ISGlobal y «la Caixa», contra la malaria

Pese a ser una enfermedad con cura, aún no se ha podido frenar la difusión de este parásito

Alfred Cortés y su equipo estudian la proteína AP2-G, la principal causante de su difusión
Alfred Cortés y su equipo estudian la proteína AP2-G, la principal causante de su difusiónla Caixa

Anualmente, en el mundo se producen en torno a medio millón de muertes por malaria, una enfermedad que tiene cura, pero, sin embargo, aún no se ha podido controlar su expansión, que se produce a través de un mosquito. En este contexto, «si cuando la persona está infectada solo curamos la enfermedad, ésta se sigue transmitiendo, de manera que la única forma de acabar con ella es evitando que se produzcan más infecciones», señala el investigador ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) en ISGlobal, Alfred Cortés, quien está desarrollando un proyecto con el apoyo de la Obra Social «la Caixa» con el objetivo de aportar nueva información para luchar contra la expansión de la malaria.

El proceso de contagio es sencillo. Un mosquito infectado pica a un individuo y le transmite la enfermedad. En una primera fase esos parásitos llegan al hígado, pero una semana después de la infección, pasan a la sangre y es a partir de entonces cuando se producen los primeros síntomas. Una vez en la sangre, algunos de ellos se empiezan a multiplicar, pero éstos en concreto no se transmiten al mosquito y responden a los medicamentos. El problema es que hay una parte de esos parásitos que se convierten en formas sexuales o gametocitos y éstos sí que pueden infectar al mosquito, y además son resistentes a la mayoría de fármacos antimaláricos. Por lo tanto, una persona curada de malaria puede seguir transmitiendo la enfermedad hasta un mes después de haberla superado.

El proyecto que lidera Cortés se centra en investigar «por qué algunos de esos parásitos deciden convertirse en gametocitos, que son los responsables de la transmisión de la enfermedad y a los que hasta ahora no se les había prestado mucha atención», explica Cortés, quien recuerda que «si no nos centramos en los gametocitos, que son resistentes a muchos de los fármacos que se usan para combatir la enfermedad, curaremos la malaria, pero ésta seguirá expandiéndose».

La clave es una proteína

En este sentido, en 2014 su equipo ya publicó un artículo en el que se identifica como regulador clave de ese proceso de conversión del parásito en gametocito a la proteína AP2-G, que es un factor de transcripción, es decir, una proteína que hace que se activen unos genes que son los que inician ese proceso de conversión. «Ahora queremos dar un paso más y entender cómo se regula la activación de este factor de transcripción, comprender por qué se activa AP2-G y saber cómo el parásito toma la decisión de seguir multiplicándose o bien convertirse en gametocito para continuar infectando», relata el investigador. «La idea es entender a través de este proyecto cómo pasa ese proceso de conversión para, más adelante, investigar cómo podemos intervenir antes de que se produzca y poder así erradicar la enfermedad», concluye.