La falta de datos condena a España a una segunda ola a ciegas

Los expertos alertan de que bastan unas pocas personas para incrementar el número de contagios al no cumplir las normas de aislamiento

¿Cómo va a ser de intensa y cómo nos va a afectar la segunda ola de Covid-19? Ya no se trata de si habrá o no una segunda oleada; lo que debaten ahora los expertos es cuándo llegará (si es que no está ya entre nosotros), cómo hacerle frente, si estamos preparados para ello y de qué forma atacará esta vez a la población. «El peligro es bien real”» advierte Ángel Gil de Miguel, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad Rey Juan Carlos y miembro de la Sociedad Española de Epidemiología. Tan real que la viróloga e inmunóloga Margarita del Val, del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa y una de las firmantes del artículo que una veintena de reputados científicos y expertos españoles acaba de publicar en la prestigiosa revista médica «The Lancet», ha afirmado con rotundidad que España «se encuentra ya inmersa en la segunda ola».

«Si miramos el número de casos y de contagios, sí se puede afirmar que estamos ya ante una segunda ola», asegura Joan Carles March, uno de los firmantes del artículo, en el que se reclama una auditoría independiente sobre la gestión de la pandemia en España, que según diversas fuentes, distintas al Ministerio de Sanidad, se ha cobrado ya la vida de más de 40.000 personas. «Pero si lo miramos por ingresos hospitalarios, por ingresos en la UCI, por casos en residencias de ancianos y por fallecimientos, no estamos en una situación parecida a la de la primera ola. Creo que hay que verlo como un continuo. No habíamos bajado suficiente el número de casos como para pensar que hubiéramos cerrado una etapa y abierto otra», añade March, que es especialista en Salud Pública, profesor de la Escuela Andaluza de Salud y codirector de la Escuela de Pacientes.

«Va a ser difícil evitarla»

Hasta ayer domingo había en España cerca de 600 brotes activos de coronavirus, con casi 7.000 nuevos contagiados. Sanidad sigue con especial inquietud los brotes en Aragón, que afectan a varias comarcas de Huesca y Zaragoza, forzadas a retroceder a la fase 2, y en Cataluña, con focos muy numerosos en Lérida y el área metropolitana de Barcelona. El 35% de los brotes se producen en el ámbito social, relacionados con reuniones familiares y fiestas particulares, especialmente las vinculadas a locales de ocio. El segundo grupo de brotes más frecuente es el del ámbito laboral, que supone alrededor del 18% del total.

El catedrático Gil de Miguel considera que, al igual que la primera, «va a ser muy difícil evitar una segunda ola, pero esta vez sabemos a lo que nos enfrentamos. Para ello es muy importante concienciar y educar a la población para que cumpla con las normas de higiene, uso de mascarillas, etcétera, y que entiendan que el peligro es real. Además, hay que dotar a los servicios de vigilancia epidemiológica de todos los recursos materiales y humanos necesarios para que puedan hacer su trabajo en condiciones y así suministrar una información veraz y rigurosa sobre los datos de incidencia, brotes... Y lo mismo hay que hacer con los equipos de atención primaria y/o centros de salud; ya hemos dicho en varias ocasiones que la medicina familiar y comunitaria es el pilar primordial de la atención de salud en nuestro país y es un ejemplo a seguir, pero para que puedan hacer bien su trabajo no podemos escatimar en recursos materiales y humanos. Ellos son el primer eslabón de la asistencia, pero necesitan rastreadores para estudiar y seguir a los contactos de los nuevos casos. Necesitamos apoyar y creer en la atención primaria de salud. Una atención primaria fuerte y con recursos puede evitar que se vuelvan a colapsar los hospitales y que la mortalidad vuelva a ser tan elevada como en marzo y abril. Si hacemos esto, posiblemente no evitemos la segunda oleada», prosigue Gil de Miguel, «pero haremos que no sea tan grave, evitaremos ingresos hospitalarios e ingresos en UCI y, por supuesto, muertes».

«La gente ha confundido segunda ola de contagios con segunda ola de pandemia», sostiene March, especialista en Salud Pública. «Pandemia hay una y no se ha ido nunca. El virus no se ha despistado, ni es menos contagioso en verano. La segunda ola es consecuencia de nuestras decisiones y acciones (de las autoridades e individuales). En cuanto a nuestras acciones como personas, creo que es muy difícil anular los efectos de quienes no cumplen las restricciones. Unas pocas personas pueden acelerar y aumentar el número de contagios al ser vectores invisibles o al no cumplir las normas de aislamiento». Y añade: «En cuanto a las medidas que deben tomar las autoridades centrales y autonómicas, la cuestión está clara: hay que hacer un esfuerzo e invertir en educación y sanidad. Más profesores y sanitarios, más aulas, más medios para cumplir con la seguridad. Esto, y ninguna otra cosa, marcará la diferencia. El virus ha venido para quedarse».

José María Martín Moreno, doctor en Epidemiología por la Universidad de Harvard, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia y firmante del manifiesto de «The Lancet», se pregunta qué pasará durante el otoño e invierno. «El director adjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Dr. Ranieri Guerra, advirtió que la pandemia no había finalizado y que el coronavirus se comportaría posiblemente como la mal llamada “gripe española”, que descendió en verano y volvió en otoño más feroz. Yo no creo que sea exactamente así. Conocemos que el virus ha estado sufriendo ciertas mutaciones desde su aparición. Examinando el virus importado de Latinoamérica manifiesta diferencias genéticas respecto al virus del brote de marzo. El problema es que no podemos evaluar su agresividad, ya que los sistemas sanitarios de los países que se han enfrentado a él son muy diferentes del nuestro. Específicamente ha habido una mutación que se ha producido en la posición 23.403 del genoma del coronavirus. Tecnicismos aparte, este cambio quizás podría estar relacionado con una mayor facilidad de contagio, pero menos agresividad y menos letalidad. En definitiva, puede haber quizá más casos [que en la primera ola] pero menos agresivos. No obstante, habrá que mantener la guardia alta hasta la llegada de las ansiadas vacunas».

Ni coherencia ni transparencia

«Otras medidas pueden pasar por intentar que el virus no entre de forma más masiva en fronteras», subraya Martín Moreno, «teniendo en cuenta que ya hay de por sí transmisión comunitaria. Sería ir más allá de los actuales tres “minicontroles” (documental, medición de temperatura con cámaras termográficas e inspección visual). De la misma forma que es obligatorio vacunarse para viajar a ciertos países tropicales, se podrían pedir pruebas del Covid-19 para entrar en España, o no dar autorización a vuelos de ciertas zonas. Y hay que añadir como prioridad medidas conductuales; concienciar a la población de que el momento que vivimos es frágil. Ahora más que nunca tenemos que hacer caso de las recomendaciones (mascarillas, distancia, higiene de manos y evitar aglomeraciones). Y por supuesto, medidas de intervención epidemiológica bien conocidas, pero que no se han consolidado suficientemente: testar, rastrear, aislar y cuarentenar. En definitiva, las herramientas existen, sabemos cómo hacerlo... Solo hace falta creérselo, ser coherentes y llevarlo bien a cabo».

Para Sergio Minué, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria, coordinador del Integrated Health Services based on Primary Health Care WHO (OMS) Collaborating Centre, profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública y también firmante del manifiesto de «The Lancet», «la mayor preocupación es que las carencias existentes en el comienzo del pico siguen sin resolverse. Entre éstas están: la intervención sanitaria centrada en hospitales ha manifestado ser claramente ineficiente e inefectiva. La atención en hospitales y UCIs supone el fracaso del sistema de detección precoz y manejo comunitario. En ninguna comunidad autónoma se ha reforzado realmente la atención primaria, que debería casi doblar su capacidad actual para atender los cinco grandes desafíos de aquélla: rastreo, atención a las secuelas, atención a problemas de salud mental, atención en residencias [de ancianos] y efectos en la salud de la crisis económica y social. Solo con una contratación de profesionales global a cuatro años sería posible afrontarlo». Minué apuesta por la contratación de al menos 12.000 rastreadores, «a años luz de las cifras actuales. Pero además deben tener un perfil homogéneo y ser adecuadamente formados, lo que tampoco se ha hecho, salvo en Andalucía. Algo tan complejo como el rastreo, que afecta a la vida íntima de las personas, no pueden hacerlo voluntarios ni “call centers” de cualquier otro cometido».

«España sigue sin sistema de información fiable y transparente», prosigue Minué. «Las cifras de muertos en residencias o profesionales infectados se obtienen de los medios de comunicación, no del propio Ministerio de Sanidad. Sin información no es posible gestionar adecuadamente. El sistema sanitario español, que hasta la fecha presumía de ser uno de los mejores del mundo, adolece de un grado de fragmentación al nivel de los países más fragmentados del mundo, con una doble ruptura: entre territorios y entre servicios sanitarios y sociales. Y no existe investigación suficiente sobre la fiabilidad de medidas que afectan gravemente a la vida y libertad de las personas, como son los confinamientos, el empleo obligatorio de mascarillas o el cierre de colegios».