1968-2018: ¿Otra revolución (no) es posible?

Cincuenta años después de Mayo del 68, España vive reivindicaciones históricas. Sociólogos y politólogos coinciden en que hay caldo de cultivo, pero faltan líderes

Manifestaciones en Francia en mayo del 68 frente a las del pasado 8 de marzo de 2018 / Jesús G. Feria
Manifestaciones en Francia en mayo del 68 frente a las del pasado 8 de marzo de 2018 / Jesús G. Feria

Cincuenta años después de Mayo del 68, España vive reivindicaciones históricas. Sociólogos y politólogos coinciden en que hay caldo de cultivo, pero faltan líderes.

Año 1968: Los puños en alto de miles de estudiantes sacuden Francia y logran cambiar la mentalidad de las siguientes generaciones. Universitarios sin futuro, trabajadores olvidados y activistas contra la Guerra de Vietnam coincidieron al mismo tiempo y en las mismas calles, las de París, en un mayo cargado de pancartas y barricadas en protestas y manifestaciones para cambiar las cosas desde abajo. Año 2018: Por primera vez dos colectivos hasta ahora silentes empiezan a gritar desde abajo en España. La primera huelga feminista del Día de la Mujer y las protestas contra la sentencia de La Manada se alzan como acicates de una revolución femenina sin precedentes, que «amenaza» con cambiar todas las estructuras. Pero ellas no son las únicas. Los jubilados, un colectivo en principio «no activo», consigue a golpe de concentraciones en todas las ciudades un viraje en la política de pensiones del Gobierno.

España está siendo testigo cincuenta años después de Mayo del 68 de una demostración de fuerza por parte de colectivos a los que se les presumía sumisos, pero ¿podría darse un mayo del 68 como el francés? ¿Hay caldo de cultivo para una revolución como la que se vivió hace 50 años? Los expertos no lo creen. La revolución de 2018 tiene motivos, pero le faltan líderes.

El sociólogo Roberto Barbeito, profesor en la URJC y miembro del Comité Ejecutivo de la Federación Española de Sociología, sostiene que para que triunfe una rebelión es necesario que haya conciencia de que hay una alternativa clara de qué se puede hacer y hacia dónde se puede ir. Es decir, «es necesario que exista un grupo organizado y con recursos que proporcione a la sociedad esa aternativa». «Hay condiciones, pero no hay conciencia», sentencia.

Alana Moceri, profesora de Relaciones Internacionales en la Universidad Europea de Madrid, coincide con el diagnóstico: «Hace falta un enfado o frustración generalizado para que se dé una revolución. En la actualidad el colectivo feminista lo tiene, pero luego es necesaria una estructura organizada para que esa protesta cambie de verdad las cosas».

Esta politóloga americana, afincada en España desde hace veinte años, compara el movimiento feminista español con el #metoo: «Hay una diferencia importante y es que en EE UU se han señalado a los culpables, con nombres y apellidos. En España, todas las mujeres han sufrido de alguna manera el machismo a nivel laboral o social, sin embargo aquí no hay culpables concretos y por tanto no se canaliza igual».

¿Somos los españoles muy reivindicativos? Según el sociólogo Roberto Barbeito «las personas no son revolucionarias en sí mismas; son los momentos los que nos hacen más o menos reivindicativos». Sin embargo, para la analista americana Alana Moceri, la sociedad española es «muy reivindicativa» si se compara con la estadounidense. «Aquí cualquier persona sale a la calle a manifestarse con normalidad, allí no. El americano medio ve riesgos en ponerse detrás de una pancarta; no van a protestar por miedo a que haya disturbios o simplemente porque si no eres muy activista no hay costumbre de salir a la calle para protestar por algo».

Las estadísticas avalan esta tesis. En el último año en España se han producido de media unas 90 manifestaciones al día. En el año 2013 se vivió el mayor pico de protestas en la calle (139 al día) y aunque desde entonces la cifra no ha dejado de caer, la convocatoria de protestas es constante. Sólo en Madrid – «manifestódromo» nacional– se convocaron más de tres mil protestas el pasado año, sin embargo la participación ha bajado y las cargas policiales también. Para Alana Moceri, la explicación de este fenómeno puede estar en que «en España los gobiernos no son tan sensibles a las manifestaciones como lo pueden ser en EE UU, donde los políticos toman nota de las protestas y éstas sí logran cambiar criterios gubernamentales».

El motivo, según esta politóloga americana, puede estar en la diferencia del sistema político, ya que en el caso de EE UU, a los representantes políticos se les elige de forma directa e individual, con lo que «suelen ser más receptivos al malestar social, puesto que una protesta puede revertir en una pérdida de votos directa».

Lluis Orriols, profesor de Ciencia Política en la Carlos III de Madrid, coincide en destacar el carácter reivindicativo español: «Los españoles somos potencia mundial en hacer política reivindicativa en la calle, pero no somos tan participativos en el voto». Orriols considera que, aunque en general las manifestaciones que se están convocando en el último tiempo en España «entrarían dentro de la normalidad», en el caso del movimiento feminista «sí podríamos estar ante un punto de inflexión». Este doctor por la Universidad de Oxford considera que el movimiento protagonizado por las mujeres «sí parece que pueda generar un cambio estructural, de transformación social como lo hizo el del 68».

La politóloga Verónica Fumanal ve la situación con más «normalidad»: «España ha llegado a su madurez política. Somos una de las democracias más jóvenes de toda Europa y ahora tenemos cuotas de movilización normales». Fumanal apunta que hace 40 años «no se hablaba de política, ahora sí. Hemos adquirido una madurez suficiente para entender que es normal hablar, discrepar y salir a la calle para reivindicar. Y no va a haber marcha atrás, al revés. Cada vez va a haber más movilizaciones, porque los ciudadanos estamos más informados y conectados».

El 15-M

Para estos sociólogos y polítólogos el 15-M también guarda similitudes con el Mayo del 68 francés. Orriols señala que «su origen estuvo en la quiebra del principio de representación política de las democracias y se convirtió en el principal motor de cambio de todos lo que hemos estado viendo en el último tiempo en España y en Europa: la ruptura del sistema de partidos tradicional». Barbeito también encuentra similitudes entre el 15-M y el 68 francés, porque «las calles se llenaron de personas de toda clase y condición. En un principio eran jóvenes y padres de clase media que, tras la promesa tener bienestar tras haber cumplido en sus estudios, vieron frustradas sus expectativas y salieron a la calle».