Sociedad

Sir Gregory P. Winter: A los políticos: las decisiones han de basarse en la ciencia

El Premio Nobel de Química, lamenta la falta de sinergias entre la administración y los investigadores

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Sir Gregory P. Winter, del Laboratorio de Biología Molecular MRC de Cambridge (Reino Unido) compartió el Nobel de Química de 2018 con Frances H. Arnold y George P. Smith. Se les concedió por su trabajo en el campo de los péptidos y los anticuerpos. Aunque nació en Leicester (Reino Unido), creció en Ghana, donde su padre era profesor de francés. Estudió en la Universidad de Cambridge y allí ha seguido desarrollando su carrera, que ha sido clave en el desarrollo de anticuerpos para su empleo como medicamentos.

Recientemente, el científico visitó la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) para compartir sus experiencias con los estudiantes y los académicos. El encuentro, organizado por la Cátedra UAM-AbbVIe de Investigación Clínica, ha servido para que este laureado biólogo impartiera la conferencia “Lecciones Aprendidas de la Evolución, una Hoja de Ruta para la Producción de Nuevos Medicamentos”, tras la cual los asistentes pudieron conversar e intercambiar opiniones con el profesor respecto a sus inquietudes e investigaciones.

Al finalizar la exposición, dedicó unos minutos a responder a las preguntas del suplemento A TU SALUD, haciendo hincapié en que el mensaje más importante para el apoyo de la Ciencia es el que consiga implicar a los jóvenes, al público en general y a la clase política. Porque sin esta unión nada será posible.

Respuestas claras

“A los jóvenes les diría que la ciencia puede ser un viaje de descubrimiento y de creatividad y que es un camino que ofrece una carrera profesional excitante; a la sociedad en su conjunto le diría que la ciencia puede llevarnos a nuevas y maravillosas invenciones que proporcionan soluciones a muchos de los problemas que nos afligen; a los políticos, que la ciencia debería ser la base sobre la cual se diseñaran las políticas y sobre que se apoyara la adopción de decisiones”, declaraba.

El trabajo de este científico parte de la evolución, como adaptación de las especies a diferentes entornos, como el proceso que ha dado lugar a la enorme diversidad de formas de vida. Él ha usado los mismos principios de la evolución –el cambio y la selección genética– para “dirigir” la evolución de anticuerpos.

El método que utilizado, conocido como “phage display”, consiste en el empleo de un bacteriófago –un virus que infecta bacterias con sus genes– para obtener nuevas proteínas. Durante años, esta poderosa herramienta de la Biología ha permitido desarrollar nuevos medicamentos (de la familia de los denominados “anticuerpos monoclonales”) para tratar enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, entre otras.

“Los anticuerpos ya han cambiado el modo en el cual tratamos diversas enfermedades, incluyendo la artritis reumatoide, el cáncer de mama y el melanoma, y en el futuro van a cambiar las terapias en otras dolencias. Es probable que los avances más inmediatos para el tratamiento del cáncer tengan su origen en el empleo de anticuerpos en combinación con medicamentos convencionales”, añadía.

La Ciencia necesita el respaldo de una clase política, de una sociedad y de una nueva generación que no siempre comprenden del todo sus tiempos. Para dar una idea, el profesor explicaba: “Los anticuerpos se descubrieron hace más de cien años, pero no fue hasta finales de la década de los 80 cuando se comprendieron lo suficiente para desarrollar herramientas que permitieran producir anticuerpos humanos para usos terapéutico. A mediados de la década de los 90 empezaron a recibir la autorización para su empleo como medicamentos”.