El ayuno temporal hace más eficaz la inmunoterapia

Ciclos cortos de abstinencia mejoran el rendimiento de la terapia en cáncer de pulmón, según un reciente estudio español del Cima Universidad de Navarra

Cuando el cáncer llega a la vida de un paciente, todo queda patas arriba, incluidos el apetito y el entusiasmo por sentarse a la mesa. Sin embargo, la alimentación se convierte en una pieza clave para que el engranaje de la curación funcione. De hecho, investigadores del Cima Universidad de Navarra han desarrollado un proyecto experimental innovador que sugiere que las condiciones de ayuno temporal mejoran la eficacia de la inmunoterapia aplicada en casos de cáncer de pulmón.

«Este estudio se ha llevado a cabo en modelos preclínicos, tanto en ratones como en líneas celulares en cultivo. Nuestros resultados sugieren que el someter a los animales o a las células a condiciones de ayuno incrementa la respuesta inmune antitumoral inducida por estos fármacos», confirma Rubén Pío, director del Programa de Tumores Sólidos del Cima.

Pero, ¿a qué se debe ese posible efecto beneficioso? Según apunta Jordina Casademunt, nutricionista de IOB Institute of Oncology, «en estudios con animales se ha observado que el efecto protector del ayuno parece ser mediado por una disminución de la glucosa en sangre (glucemia) y también una reducción del factor de crecimiento insulínico IGF-1». De esta manera, tal y como detalla la experta, «con el ayuno o restricciones calóricas se ha observado que se estimula el proceso de autofagia, mediante el cual las células reciclan material de desecho y son más efectivas para repararse a sí mismas. La autofagia tiene un papel clave en la inmunidad y en la reducción de marcadores de inflamación», asegura Casademunt.

El potencial del ayuno temporal no acaba ahí, ya que también se han observado diferentes mecanismos principales por los que beneficia a la salud: «reduce el estrés oxidativo, disminuye la acumulación de radicales libres y aumenta la sensibilidad a la insulina mejorando la eficiencia energética a nivel mitocondrial e incrementa la capacidad de resistencia al estrés», explica Casademunt.

Por todo ello, el estudio llevado a cabo por investigadores españoles, publicada en el primer número de la revista «Nature Cancer», supone un importante avance para la comunidad científica: «Nuestro hallazgo podría tener varias vertientes de desarrollo. Además del potencial beneficio del ayuno, la identificación de la disminución de IGF-1 como mediador del efecto nos ha llevado a proponer que la inhibición de su receptor (IGF-1R) también podría ser aprovechada terapéuticamente de forma similar. Además, las estrategias terapéuticas propuestas podrían beneficiar otros tratamientos basados en la estimulación del sistema inmunitario. Finalmente, podrían ser extensibles a otros tipos de tumor en los que la inmunoterapia también está siendo aplicada y que se beneficiarían de mejores estrategias. Todos estos aspectos estarían pendientes de investigar», avanza Pío, quien hace hincapié en que «otro punto del trabajo que requiere estudios adicionales es la observación de que los pacientes con niveles bajos de IGF-1 podrían responder mejor a la inmunoterapia antitumoral. Nuestros resultados son preliminares, pero de confirmarse podrían constituir una nueva herramienta para seleccionar aquellos pacientes que pueden beneficiarse de estas terapias».

A pesar de ello, toca ser prudentes, ya que esta investigación se ha aplicado en modelos animales, por lo que los protocolos de ayuno no pueden trasladarse a humanos. «No se deben realizar estas recomendaciones a todos los pacientes o al menos tener en cuenta cuáles son las recomendaciones dietéticas del equipo médico que supervisa a cada afectado, nunca realizarlo por cuenta propia», advierte Casademunt.

De hecho, tal y como recuerda Ana Zugasti, vocal de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición, SEEN, la desnutrición es frecuente en los pacientes oncológicos y puede estar presente en el 60% de los afectados con cáncer avanzado. Por tanto, resulta clave que se cubran las necesidades nutricionales y se adapte la dieta a las situaciones clínicas». Y es que, de no hacerse bajo supervisión, Zugasti recuerda que el ayuno puede tener efectos secundarios como «dolor de cabeza, mareos, falta de concentración e incluso afectar la absorción de medicamentos».