«Comer saludable no es más caro, de hecho nos ayuda a ahorrar»

«Comer bien es fácil si sabes cómo», es el título del último libro del periodista Alberto Herrera y el nutricionista Luis Zamora

El dietista-nutricionista Luis Alberto Zamora y el periodista Alberto Herrera, autores de «Comer bien es fácil si sabes cómo»
El dietista-nutricionista Luis Alberto Zamora y el periodista Alberto Herrera, autores de «Comer bien es fácil si sabes cómo»planetaplaneta

En medio de esta crisis de dimensión mundial, la paralización de casi todo les ha servido a muchos para darse cuenta de que comían muy mal y ustedes lanzan ahora el libro «Comer bien es fácil si sabes cómo», de Editorial Planeta.

-¿Cuál es nuestro gran error en la mesa?

-Alberto Herrera (A. H.): En España parece que por el simple hecho de tener la dieta mediterránea como base de nuestra alimentación ya lo tenemos todo hecho, pero está claro que no hemos sabido adaptar ese patrón a la vida actual, pues nos hemos americanizado, con todo lo negativo que eso implica. Llevar un café caliente en la mano por la calle y comer un sándwich delante del ordenador parece muy «cool», pero es una condena para la salud.

-Luis Zamora (L. Z.): Creo que el gran error ha sido restarle importancia al comer. La falta de tiempo es el mantra que hace que prioricemos otras cuestiones muy por encima de la nutrición.

-Ante eso... ¿qué solución plantean?

-A. H.: Somos conscientes de esa falta de tiempo y por eso hemos escrito un libro realista y muy práctico, pues abras la página que abras encontrarás un consejo, un dato fácil de recordar... Se habla mucho de alimentación saludable, pero nos dimos cuenta de que lo que fallaba era la forma de contarla.

-L. Z.: Nos dirigimos a un público general, tanto para quien sabe cocinar como para quien no... Es muy visual y fácil de entender, pero sin perder la evidencia científica. La solución es hacer cambios adaptados a nosotros, como por ejemplo cocinar un día a la semana y dejar los tápers preparados para el resto de semana o congelados, planificar los menús para no caer en la improvisación...

-¿Cuáles son las mentiras más gordas que nos siguen colando en el mundo de la alimentación?

-L. Z.: Hablamos de mentirijillas, porque la ley regula lo que se puede decir y lo que no en las etiquetas, pero está claro que uno de los grandes engaños son los productos «light» o «cero» que quizá no tienen azúcar, pero sí un montón de añadidos de otro tipo.

-A. H.: La industria capta el interés de la gente por cuidarse y dentro de las posibilidades que le deja la ley maquillan los alimentos para aumentar las ventas. Es legítimo, pero nuestro objetivo es enseñar a la gente las herramientas para desenmascarar eso y decidir en consecuencia.

-Ustedes definen los ultraprocesados como «Frankenstein». ¿Son el gran peligro hoy en día?

-L. Z.: Los llamamos así porque están hechos de las peores partes de otros alimentos, con muchos azúcares refinados, aromas, aditivos, féculas... Ni siquiera llevan un ingrediente, sino una parte de él. No hay por qué desterrarlos, pues si fueran veneno no se venderían, pero sí saber que el peligro está en el exceso. No deberíamos comerlos más de una o dos veces al mes.

-¿Comer bien es más caro?

-A. H.: Comer saludable no es caro y de hecho nos permite ahorrar, porque si eliges alimentos que te nutren no necesitarás comprar otros productos que tu cuerpo en realidad no necesita y que son fruto del marketing.

-L. Z.: Hay estudios que dicen que planificar el menú y la compra puede servir para ahorrar hasta 2.000 euros al año.

-¿La pandemia nos ha hecho más conscientes de lo mal que comemos?

-A. H.: Las primeras semanas de confinamiento la gente optó por calmar la incertidumbre con productos placenteros, como snacks, dulces, alcohol... Pero como esto se ha alargado sí ha servido para que volvamos a dedicar más tiempo a la cocina, comprar más productos frescos, hacer recetas de la abuela...

-¿Hay trucos para no caer en tentaciones cuando salimos fuera?

-L. Z.: Por un día no pasa nada, pero si se come fuera muy a menudo hay que intentar, por ejemplo, pedir que te quiten el pan antes de empezar, o al menos no comérselo antes del primer plato; evitar el postre o compartirlo... Comer nunca tiene que dejar de ser un placer, pero con cabeza para ganar en salud.