Un fármaco para la insuficiencia cardíaca puede tratar un síntoma de la Covid persistente

Se trata del síndrome de taquicardia ortostática postural, conocido como POTS, una secuela que deja la infección por SARS-CoV-2

El síndrome de taquicardia ortostática postural, conocido como POTS, es una de las secuelas que deja la infección por SARS-CoV-2 en los pacientes con Covid-19 persistente
El síndrome de taquicardia ortostática postural, conocido como POTS, es una de las secuelas que deja la infección por SARS-CoV-2 en los pacientes con Covid-19 persistenteLuis DíazLa Razón

En un nuevo estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, los investigadores encontraron que un fármaco utilizado para la insuficiencia cardíaca mejora los síntomas asociados con el síndrome de taquicardia ortostática postural, también conocido como POTS, y una de las secuelas que parecen vincularse a la enfermedad Covid persistente, según publicó ayer la revista científica Journal of the American College of Cardiology.

Este trastorno complejo y debilitante afecta el sistema nervioso autónomo del cuerpo y provoca una frecuencia cardíaca alta, generalmente al estar de pie. Los autores del estudio investigaron el medicamento ivabradina y sus efectos sobre la frecuencia cardíaca, la calidad de vida y los niveles de norepinefrina en plasma en personas que viven con POTS. La norepinefrina es una hormona del estrés y un neurotransmisor. En el plasma sanguíneo, se utiliza como medida de la actividad del sistema nervioso simpático. Los participantes del ensayo experimentaron una reducción en la frecuencia cardíaca, una mejoría en sus síntomas y en la calidad de vida en general un mes después de tomar el medicamento.

“La ivabradina es un agente novedoso aprobado por la FDA para la insuficiencia cardíaca, pero según su mecanismo, pensamos que podría ser útil para los pacientes con POTS, ya que reduce la frecuencia cardíaca sin afectar la presión arterial”, asegura Pam Taub, MD, cardióloga de Cardiovascular Instituto de Salud de UC San Diego y profesor asociado de medicina en la Facultad de Medicina de UC San Diego. “Cuando podemos reducir la frecuencia cardíaca, estamos brindando a estos pacientes la capacidad de ponerse de pie, algo que antes no podían hacer sin dificultad debido a su diagnóstico de POTS”.

Secuela post Covid

Recientemente, POTS ha sido identificado como un síntoma potencial de la Covid-19 persistente, es decir, una de las secuelas que persisten en algunos pacientes después de superar la infección por SARS-CoV-2. “En nuestra práctica actual, estamos viendo pacientes que previamente han sido infectados con Covid-19 que presentan síntomas consistentes con POTS”, asegura Jonathan Hsu, MD, cardiólogo de UC San Diego Health. “Dadas las similitudes, este estudio lleva a la pregunta de si la terapia con ivabradina puede ayudar a los pacientes que experimentan síntomas similares después de una infección por Covid-19 y también proporciona un área importante para estudios futuros”.

Los autores esperan que la ivabradina se considere una posible opción de tratamiento para aquellos con un diagnóstico confirmado de POTS. Actualmente, el medicamento no está aprobado por la FDA para la enfermedad y, cuando se usa clínicamente, sería un uso “no indicado en la etiqueta”. “Al igual que los pacientes con Covid-19, los pacientes con POTS deben ser seguidos de cerca”, advierte Taub, quien hace hincapié en que “el tratamiento para POTS debe personalizarse para cada individuo y con este medicamento, junto con una terapia de estilo de vida, incluidos ejercicios específicos para POTS, esperamos ver a más personas superar esta lamentable condición”.

Detalles del estudio

El estudio involucró a 22 personas cuya edad promedio era de 32 años. El estudio utilizó un diseño cruzado aleatorizado, doble ciego, controlado con placebo en el que los pacientes comenzaron con ivabradina o un placebo durante un mes. Al final del mes, todos los participantes se sometieron a un período de lavado en el que no se tomó ni el fármaco ni el placebo durante una semana. Después, los participantes que habían recibido previamente ivabradina cambiaron a placebo y viceversa durante un mes. “Antes del estudio, estos pacientes vivían con frecuencias cardíacas elevadas que oscilaban entre 100 y 115 latidos por minuto cuando estaban de pie”, explica Taub, quien detalla que “después de tomar ivabradina dos veces al día durante un mes, la frecuencia cardíaca de pie disminuyó significativamente a alrededor de 77 latidos por minuto en comparación con el grupo de placebo. Los participantes también informaron una mejoría en las medidas de calidad de vida cuando tomaron el medicamento”.