Día Mundial de la Niña: la violencia ahora la sufren «online»

Las chicas siguen siendo más vulnerables: el 60% padece acoso en redes. Además, todavía están marcadas por estereotipos. Solo el 10% estudia informática

Hay cuatro millones más de niñas que de niños sin escolarizar. Cada siete segundos una menor de 15 años es obligada a casarse en algún lugar del mundo y Unicef calcula que alrededor de 3 millones sufren cada año la mutilación de sus genitales. El 23% de las víctimas de trata son niñas, frente al 7% de niños, según datos de la ONU. En algunos países, directamente, se evita que nazcan. En casi cuatro decenios se han producido en todo el mundo 23,1 millones de abortos selectivos de niñas. La mayoría de ellos han ocurrido en China e India, con 11, 9 y 10,6 millones.

Para visibilizar el estigma que supone nacer mujer en muchos lugares del mundo y fomentar la igualdad de derechos desde la infancia, la Asamblea General de las Naciones Unidas conmemora cada 11 de octubre el Día Mundial de la Niña. Pero en España, ¿sigue siendo necesario?

Es cierto que en nuestro país gozan de los mismos derechos que los niños, no sufren mutilación ni son obligadas a casarse. Pero sí sufren otro tipo de violencia. Basta echar la vista atrás solo unas semanas, cuando una joven de 14 años fue violada grupalmente por 10 jóvenes en Valencia. No es un caso ajeno. En septiembre se repitió otra «manada» con una menor en Vitoria. Y suma y sigue. Por no hablar de las agresiones a través de las redes.

Un estudio realizado por la ONG Plan Internacional a partir de los testimonios de 14.000 chicas recogidos en 22 países, entre ellos España, revela que se enfrentan a experiencias de acoso desde los 8 años, y que es entre los 14 y los 16 cuando lo sufren con mayor frecuencia. De hecho, casi el 60 por ciento afirma haber recibido algún tipo de acoso a través de las redes sociales.

Es cierto que se ha avanzado en igualdad. Pero las chicas españolas todavía están marcadas por estereotipos de género que dificultan su acceso a los puestos de liderazgo y a ciertos sectores «masculinizados», que, además, son los que normalmente suelen estar mejor pagados.

Según el último barómetro «Adolescencia y Juventud», de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), mientras ellos se definen como activos, trabajadores y emprendedores, a ellas las ven como estudiosas, prudentes y tiernas. Para las generaciones Z y millennial, el emprendimiento sigue siendo cosa de hombres. Y también ciertas carreras profesionales. Las alumnas matriculadas en estudios de ingeniería están en torno al 17% y en informática incluso menos, sobre el 10%.

Techos de cristal

Todavía quedan muchos techos de cristal que romper: la presencia de mujeres en las empresas del Ibex es tan solo del 18%, de alrededor del 11% en los comités de dirección de las grandes empresas y también del 11% en los tribunales de justicia superiores del país. Por primera vez, este año una mujer ha ocupado una presidencia en la sala del Tribunal Supremo (TS).

El Día de la Niña invita en esta edición a todas ellas a unir sus voces en una para igualar esos porcentajes y construir un futuro en común. Para este año, el objetivo que se persigue es contruir una generación de activistas para acelerar el cambio social.

«Tenemos más presión para encajar y no podemos ser perfectas»

Nicole (12 años) llegó a España hace un año desde Venezuela. Lo primero que notó al pisar Madrid fue que aquí hace mucho más frío y que, pese a compartir idioma, entenderse con el resto sería más complicado de lo que había imaginado. Con apenas 11 años, su madre, Mayelin, le dijo que lo mejor sería hacer las maletas. «Decidí que emigraríamos porque allí no había oportunidades para ella», cuenta su madre. Soy licenciada en Administración, llevaba 14 años trabajando para la gobernación de Apures, pero entendí que era mejor empezar de cero en España que quedarnos aquí». Escolarizaron a Nicole en el colegio Garcilaso de la Vega, en el barrio de Canillas, y ese fue el primer baño de realidad porque le bajaron de curso. El segundo vino con la llegada de la pandemia. Mayelin y su hija son solicitantes de asilo, «lo que me ha limitado para acceder a un empleo». Cuando se decretó el Estado de Alarma se quedaron en la calle y fue el párroco del barrio, Ramón Montero, a quien todos conocen como «Moncho», quien las acogió en su propia casa. Desde entonces viven con él. «No ha sido fácil, lo de la pandemia me dejó un poco en shock, pero sé que aquí, pese a todo, voy a tener mejores oportunidades», reconoce Nicole. Sueña con «ser actriz, pintora o escritora, algo relacionado con es el arte, creo que puedo expresar muchas cosas», como las reivindicaciones que cree todavía necesarias para alcanzar la igualdad. «Claro que sigue siendo necesario celebrar el Día de la Niña, porque no se dan cuenta de lo importantes que somos. Además, tenemos más presión social para encajar, oigo cómo mis amigas se quejan por su talla o su cuerpo, yo les digo que no podemos ser perfectas».

«Lo peor es que te hacen sentir culpable»

Beatriz (19 años) y Ana (21 años) forman parte de ese 60% de jóvenes que han sufrido «cyberbulling», un tipo de acoso a través de las redes y que incluye la recepción de mensajes explícitos, imágenes de contenido sexual, amenazas de violencia, comentarios racistas y anti-LGTBIQ+, humillaciones y ataques por el aspecto físico. La primera vez que Beatriz se vio expuesta a este acoso fue a los 14 años y «todavía me sigue pasando, aunque menos». Ahora, a sus 19, tiene las herramientas para poder identificar estas situaciones y la capacidad para hacerles frente. Una de las que más le impactó la vivió con 16: «Subí una foto a Instagram y el novio de una amiga me contestó por mensaje privado para decirme que me pondría a cuatro patas. Lo peor es que te hacen sentir que tú lo has provocado, que de alguna forma eres la culpable». Ana es otra víctima de este tipo de acoso que «no se toma en serio porque no provoca daño físico». Aunque las redes tienen canales de denuncia, pocas veces eso disuade al que lo comete. «Siempre he sufrido ciberacoso de conocidos, una de las últimas un chico que me presentaron mis amigos.Subí a una foto y me contestó con otra suya de contenido sexual. Utilicé el canal de Instagram para denunciar su perfil y luego lo bloqueé. No he vuelto a saber de él, pero estas situaciones no deberían normalizarse».