Neurología

El delirio, un marcador de gravedad en las UCI

La mejora de la infraestructura de muchas de estas unidades facilitaría la reducción de este síndrome

Una sanitaria atiende a un paciente de la UCI
GRAFCAV4807. BILBAO, 28/04/2021.- Una sanitaria atiende este miércoles a un paciente de la UCI del Hospital de Basurto en Bilbao, que comienza a estar sobrecargada por la incidencia de covid-19. EFE/Miguel ToñaEFEAgencia EFE

«Aquel hombre joven y previamente sano había ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) por una neumonía grave que le causó insuficiencia respiratoria, y necesitó respiración artificial y sedantes a dosis altas durante diez días. Cuando se le pudo extubar nos contó que recordaba haber confundido los sueros con monos que colgaban de las ramas de los árboles, lo que le hizo pensar que estaba en una selva, y que veía a las personas que entrábamos y salíamos de la habitación como cazadores que queríamos dispararle. Lo recordaba como una experiencia real y aterradora», relata a A TU SALUD Eduardo Palencia Herrejón, jefe del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario Infanta Leonor. «No es una anécdota –explica–, experiencias como esta son frecuentes en personas hospitalizadas con enfermedades graves».

Se conoce como delirio o estado confusional agudo. «Es un cambio en el estado mental de un individuo que se produce como complicación de una enfermedad médica aguda no primariamente psíquica (por ejemplo, una neumonía, un infarto de miocardio o una intervención quirúrgica) que altera la capacidad de pensamiento y la percepción del entorno, el estado de alerta y la capacidad de atención del individuo. No se debe a una demencia previa (aunque este es un factor predisponente) ni es un trastorno psíquico primario», explica el doctor Palencia.

«El delirio normalmente es reflejo del sufrimiento que ha tenido el cerebro al pasar por una serie de alteraciones que han sido muy graves», señala Sara Alcántara, especialista en Medicina Intensiva del Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda y vicecoordinadora del Grupo de Trabajo de Sedación, Analgesia y Delirium de la Sociedad Española de Medicina Intensiva y Unidades Coronarias (Semicyuc).

Según su experiencia, «la mejora de la infraestructura de muchas UCI y de personal de apoyo que favorezca la rehabilitación de los enfermos incidiría favorablemente en la reducción de casos de delirio». Al respecto señala que para prevenirlo y controlarlo se deben aplicar medidas no farmacológicas en las cómo está configurado el espacio donde reposa el enfermos. Es esencial que no se sientan aislados. Es decir, que se facilite que estén acompañados por las familias y que no estén privados de objetos cotidianos, como sus gafas o su audífono. Recomienda que tengan a la vista relojes para saber qué hora y qué día es así como que haya en la estancia una clara distinción entre el día y la noche, mejor con luz natural a través de ventanas. Ver la radio, la televisión o disfrutar de wifi también sería importante según esta doctora.

Apunta que la hipótesis que cobra más fuerza para explicar la aparición del delirio habla de un desequilibrio de los neurotransmisores, como la dopamina o la serotonina, que provoca que las órdenes enviadas por las neuronas a la conciencia no sean las normales. «Cuando hay afectaciones pulmonares muy graves sabemos que la inflamación de los pulmones secreta en la sangre una serie de marcadores que afectan al cerebro. O sea, hay una interacción entre los pulmones o los riñones y el cerebro. Los órganos cuando se inflaman, cuando se infectan, cuando enferman, liberan un montón de sustancias a la sangre y muchas de ellas acaban en el sistema nervioso central, favoreciendo la aparición de estos cuadros», detalla.

Según Palencia, además de la edad avanzada y la demencia previa, la presencia de comorbilidades (como la hipertensión arterial) y el consumo de determinadas sustancias (el alcohol, las drogas de abuso, el tabaco y los psicofármacos) aumentan el riesgo.

También son más vulnerables aquellas personas que tienen el cerebro inflamado, como en casos de infecciones del sistema nervioso central. «Lo hemos visto en la covid en enfermos con afectaciones pulmonares muy graves», revela Alcántara, que insiste en que es un marcador de gravedad reversible, pero no de mortalidad.

Síntomas

«Hay síntomas positivos (hiperactividad o hiperatención, nerviosismo, ideas delirantes, alucinaciones, agresividad, agitación, arrancamiento de sondas, catéteres u otros dispositivos, fugas), y síntomas negativos (retraimiento, inatención, indiferencia, apatía, afectividad plana)», indica Palencia. También se puede distinguir entre delirio hiperactivo, que se manifiesta con mucha inquietud y agitación, e, incluso, a veces, agresividad, y delirio hipoactivo, que es el más frecuente. «Es un enfermo que está como desconectado, encerrado en sí mismo y no es ni siquiera capaz de agitarse» detalla Alcántara.

El delirio puede durar horas o días y no suele aparecer hasta pasadas las primeras 48 horas en UCI. Si no se logra controlar con medidas no farmacológicas como las descritas el único medicamento que ha demostrado que acorta su duración es la dexmedetomidina, dice esta doctora, que añade que además, si hay agitación se prescriben antipsicóticos de manera puntual para evitar, por ejemplo, autolesiones.