariado de hoy en día, la gente joven puede echar una mano incluso desde casa, llevando la web por ejemplo.