Salud

Cambio climático: menos capacidad cerebral y más partos prematuros

Una mente más lenta, unos pulmones débiles, corazones dañados y partos prematuros antes son algunos de los daños de la contaminación

No sólo es la contaminación, ni los plásticos... La forma en que el ser humano se comporta de cara al exterior, cómo trata al planeta, le transforma por dentro. Dicen que el homo sapiens surgió de un cambio climático hace 40.000 años. ¿Seremos testigos de una nueva evolución en el siglo XXI? ¿Caminamos hacia el homo climaticus? Lentamente y de forma silente. Poco a poco, sin que se perciba, la salud se vuelve frágil: partos prematuros, enfermedades respiratorias, alteraciones cardiovasculares... Resulta erróneo creer que todo empieza en los pulmones, porque todo, desde el aire, el agua hasta la temperatura altera la genética y sus mecanismos de defensa resultan dañados.

Desórdenes neurológicos

Un artículo científico publicado recientemente en el «British Medical Journal» advierte de los riesgos de las PM2,5 en los casos de nacimientos prematuros, diabetes y desórdenes neurológicos. Estos riesgos, de momento son menos conocidos, pero los trabajos actuales se centran en ampliar la amenaza que supone la presencia de estas partículas finas en todo el organismo. La investigación no fue de laboratorio, sino que vinculó 95 millones de admisiones hospitalarias de Medicare en EE UU con la situación atmosférica de los días previos a la misma.

Hasta el órgano responsable de que tomemos las decisiones cruciales en nuestra vida llegan las partículas más dañinas de la contaminación. La Ciencia ha demostrado, como recoge un artículo de «Proceedings of the National Academy of Sciences» que la población expuesta a elevados niveles de polución recibe un impacto en la capacidad cognitiva, e, incluso, llega a afirmar que el daño es el mismo que perder un año de estudios. El trabajo se llevó a cabo como parte de los Estudios del Panel Familiar de China en 20.000 personas en todo el país entre 2010 y 2014. Los científicos compararon los resultados de las pruebas con registros de contaminación por dióxido de nitrógeno y dióxido de azufre y la pérdida de facultades mentales.

Partos, ¿se acorta la gestación?

Junto a ello, uno de los últimos trabajos, publicado en «Nature Climate Change», apunta que el aumento de la temperatura del planeta ha ido adelantando los partos en EE UU. Se trata de una investigación que ha abarcado los 56 millones nacimientos en casi 20 años y de los que 25.000 fueron prematuros. Algunas de las cifras del trabajo son alarmantes: más de tres millones de días de gestación perdidos; las tasas de natalidad se elevan un 5% en días con una temperatura máxima superior a 32,2 grados centígrados, lo que provoca una disminución temporal de 6,1 días, con algunos nacimientos adelantándose incluso dos semanas; y, a modo de conclusión, se podrían perder anualmente 250.000 días de gestación de aquí a finales de siglo.

Un parto prematuro significa un sistema respiratorio inconcluso que se va a enfrentar a una calidad del aire deficiente que va a provocar un torrente de inesperadas consecuencias. Porque, si desde el vientre materno llegan al feto las toxicidades, una vez fuera desde los bronquios se traspasan las barreras de los vasos sanguíneos y las partículas finas (denominadas PM2,5) comienzan así su viaje por todo el organismo. Fruto de la contaminación atmosférica, la comunidad científica ha puesto el foco sobre ellas porque cada vez son más y diversas las investigaciones que demuestran que el perjuicio sobre la salud de las personas.

Partículas agresivas

Alarma la situación actual en la que se ha demostrado que los efectos adversos de la polución van más allá del sistema respiratorio, porque si bien se inhalan las PM2,5, también comienzan a destacarse en los últimos años los daños en el sistema cardiovascular, renal... y hasta como factor desencadenante de los tumores malignos. El problema reside en que, a pesar de las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en muchas regiones del planeta se superan los mínimos establecidos: 10 microgramos por metro cúbico (10u/m3). Esto lleva a que nueve de cada diez personas en el mundo respiren aire contaminado. En nuestro país se traduce a un 35% de la población, según la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica (Separ).

Claves y cifras
  • 7 MILLONES de muertes provoca la contaminación atmosférica. Más de 10.000 en España.
  • Una tarjeta de crédito: es el símil a la cantidad de microplásticos ingerida a lo largo de la semana. La Ciencia aún busca los efectos a largo plazo de la presencia de estos elementos.
  • Embarazos más cortos: el aumento de las temperaturas también ha impacto en el periodo de embarazo. Un estudio ha medido las consecuencias en 20 años y asegura que se ha acortado 6,1 días.
  • 250.000 días de gestación se han perdido por la prematuridad de los partos derivada del aumento de las temperaturas.
  • PM2.5: son las partículas responsables de los daños en el organismo. Dado su tamaño tan reducido llegan al torrente sanguíneo e incluso aterrizan en lugares claves del cerebro.

Por ello, la contaminación atmosférica causa unos siete millones de muertes en todo el mundo, más de 10.000 en España, según datos del Instituto de Salud Carlos III y de la OMS, respectivamente. Si se desglosa por enfermedades la radiografía es la siguiente: supone el 24 % de todas las muertes de adultos por cardiopatías, el 25% por accidentes cerebrovasculares, el 43% de los fallecimientos por enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y el 29% por cáncer de pulmón.

En este sentido, Isabel Urrutia, neumóloga y coordinadora del Área de Enfermedades Respiratorias Ocupacionales y Medioambientales de Separ, afirma que la contaminación «afecta a los pacientes que tienen una enfermedad respiratoria crónica –sobre todo asmáticos y personas con EPOC– y aumenta las posibilidades de desarrollar asma, con especial incidencia en niños. La polución supone más del 50% de los casos de neumonía infantil». «Vivir en contacto continuo con altos niveles de contaminación es equiparable a fumar entre cinco y diez cigarrillos diarios», apunta Carlos A. Jiménez-Ruiz, presidente de Separ.

Daños en el corazón

Además de alteraciones respiratorias, los ictus y los infartos también tienen su origen en la boina negra de las ciudades tras largos periodos sin lluvias. Uno de los trabajos recientes realizado en España corre a cargo del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Su equipo de investigadores estudió la correlación entre la contaminación atmosférica y el grosor de una vía sanguínea (la arteria carótida) relacionada con la aterosclerosis. Y demostró que, a mayor contaminación, más riesgo de accidentes cerebrovasculares y ataques al corazón. Jordi Bañeras, miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC), señala que «el sistema circulatorio es el que más sufre los daños de la contaminación, ya que los contaminantes viajan por el torrente sanguíneo y acaban produciendo enfermedades tanto a nivel cerebral como cardiaco».

Así, en cuanto a su relación con el cáncer, Aitana Calvo, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM), señala que la contaminación es considerada desde 2013 un agente carcinógeno por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS. «A nivel mundial, se producen unas 223.000 muertes relacionadas y, aunque la contaminación es uno de los factores de riesgo de menor alcance –uno de cada diez tumores pulmonares se deben a esta causa, mientras el tabaco es responsable de hasta un 90% de los mismos en hombres y un 80% en mujeres–, la población expuesta es muy amplia», apunta Calvo.

Microplásticos

La contaminación por residuos plásticos es otro de los principales problemas medioambientales de nuestro tiempo. Una media de ocho millones de toneladas es vertida cada año a los océanos, un camión de basura lleno de plásticos cada minuto. Los microplásticos entran en los seres vivos a través del aire y los alimentos y las bebidas que tomamos. El reciente trabajo, «Naturaleza sin plástico: evaluación de la ingestión humana de plásticos presentes en la naturaleza» (elaborado por Dalberg Advisors), basado en un estudio solicitado por WWF y realizado por la Universidad de Newcastle, sugiere que las personas consumimos alrededor de 2.000 pequeñas piezas de plástico cada semana, casi 21 gramos al mes, poco más de 250 al año, el equivalente a una tarjeta de crédito semanal. Los efectos específicos aún no se conocen con exactitud.