El veredicto de los especialistas: las aglomeraciones multiplicaron los contagios

Once sanitarios de primer nivel sostienen que con la información existente en los días previos se tenían que haber prohibido las marchas feministas y los eventos deportivos

La relación entre la propagación del coronavirus y la celebración de congregaciones multitudinarias como las del 8-M parece más que evidente, como asegura la investigación realizada por la Guardia Civil. Tal y como informó LA RAZÓN el 20 de mayo, el Ministerio de Sanidad hacía hincapié en el vínculo entre el aumento de las infecciones y los actos de masas en un informe técnico fechado el 6 de marzo que hizo desaparecer de su web y que después volvió a subir eliminando el nombre de los autores, entre ellos Fernando Simón. El documento dejaba constancia de que el promedio de casos secundarios producidos a partir de un caso «se ha estimado entre 2-3». Además, se detenía en el brote de Wuhan y en los casos de EE UU, y subrayaba que «parece que hay eventos con personas infectadas que muestran una altísima tasa de transmisión del virus frente a otras situaciones en la cual transmisión es mucho menor». LA RAZÓN ha recabado la opinión de expertos de primer nivel y de máximos representantes de las profesiones sanitarias, y la mayoría coincide en que actos como los del 8-M contribuyeron a multiplicar los contagios y no se tenían que haber celebrado.

Rafael Matesanz, fundador y ex director de la Organización Nacional de Trasplantes, sostiene que las manifestaciones del 8-M, mítines y eventos deportivos «contribuyeron sin duda a propagar el virus. Decir lo contrario de unos eventos que el fin de semana del 8-M movilizaron a 600.000 personas atenta contra toda lógica». Además, «había información más que de sobra para considerar una imprudencia las concentraciones y por tanto se deberían haber prohibido las manifestaciones, los partidos de fútbol...». Ante la pregunta de que cómo es posible que Sanidad prohibiera eventos científicos y no impidiera la celebración de esas marchas, su respuesta es tajante: «La prohibición de reuniones médicas, que fue anterior al fin de semana del 8-M, es incompatible con la idea de no percepción del riesgo que quería dar el Ministerio entonces». Preguntado sobre si España debería haber prohibido concentraciones masivas como hizo Francia a finales de febrero, Matesanz responde de forma rotunda: «Desde luego. Los documentos colgados en la web de Sanidad, como el del 10 de febrero, tienen información más que suficiente para que se hubieran tomado al menos medidas básicas de distanciamiento como prohibir las aglomeraciones».

Coincide con él Tomás Toranzo, presidente de la Confederación Estatal de Sindicatos Médicos, ya que dichos actos contribuyeron «evidentemente» a la propagación. A partir de ese día, e incluso los días previos, el número de nuevos casos demuestra que estábamos ya en fase en la que el distanciamiento social y el uso de mascarillas es imprescindible para controlar su expansión» por lo que «el Ministerio debería haber prohibido esos actos». Toranzo considera que la dualidad de Sanidad al prohibir los congresos sanitarios y no impedir esas manifestaciones fue «por la necesidad de utilizar algunos de ellos con intencionalidad política y rentabilidad partidista».

Antonio Zapatero, viceconsejero de Sanidad de Madrid, director del Hospital de Ifema y presidente de la Federación de Asociaciones Científico Médicas Españolas, asegura que el documento más claro sobre el posible vínculo del 8-M y el aumento de contagios «es el publicado por Fedea». En él se asegura que adelantar una o dos semanas el confinamiento habría reducido la cifra de infectados y de fallecidos por debajo de la cuarta parte. Según sus datos, en Madrid había ya 202 infectados confirmados y ocho fallecidos el 8-M. «Viendo lo que ha ocurrido, esas manifestaciones y actos tenían que haber sido evitados». Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería, asegura que «las aglomeraciones fomentaron los contagios, aunque es difícil estimar en qué medida». «No puedo entender que el 28 de febrero nos llamasen representantes del Ministerio a las organizaciones colegiales para pedirnos que canceláramos cualquier evento entre nuestros profesionales por la gravedad de la amenaza y siete días después se permitiesen esas aglomeraciones». Jesús Aguilar, presidente del Consejo General de Colegios de Farmacéuticos, subraya que «las manifestaciones del 8-M afectaron a la propagación del virus, como otros eventos». Respecto a si el Ministerio debería haberlas prohibido, subraya que «hay una instrucción abierta y con el tiempo sabremos si se actuó o no correctamente». Luis González, presidente del Colegio de Farmacéuticos de Madrid, asegura que «desde un punto de vista sanitario, la conclusión es que se debieron suspender». El hecho de que Sanidad prohibiera eventos científicos y no esos actos «no tiene explicación; la propagación del virus no depende del tipo de hacinamiento».

José Manuel Corbelle, presidente de la Unión Española de Sociedades Científicas de Enfermería, apunta que «con lo que sabemos hoy, la libre circulación de personas, la cercanía entre ellas, y el uso del transporte colectivo, sin duda pudo propagar la expansión de la pandemia a principios de marzo». Este sanitario recuerda que «ya se habían suspendido eventos como el MWC. Sin embargo, no se pusieron cautelas sociales. Hablar dos meses después es fácil, pero la situación entonces nos hacía estar muy inquietos». Alfonso Delgado, ex presidente de la Asociación Española de Pediatría, recuerda que «el Gobierno tenía suficiente información de organismos internacionales como la OMS y nacionales que les recomendaba la supresión de actos públicos y especialmente manifestaciones masivas sin control como las marchas feministas». Por eso, para Delgado, con la información que había el 7 de marzo, «el Gobierno debería haber suprimido todo tipo de manifestaciones, pero no tuvo el coraje de hacerlo porque pensaba que esto no se lo tolerarían sus compañeros de extrema izquierda».

«Que se prohibieran eventos como el MWC y otros no promovidos por el Gobierno indican una distinta vara de medir, en la que no se busca el bien de la sociedad, sino intereses partidistas». España, sostiene, debería haber prohibido las aglomeraciones, máxime cuando no éramos el primer país europeo en sufrir su embestida: «Se hubieran ahorrado miles de vidas». Y no son los únicos. «El transporte público también promovió el contagio, pero en él se suele hablar bajo, por lo que la producción de fómites en aerosol que se expelen es menor que en una manifestación o partido de fútbol donde la gente grita», destaca el doctor Antonio Burgueño. El problema es que «ha habido demasiada política en esta epidemia y continúa habiéndola». En Francia, «el Alto Funcionario toma decisiones ortodoxas independientemente de los políticos». José Luis Andreu, presidente emérito de la Sociedad Española de Reumatología, también considera que «por supuesto» que estos eventos contribuyeron a propagar el virus: «Existía la certeza o la fuerte sospecha de que existía transmisión comunitaria». «El principio de prudencia es clave. Es fácil hablar ahora, pero, con los datos que existían en la semana que comenzó el 2 de marzo, lo prudente habría sido prohibir todo acto multitudinario». De hecho, «esa semana pasé mi consulta con mascarilla». Juan Jorge González Armengol, presidente de la Sociedad Española de Medicina de Urgencias y Emergencias, matiza: «Ahora sabemos que en febrero estaba existiendo transmisión comunitaria cuando pensábamos que era importada. En ese contexto, cualquier aglomeración sirve como amplificadora de la transmisión del virus». Ahora bien, «sobre las decisiones que se tomaron o no en el Ministerio y en las comunidades, desde el punto de vista técnico no las puedo contestar fuera de la especulación».