El punto G no existe; los científicos tampoco lo encuentran

Una investigación de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey concluye que "es sólo un mito"

Mucho se ha escrito sobre el punto G femenino, una especie de interruptor que lleva al placer absoluto. Pero lo cierto es que hay muchas parejas que han estado años buscándolo sin éxito. Pero que no se frustren porque los científicos tampoco lo han logrado. Es más, defienden que no existe.

El primero en hablar de esta zona, supuestamente situada en la cara interior del clítoris, fue en EE UU, donde en los años 40 el ginecólogo alemán Ernst Gräfenberg y el estadounidense Ribert Dickinson, analizaban las partes de la uretra fememina cuando repararon en una zona de especial sensibilidad erógena, ubicada en la superficie “suburetral del muro vaginal anterior”. La zona tenía la característica de hincharse durante el orgasmo. El nombre de la zona se le puso en honor a Gräfenberg, pero no sería hasta los años 80 cuando se le bautizaría con ese nombre.

Sin embargo, las afirmaciones de estos ginecólogos generaron un gran excepticismo y a día de hoy sigue habiendo muchas dudas acerca de su verdadera existencia. A pesar de que mucha gente afirma que sabe dónde está el Punto G de las mujeres, el incluso el de los hombres, no ha podido ser demostrado. Pero muchas mujeres insisten en que existe y los científicos se vuelven locos buscándolo.

En 2012 el Journal of Sex Medicine llegó a reconocer su existencia pero no explicaba cual era su ubicación. Lo que está claro es que esta zona que conduce al placer extremo y que ha sido definida como un botón, no es un órgano como tal, ni una protuberancia, y no existe una zona dentro de la vagina, como sí ocurre con el clítoris, que concentre un mayor número de terminaciones nerviosas.

Ese mismo año Adam Ostrzenski llegó a dar la ubicación exacta (a 16,5 milímetros de distancia de la parte superior del meato uretral, en un ángulo de 35 grados con el borde de la uretra), su forma, tejidos y diseño. Según indicó se trata de “una bolsa bien delineada”, con paredes que parecían estar formadas por tejido fibroconectivo.

Las críticas fueron feroces contra Ostrzenski y ahora un estudio le vuelve a contradecir. Una investigación de la Universidad de Rutgers en Nueva Jersey descubrió que el punto G femenino “es solo un mito” y que no es un punto concreto sino “una distribución nerviosa”.

Barry Komisaruk, responsable del trabajo que estudió los orgasmos de 17 mujeres de mediana edad, explicó a “The Sun” que “nunca puedes pensar en la sexualidad como un botón de ascensor o como un interruptor de encendido. No es un aspecto único, pero sí una combinación de todas las terminaciones nerviosas“.

Recientemente, otro estudio realizado en Turquía también llegó a una conclusión similar, que la evidencia de la existencia del punto G femenino era “débil e insuficiente”.