La esperanza de la Dexametasona: ¿cómo actúa frente al Covid-19?

El medicamento pertenece a la familia de los corticoides Se conoce desde hace medio siglo, es económico y sus efectos secundarios ya han sido estudiados.

Los científicos están trabajando a marchas forzadas para encontrar respuestas a la pandemia provocada por el SARS-CoV-2, causante de la COVID-19. Cada día se producen nuevos avances gracias al trabajo en conjunto, pero a veces las prisas no son buenas consejeras. Así es como se produjo el escándalo de la hidroxicloroquina unas semanas atrás. Por eso hay que tomar con esperanza, pero también con cautela, un reciente estudio en el que científicos de la Universidad de Oxford y el Sistema de Salud del Reino Unido, entre otros, aseguran haber encontrado el que podría ser el primer tratamiento capaz de evitar muertes por COVID-19: la dexametasona.

La historia es la siguiente. A mediados de marzo varios organismos sanitarios británicos, junto a la Universidad de Oxford, crearon la iniciativa Recovery, que perseguía la evaluación aleatoria de diferentes terapias contra la COVID-19. En total se analizaron cerca de 11.000 pacientes en unos 175 hospitales del Reino Unido y se estudió el efecto que tenía en ellos diferentes terapias, como un retroviral comúnmente utilizado para tratar el VIH, la hidroxicloroquina, un antibiótico de uso habitual (Azitromicina), un tratamiento antiinflamatorio (Tocilizumab), plasma de pacientes recuperados y la ya mencionada dexametasona. Esta se administró a unos 2.000 pacientes y se compararon sus progresos con los de otros 4.000 pacientes. Los resultados mostraron que, en pacientes que debían usar respiradores o ventiladores mecánicos, suministrar dexametasona redujo el riesgo de muerte de un 40% a un 28%. Mientras que para aquellos que precisaban oxígeno, el riesgo de muerte disminuyó entre de un 25% a un 20%.

De acuerdo con Peter Horby, líder del estudio, «este es el único medicamento que, hasta ahora, ha demostrado que reduce la mortalidad, y la reduce significativamente. Es un gran avance. Es un tratamiento para pacientes hospitalizados con COVID-19 que requieren soporte respiratorio. Gracias a él se salvarán muchas vidas a nivel global. Recovery muestra que la dexametasona disminuye el riesgo de muerte en aquellos que necesitan oxígeno en un 20% y en un 35% en aquellos con un ventilador. Es un medicamento económico y puede ser tomado por casi todos».

El equipo de Horby señala que la dexametasona solo es efectiva en pacientes graves. También hay que destacar que se trata de resultados preliminares. Esto significa que, ahora mismo, hay expertos independientes que están revisando los datos para confirmar si se corresponden con los resultados. Y entonces sí será publicado en una revista científica.

Si bien hay que ser cautos, si los datos se confirman es una muy buena noticia por varios motivos. La dexametasona fue desarrollada en 1957 y aprobada para su uso médico en 1961. Ya han pasado más de 50 años y su uso (la OMS lo considera un fármaco esencial) es más que habitual: solo en Estados Unidos se han despachado más de un millón de recetas para tratamientos con dexametasona el año pasado. Todo ello significa que es un medicamento cuyos efectos secundarios son bien conocidos. Se trata de un fármaco de la familia de los corticoides y actúa como antiinflamatorio e inmunosupresor. Se ha utilizado en diversos tratamientos, desde enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide, a pacientes con tumores cerebrales (para evitar el desarrollo de edemas), en pacientes con mieloma múltiple y hasta en embarazadas con riesgo de parto prematuro, con el objetivo de estimular la maduración pulmonar del feto. A todo ello se suma que se trata de un fármaco económico y disponible en todo el planeta y que la dosis recomendada por el estudio Recovery es baja, lo que ayuda más aún a la hora de pensar en la cantidad de suministros.

«Aunque son resultados preliminares –explicaba en su cuenta de Twitter Martin Landray, otro de los responsables del estudio –, la evidencia es muy convincente. Administrar pequeñas dosis de dexametasona en pacientes con complicaciones pulmonares severas reduce el riesgo de muerte. El tratamiento es de hasta 10 días y cuesta 5 euros. En pocas palabras: salvar la vida de una persona puede costarnos 50 euros». Para Ladray habría que administrar dexametasona sin demora en los pacientes que los profesionales consideren necesario, pero la gente no debería comprarlo, ya que no causa efecto en pacientes con síntomas leves. La confianza del gobierno británico es tal que ya se han hecho con unos 200.000 tratamientos de dexametasona.

Las noticias son muy positivas ya que junto al remdesivir, la dexametasona es el único que ha mostrado una capacidad de lucha contra la COVID-19. Pero al contrario del remdesivir, utilizado contra el Ébola y con suministros limitados y precios elevados, la dexametasona está disponible desde ya. Aún así hay que mantener la calma. Dicen que quien se quema con leche (o con hidrocloroquina), ve una vaca y llora. En breve tendremos los resultados de la revisión y se confirmarán o no los resultados. Y entonces sí podremos actuar con más conocimiento.