No, los niños no tienen que salir a la calle (y no pasa nada)

Los expertos aseguran que la capacidad de adaptación de los menores “es asombrosa, por lo que el confinamiento no tiene por qué conllevar consecuencias negativas para ellos”

Gritos, pataletas, lloros, rabietas, enfados… Hay que tener en cuenta un dato: los niños han pasado de ir al colegio, de correr al aire libre, de ir al parque o de relacionarse con sus amigos a estar encerrados en casa durante las 24 horas del día. Por lo que, teniendo en cuenta el cambio radical que han experimentado de la noche a la mañana, lo extraño sería que no se dieran los comportamientos enumerados. Sin embargo, si bien los adultos son capaces de gestionar con mejor o peor soltura un cambio tan radical, los pequeños pueden llegar a experimentar una batidora de emociones: desde irritabilidad hasta tristeza, pasando por agitación o ansiedad. Lo que unido a la falta de movimiento y ejercicio provocan una búsqueda constante de estímulos externos. El problema es que la situación no deja de prolongarse y el estrés aumenta considerablemente. De ahí que algunos padres hayan hecho un llamamiento para sacarles a la calle, al menos una vez al día. ¿Es peligroso? ¿Realmente lo necesitan?

“Su capacidad de adaptación es asombrosa. Por lo que el encierro, a priori, no tiene por qué conllevar consecuencias negativas para ellos”, explica Lorena Romero, socióloga experta en Infancia. Aunque este argumento no sirve para muchos padres. Sobre todo, viendo la situación en otros países. En Francia, por ejemplo, se permite dar reducidos paseos. E Italia acaba de ampliar las medidas establecidas en su cuarentena para dejarles salir, acompañados de un único progenitor. Desde entonces, los españoles no paran de preguntarse cuándo podrán ellos también hacerlo. De hecho, en los últimos días, Lorena ha recibido mensajes de muchas familias preguntando, precisamente, por esta cuestión. Y en todas sus respuestas siempre argumenta lo mismo: “Depende de cómo nos comportemos los adultos, así lo harán los pequeños. Son un reflejo constante de nuestras acciones y actitudes: si estamos felices, ellos lo estarán; si damos cariños, ellos lo darán. Por lo que esa necesidad no es prioritaria”.

El primer paso es contárselo para que conozcan los motivos por los que no pueden pisar la calle, pues con esa información tendrán más herramientas para gestionar la situación. Eso sí, adaptando el discurso a cada edad. “Lo mejor es preguntarles qué es lo que han escuchado sobre el coronavirus y, a partir de ahí, responderles sus dudas”, añade Romero. Para ello, se pueden utilizar ejemplos de casos similares que les permitan, dentro de unos límites, comprender esta crisis sanitaria mundial. Por ejemplo, comparando su contagio con el de la gripe, utilizando referencias musicales para aprender cómo lavarse las manos o recurriendo a cuentos con el fin de quitarle hierro al asunto. “De esta forma conseguimos dos cosas: por un lado, que aprendan a gestionar el miedo ante una situación desconocida y, por otro lado, que se vuelvan parte activa de este proceso de confinamiento. Dicho de otra forma, que entiendan por qué se tienen que quedar en casa y que sepan que pueden hacer muchas cosas para afrontarlo bien”.

Las redes, encendidas

A pesar de estas recomendaciones, los ánimos están caldeados. Tan sólo hace falta echar un vistazo a las redes sociales para conocer los motivos por los que los padres quieren que se abran de una vez las puertas de sus casas. “Necesito que el peque salga a correr y gaste toda la energía que tiene acumulada”, dice uno. “No es sano que estén tanto tiempo sin que les dé el sol”, añade otro. A los que, de vez en cuando, hay que sumar el discurso incoherente de algunos personajes públicos. Como es el caso de Shakira, que comparó la libertad de los perros con la de los menores: “Habría que pensar en una solución que otorgue este mismo derecho a los niños, quienes necesitan del sol y el aire para su salud física y mental”. Su publicación coincidió con la presentación de una campaña de profesionales de la Salud Mental (IPSIMED) en Change.org para reclamar que estas personas puedan hacer uso de los espacios comunes de las viviendas, así como con la petición del presidente de Aragón, Javier Lambán, a Pedro Sánchez para que los menores puedan salir a “pasear de manera ordenada” con el fin de garantizar su “bienestar”.

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Conociendo la situación de padres con niños pequeños en este difícil periodo de cuarentena, empatizo con aquellos que no cuentan con un espacio exterior o balcón para que sus niños respiren aire puro. Si está permitido salir a pasear perros o a adultos a comprar, habría que pensar en una solución que otorgue este mismo derecho a los niños quienes necesitan del sol y el aire para su salud física y mental. Urgiría al Gobierno a que considere una política que permita a un adulto encargado sacar a un niño a pasear, aunque sea sujeto a las restricciones que los expertos consideren y respetándose las normas de distanciamiento y sanidad. Los niños están siendo verdaderos campeones en este drama social y debemos pensar en su bienestar.

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La respuesta del ministro de Sanidad, Salvador Illa, fue contundente: “Sabemos que las restrictivas medidas alteran mucho la cotidianidad de las familias, pero si no pensáramos que son absolutamente necesarias, no las haríamos”. Si bien es cierto que, por ahora, a los peques no se les considera grupo de riesgo frente al COVID-19, también lo es que pueden actuar como vehículos de transmisión hacia quienes sí lo son. “Es posible contagiarse de alguien que, por ejemplo, solamente tenga una tos leve y no se sienta enfermo”, subraya la Organización Mundial del a Salud en su página web. Como puede ser el caso de niños asintomáticos. “Por eso, lo mejor es permanecer en casa y adaptar nuestros nuevos ritmos de vida para evitar situaciones que generen ansiedad”, subraya Jesús López, psicólogo infantil. ¿Cómo? Evitando comentarios y conductas que puedan transmitirles nerviosismo, preocupación o tristeza. “Resulta conveniente mantener unos horarios fijos y realizar un plan de actividades diario. De esa forma, no percibirán que el tiempo pasa más lento de lo normal y que hay algo que les impide realizar su rutina como siempre”.

Dibujar, hacer deberes, ver la televisión, poner la mesa, leer, recoger los muñecos, escuchar música… son múltiples las opciones de interior que se pueden hacer durante la cuarentena. Aunque hay que estar pendientes. “Conforme van pasando los días, lo que al principio les divertía ahora, seguramente, ya les cause aburrimiento, por lo que hay que estar buscando nuevas ideas constantemente. De lo contrario, pueden llegar a desarrollar una ligera disminución del estado de ánimo e, incluso, estrés”, mantiene López. “Si, de repente, tu hijo comienza a protagonizar berrinches, sufrir dolores de cabeza o dormir peor es posible que se encuentre esta fase que, a su vez, puede repercutir en su atención y en su memoria”. Nada que no se pueda arreglar con una buena ronda de juegos, sesiones de cocina o bailoteos en el salón, actividades que ponen en relación sus habilidades motrices y sus destrezas cognitivas. Al menos, hasta que volver a la calle sea totalmente seguro para ellos y también para el resto.

Cuidado con las pantallas

Otra de las grandes dudas que experimentan los padres durante estos días es en relación a las pantallas: sus hijos pasan cada vez más tiempo delante del ordenador, el móvil o la tableta y desconocen los efectos negativos que el consumo excesivo de tecnología puede tener sobre ellos. Numerosos estudios, de hecho, han alertado sobre esta cuestión. Uno de los más recientes, publicado en la revista JAMA Pediatrics, halló una peligrosa asociación entre el contacto con los dispositivos digitales y el desarrollo cognitivo de los pequeños. “Existen mecanismos de control parental muy útiles para limitar los accesos y los tiempos, así como para supervisar los contenidos”, sostiene Romero. “Aunque lo mejor es estimularles para desarrollar otras actividades. En este contexto, los niños necesitan más muestras de cariño y atención que el resto de las personas, por lo que lo mejor es hacerles sentir protagonistas de actividades a las que, en su vida de diario, no prestarían tanta atención.