Todo lo que hay que saber de la dexametasona

Un estudio de la Universidad de Oxford explica que puede salvar a un tercio de los enfermos graves de coronavirus

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La sorpresa saltó ayer cuando un estudio de la Universidad de Oxford recomienda, a falta de la publicación de los datos, el uso de un corticoide muy común en medicina para tratar a enfermos graves de coronavirus. Se trata de la dexametasona, una vieja amiga de la medicina deportiva y de los enfermos de cáncer. Pero, ¿cuándo se creó? ¿qué es? ¿cómo se puede adquirir?

¿Qué es?

La dexametasona es un medicamento que pertenece al grupo de los corticoides o corticosteroides. Sustitutivos sintéticos de unas hormonas producidas por nuestro organismo que realizan funciones en nuestro cuerpo que son imprescindibles. Se libera junto al cortisol en la corteza suprarrenal y es un glucocorticoide que regula el metabolismo, las reacciones inmunológicas y las respuestas de estrés. Es el sistema del cerebro que resuelve la mente en blanco y la respuesta ante los peligros.

“Los glucocorticoides juegan un papel importante en el metabolismo de carbohidratos, proteínas y lípidos; la respuesta inmune y la respuesta al estrés. Los glucocorticoides naturales también tienen cierta actividad mineralocorticoide (aldosterona) y, por lo tanto, afectan el equilibrio de líquidos y electrolitos”, según la información del laboratorio Merck.

Historia

Después de que en la década de los 30 y 40, se hubiera perfeccionado el uso de la cortisona en enfermedades reumáticas y que los doctores Hench, Kendall y el Suizo Reichstein fueran galardonados con el premio Nobel de Fisiología y Medicina en diciembre de 1950, se intentaron buscar glucocorticoides que tuvieran mayor potencia y que duraran más años. Dos laboratorios, Merck inicialmente y Shering después, empezaron a sintetizar compuestos más potentes a partir de la cortisona y la hidrocortisona como la prednisona y la prednisolona.

En la década de 1950 se originaron dos nuevos compuestos fluorados (se introdujo el radical Fluoruro en el carbono 9 de la prednisolona): la triamcinolona y la dexametasona.

¿Cómo funciona?

Los glucocorticoides son capaces de suprimir el proceso inflamatorio de diferentes maneras: “disminuyen la síntesis de interleucinas (proteínas mensajeras químicas del dolor) y numerosas otras citocinas proinflamatorias, suprimen la inmunidad celular, reducen la síntesis del complemento y disminuyen la producción y actividad de los leucocitos”. “Como era de esperar, los glucocorticoides son, con mucho, los fármacos antiinflamatorios más eficaces”, explican los laboratorios Merck. También son los fármacos antiinflamatorios más utilizados. Sin embargo, debido a que sus efectos farmacológicos y fisiológicos son tan amplios, “el potencial de efectos adversos es considerable”, advierten.

Alivia la inflamación (hinchazón, calor, enrojecimiento y dolor) y se usa para tratar ciertas formas de artritis; trastornos de la piel, la sangre, el riñón, los ojos, la tiroides y los intestinos (por ejemplo, colitis); alergias severas; y asma. La dexametasona también se usa para tratar ciertos tipos de cáncer.

Dexametasona oftálmica: no se deberá administrar dexametasona a pacientes con infecciones oculares debidas a virus, bacterias u hongos. Deberá ser usada con precaución en pacientes con abrasión de la córnea.

Dexametasona tópica: la dexametasona para uso tópico debe usarse con extrema precaución en pacientes con enfermedad vascular periférica debido al riesgo de ulceraciones de la piel. No se debe usar si hay evidencia de infecciones fúngicas o víricas.

Las inyecciones de dexametasona están específicamente diseñadas para tratar reaciones alérgicas intensas. Se usa para el control de ciertos tipos de edema (retención de líquidos e inflamación, exceso de líquido retenido en los tejidos corporales); enfermedad gastrointestinal y ciertos tipos de artritis

¿Dónde se encuentra en España?

Según la Clínica de la Universidad de Navarra, en España existen comercializadas formas de administración orales (comprimidosy solución) y parenterales (intravenosa, intramuscular, intraarticular e intralesional). Existe otra forma de administración del medicamento, vía oftálmica. En nuestro país existen al menos 100 medicamentos con el principio activo. Decadron, Dexameth, Dexone, Hexadrol y Fortecortín son algunos de sus nombres comerciales. Viene en comprimidos de 4, 8, 20 y 40 miligramos

Su precio: unos 39 euros, para un tratamiento de 10 días para los pacientes con coronavirus

Efectos secundarios

Este medicamento puede alterar los resultados de los análisis de colesterol, glucosa, calcio, potasio y hormonas tiroideas en sangre, de glucosa en orina y las pruebas cutáneas de la tuberculina. Los efectos adversos de este medicamento son, en general, leves, siendo más frecuentes con dosis altas y en tratamientos prolongados. Ocasionalmente pueden producir: aumento de apetito, indigestión, fragilidad ósea, aumento de los niveles de glucemia, propensión a las infecciones y retraso en la cicatrización de heridas. Raramente puede producir otros efectos adversos como hipertensión, retención de líquidos, sudoración, disminución del potasio en sangre y alteraciones en la menstruación, entre otros.

Viejo conocido del deporte

La dexametasona, el primer fármaco que se ha mostrado capaz de reducir la mortalidad en pacientes con COVID-19 que requieren oxígeno o ventilación, es un viejo conocido del mundo del deporte, al tratarse de una sustancia prohibida por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) y haber sido el origen de numerosas infracciones.

La AMA, que divide las sustancias y métodos de dopaje entre los “prohibidos siempre”, los “prohibidos en competición” y los “prohibidos en ciertos deportes”, incluye la dexametasona en el segundo de esos grupos.

El nombre de la dexametasona se hizo popular cuando en noviembre de 2011 el semanario alemán ‘Der Spiegel’ publicó que, según las investigaciones de ‘Football Leaks’, se habían encontrado trazas de ese fármaco en el control antidopaje al que fue sometido el madridista Sergio Ramos tras la final de la Liga de Campeones de 2017, en Cardiff ante el Juventus de Turín.

El nombre de la dexametasona apareció también en el juicio celebrado en 2015 sobre supuesto dopaje en el club de remo Urdaibai en 2010. La Fiscalía la citó como una de las sustancias que se inyectaba habitualmente a los remeros. Los seis acusados fueron absueltos por no poderse acreditar el suministro de dopantes, aunque sí la adquisición. Ese mismo año el subcampeón mundial de bádminton y número uno del ránking internacional, el malasio Lee Chong Wei, fue suspendido ocho meses por dopaje con dexametasona en el campeonato del mundo del año anterior.

En etapas anteriores se registraron numerosos controles anómalos en el mundo del fútbol por culpa de la dexametasona: en 2013 el jugador jamaicano Jermaine Hue y al médico de su selección, Carlton Fraser, fueron suspendidos nueve meses y cuatro años, respectivamente, por positivo del primero. En 2009 dieron positivo por dexametasona el centrocampista brasileño Glacinei Martins, Inca, jugador del Nacional paraguayo, el defensa boliviano Miguel Ángel Hoyos, del Bolívar, y seis jugadores del Real Juventud hondureño; y en 2008 el delantero argentino Cristian Leiva, del Olimpia de Paraguay, aunque en estos casos las infracciones no se tradujeron en sanciones.