Análisis: ¿Cómo detectar «fake news» en la era de la posverdad?

Fake news
Fake news

De acuerdo con la RAE, la posverdad es la «distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales». Vivimos en la era de la posverdad, su territorio son las redes sociales y su bandera las «fake news».

El coronavirus ha demostrado ser la última víctima, con bulos, noticias tendenciosas, conspiraciones y errores de calidad grosera.

¿Cómo evitarlos? Sencillo, bastan dos preguntas: ¿quién y dónde?

Primero viene el quién, es decir el portavoz de la noticia. ¿Es un experto en el tema?, ¿tiene algún interés personal, político o económico en difundir la noticia? Si no es una voz autorizada ya se puede comenzar a poner en duda sus palabras. Pero puede que hable de estudios o entrevistas con expertos. Si es así, pero no da ningún enlace a los mismos, ningún documento y toda su información se basa en «me lo dijo», no vale. Si, afortunadamente, brinda algún tipo «link» a la información, hay que ir a por ella y verificar que verdaderamente sostiene lo que el portavoz afirma. De lo contrario es una patraña mejor orquestada, pero una patraña.

Por último, en el sector del quién, la confianza no vale un pimiento. Que lo diga un familiar o alguien muy conocido, no significa que sea verdad. Podemos confiar en todos nuestros contactos de Whatsapp, pero si la noticia escuece…pues hay que rascar para ver qué hay debajo. Por mucho que nos sorprenda o confirme nuestras sospechas o nos de la razón. De hecho, es en estos casos es cuando más hay que buscar la fuente. Porque aquí viene el quién más importante: nosotros mismos. Cuando damos a compartir una noticia, un texto o una imagen, sin verificar su origen o veracidad, estamos contribuyendo a la longevidad de las «fake news».

Luego llega el dónde. ¿En qué medios se ha publicado? ¿Todos le dan un tratamiento similar?

Una marca de agua de las «fake news» es que el texto, aunque se publique en diferentes sitios, es prácticamente un calco. Y si lo pasamos por el traductor de Google, en dos segundos se encuentran hilos iguales en otros idiomas: es un entramado enorme en el cual es fácil verse atrapado.

Otro dónde que hay que vigilar son las redes sociales. Excepto los canales oficiales (de organismos, gobiernos, representantes o medios de comunicación), las redes sociales no son un canal de información. Puede serlo de discusión y de difusión y pero que un dato aparezca en internet, no la hace cierta. Solo la convierte en pública.

Y aquí, nuevamente, el dónde somos nosotros. Somos a quienes corresponde evaluar si el origen de la noticia es fiable o si simplemente se trata de un titular que busca impacto y nada tiene que ver con el texto. Donde nace el pensamiento crítico es en nuestra capacidad para dudar y buscar pruebas. Aunque la balanza no se incline a nuestro favor siempre.