Illa se olvida de Navarra y de decenas de municipios que están igual de mal que Madrid

La incidencia de casos en la Comunidad Foral desborda los umbrales de la OMS y en Ceuta, cuya Sanidad depende del ministro, las camas de críticos están atestadas de pacientes

Lo que antes era sólo una batalla soterrada se ha convertido ya en una guerra abierta. Tras escenificar el Gobierno el pasado lunes una falsa paz con la Comunidad de Madrid, ayer decidió lanzarse a degüello sobre la yugular de la presidenta Isabel Díaz Ayuso y su equipo de la Consejería de Salud a cuenta de las limitaciones a la movilidad en la capital. Lo hizo a través de Salvador Illa, ministro que apenas ha aparecido en esta segunda oleada de la pandemia pese a que la Ley General de Salud Pública estipula bien claro que es a él y al Gobierno de la Nación a los que compete llevar las riendas sanitarias del país en periodos como en el que nos encontramos. Illa, que tuvo en verano unos días de descanso mientras el consejero de Sanidad de Madrid, Enrique Ruiz Escudero, se los pasaba trabajando en su despacho, echó mano ayer de unos datos procedentes de la cocina de Fernando Simón -otro que se fue de vacaciones- para tirar de las orejas a Madrid y ponerla de nuevo en el ojo de la tormenta de la Covid-19. Es cierto que la capital supera con mucho la incidencia de casos que señala la Organización Mundial de la Salud (OMS) como tope para que todas las alarmas se disparen. Mientras el organismo internacional habla de 500 contagios por cada 100.000 habitantes como límite que no debe superarse, la Comunidad sólo ha decretado el confinamiento de núcleos urbanos y áreas de salud que registran más de 1.000, y no todos. Desde este punto de vista, la irrupción de Illa tras su letárgico periodo estival sería irreprochable. A pesar ser ministro de uno de los países que peores cifras mundiales arroja en los siete meses que llevamos pandemia -España es el estado que registra más muertes en proporción a su población de todo el planeta, con las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE), el noveno en número de casos y el peor también en sanitarios infectados-, los reproches del filósofo que en enero pasó a encargarse de la cartera de Sanidad resultarían coherentes. De hecho, la Comunidad presentaba ayer una incidencia acumulada en los últimos 14 días de 721 casos por cada 100.000 habitantes. Muy peligrosa. Pero en Salud Pública no vale la foto fija, sino las tendencias, y estas muestran que otras comunidades ignoradas ayer por el ministro en su súbita aparición se encaminan hacia zonas pantanosas. Nada dijo Illa, por ejemplo, de Navarra. La Comunidad Foral también supera en su conjunto el umbral de la OMS, al presentar 662 infecciones de Covid-19 por cada 100.000 habitantes. Siguiendo la lógica del ministro, ¿por qué habría que cerrar todo Madrid y no Navarra? ¿Y por qué no decenas de municipios de numerosas provincias que superan también los 800,900 o hasta 1.000 casos? La Rioja, cuyas Unidades de Cuidados Intensivos (UCIS) se encuentran al límite, por cierto, presenta una incidencia de 494; Murcia, una de 404, y las dos castillas, territorios con la población mucho más dispersa y que no son nudos de movilidad como Madrid, también se mueven ya por los 400 casos. ¿Y Ceuta? La Sanidad de esta ciudad autónoma depende del propio Illa y tiene también sus camas de críticos atestadas de pacientes graves. ¿Por qué le ordena se ministro a sí mismo que dicha ciudad quede cerrada?

La evolución en todo el territorio no deja de crecer y Madrid es sólo la punta de lanza de una bola de nieve que terminará golpeando a las restantes comunidades en una suerte de efecto dominó, como sucedió en la primera ola. La nueva normalidad de la que el presidente del Gobierno Sánchez, animaba a disfrutar a los españoles, ha derivado en un estado de prealerta que coge a España sin parámetros uniformes de contención en todo el país, sin directrices claras del Ministerio de Sanidad, sin un sistema de información epidemiológica adaptado a la dimensión de esta pandemia y sin una reserva estratégica de materiales completada. Además de regañar a Madrid, Illa podría ponerse a resolver estos problemas, porque son de su competencia.