Verano seguro sin cortes de digestión

La sangre tiene que repartirse por todo el cuerpo, lo que puede provocar mareos o vómitos, es decir un corte de digestión

A todos nos suena haber oído estas palabras en algún momento del largo verano: “¿Mamá, me puedo bañar? Todavía no has hecho la digestión, espera al menos un par de horas que acabas de comer”. Según la sabiduría popular, los niños no pueden bañarse nada más comer para evitar un corte de digestión. Pero ¿qué es un corte de digestión? Cuando ingerimos alimentos, el aparato digestivo requiere un mayor aporte de flujo sanguíneo para poder “hacer la digestión” es decir, para procesar los alimentos y repartirlos por nuestro organismo. Si en ese momento el cuerpo entra de repente en contacto con bajas temperaturas, como puede ser el agua de la piscina o el mar, para contrarrestar esa pérdida de calor, la sangre tiene que repartirse por todo el cuerpo, lo que puede provocar mareos o vómitos, es decir “un corte de digestión”

Los síntomas se pueden identificar fácilmente: dolor de estómago, mareos, náuseas, piel pálida, pulso débil, escalofríos, pérdida de conciencia y en casos extremos estas causas pueden provocar una parada cardiorrespiratoria. Las medidas que se deben tomar ante estas señales son claras: lo primero abandonar el baño o el ejercicio, a continuación, colocar a la persona en posición horizontal con las piernas un poco levantadas, para evitar una lipotimia, taparle o echarle algo por encima para mantener el calor del cuerpo y si vomita o tiene diarrea, procurar que beba pequeños sorbos de agua o de suero hasta que se estabilice y lleguen los servicios médicos.

El corte de digestión no se asocia únicamente a la ingesta de alimentos, sino a cualquier cambio brusco de temperatura, si entras al agua después de hacer ejercicio físico o de haber tomado el sol, por ejemplo. La doctora Adelaida Sánchez, responsable del Servicio de Pediatría del Hospital Quirónsalud Marbella explica que “la hidrocución o corte de digestión se produce a consecuencia de un cambio repentino de temperatura, al entrar de golpe en agua fría. Esos grados de diferencia con el cuerpo provocan una reacción de los vasos sanguíneos que se estrechan y fluye menos sangre al cerebro, lo que puede originar un desmayo. Al perder la conciencia en el agua esa persona se puede ahogar”.

El ahogamiento es el segundo motivo de muerte accidental en la infancia según la Asociación Española de Pediatría. La Organización Mundial de la Salud sitúa esta causa de mortalidad entre uno de los 5 primeros motivos entre niños de 1 y 14 años. De ahí la importancia de que los niños se bañen siempre bajo la supervisión de un adulto responsable. “Es importante evitar distracciones como contestar al móvil o hablar con otras personas cuando se está a cargo de menores en el agua. Son acciones que desvían la atención de los pequeños y un descuido de unos segundos puede tener consecuencias graves” asegura la doctora Adelaida Sánchez. “Nunca se puede dejar al niño solo o al cuidado de otro menor mientras esté en la bañera, piscina, spa o cerca de cualquier boca de riego” insiste la pediatra del Hospital Quirónsalud de Marbella.

Tengamos en cuenta algunos consejos para disfrutar de un verano tranquilo: el primero, meternos en el agua poco a poco para evitar cambios bruscos de temperatura; si hemos comido demasiado esperar un ratito para no tener un disgusto; y, sobre todo, no dejar a los niños solos, sin vigilancia, en ningún momento cuando estén cerca del agua, incluso en casa, vaciar barreños o cubos que pudieran ser peligrosos para los mas pequeños.