“Es muy duro trabajar en primera línea de fuego”: así afrontan los médicos de Atención Primaria la segunda ola

Los profesionales de un centro de salud madrileño, muro de contención en los peores meses de la pandemia, no olvidan lo que sufrieron

A escasos metros del Palacio de Hielo, el doctor Luis Martínez Fuente se emociona al recordar la dureza de la crisis vivida. El centro comercial que se transfiguró en morgue en lo peor de la pandemia se asoma desde la ventana de su despacho como un recordatorio de lo que sucedió y que no debe volver. Pero lo cierto es que en el Centro de Salud Silvano nadie ha olvidado. Los rostros de todo el equipo llevan grabada la crudeza de la guerra contra el Covid-19. “Es muy duro trabajar en primera línea fuego, llevamos meses como nunca”, cuenta el doctor Martínez Fuente, director del centro desde 2012. Consiguieron superar la fase más aguda que arrancó, de forma inesperada, en marzo “gracias al trabajo de estos profesionales, que lo han dado todo”. Y es que “en solo quince días, el mundo se puso del revés, todo cambió”.

Fueron días, semanas en las que los avisos a domicilio se multiplicaron y ellos, tanto los médicos como las enfermeras, se desdoblaron para acudir a las llamadas de auxilio. Quienes pedían su socorro eran sus pacientes de toda la vida, aquellos a los que conocían por nombre, sabían de sus vicisitudes, de sus divorcios o de las apendicitis de sus hijos. “Fue muy duro porque conocemos bien a los pacientes. Nosotros hemos sedado a gente en casa, solos, mientras esperábamos a la ambulancia. Te encontrabas con una persona que estaba malísima y sin sus hijos porque les recomendábamos que no fueran”, rememora este médico de familia. De buenas a primeras, se vieron cogiéndoles de la mano, acompañándoles en los que para algunos fueron sus últimos momentos.

A pesar de tan infaustos recuerdos, Luis Martínez dice que “quiero ser optimista ante lo que nos espera”. La segunda ola de Covid-19 ha llegado antes de lo previsto, según él, por los intensos contactos sociales del verano. El perfil del afectado también ha ido cambiando; si en julio y agosto atendían a gente más joven, “desde hace dos o tres semanas vemos a pacientes más mayores, de entre 50 y 60 años, con patologías que se están complicando y algunos acaban en ingreso”. Este otoño, más que nunca, la Atención Primaria está sirviendo de muro de contención contra el dolor y la enfermedad. El cambio de protocolo del 28 de septiembre en la Comunidad de Madrid ha aligerado algo la carga de trabajo y ahora solo se hace la prueba PCR a los convivientes y a los contactos vulnerables, aquellos con más de 65 años o con patologías crónicas.

El doctor Jesús Chamorro Romero tiene 66 años y sigue al pie del cañón. Por su edad, podría haber escurrido el bulto y haberse mantenido alejado del Covid, pero dice que esta terrible enfermedad “me ha hecho redescubrir mi profesión”. Igual que el director del centro, recuerda los primeros meses de la pandemia con una mezcla de emoción y espanto. Fueron momentos “de aguantar mecha, en los que tuvimos que ver la agonía del paciente y la desesperación de la familia mientras esperábamos a la ambulancia. Lo único que podíamos hacer era saturarles de oxígeno para que pudieran llegar al hospital porque en casa no se podían quedar". Una labor de especial “empatía con la familia, que humaniza mucho la medicina”.

En este ambulatorio del barrio de Hortaleza trabajan 17 médicos de familia, 14 enfermeras y cuatro pediatras, además del personal administrativo que integra una decena de personas. Hoy se respira un ambiente de tranquilidad y de preparativos para la campaña de vacunación de la gripe, que comienza mañana. Con el aforo reducido a la mitad por las medidas de seguridad, la atención telefónica es la puerta de entrada. Un método de trabajo nuevo para los sanitarios y una rutina también distinta para los pacientes, que lo llevan como pueden. Cada médico atiende entre 40 y 50 tele-consultas al día, más unas siete presenciales. El doctor Chamorro reconoce la limitación de un sistema impuesto por las circunstancias: “El teléfono para muchas cosas administrativas resuelve, pero una tripa, un pulmón, una lesión ósea, no se pueden diagnosticar así. Por teléfono se pueden vender lavadoras". Él tiene claro que, muchas veces, las palabras sanan más que una medicina y, en cuanto nota la angustia en la voz del paciente, le hace un hueco y lo ve en consulta.

El temor por que vuelvan los tiempos duros de la primavera sigue en alto entre este equipo sanitario. Jesús Chamorro cree que “esta nueva ola no va a ser la última, la mascarilla la vamos a tener que llevar, al menos, hasta junio o julio del año que viene”. La llegada de la temporada de catarros y gripes también enciende las alertas y, por eso, aconseja que todo el que pueda acuda a vacunarse. La realidad es que muchos han perdido el miedo y la temeridad puede causar estragos. Este veterano médico de familia recuerda el caso de un paciente que dio positivo en el test, al que recomendaron confinarse, “y cuando le llamamos por teléfono resulta que estaba en Navarra”.

María Isabel Ibarguren León, responsable de Enfermería del centro de Silvano, ha notado un cierto cambio de actitud entre los que llaman. “Algunos llegan nerviosos porque quieren ver ya a su médico o a su enfermera. Creen que si ya podemos mantener relaciones sociales, cómo no van a poder ver al doctor”, explica. “Nos encontramos con gente que nos pregunta si ya estamos abiertos, como si hubiéramos estado cerrados en algún momento”, continúa. Por regla general, el enfermo colabora y confía en unos profesionales que “ven muy cercanos”, explica esta enfermera. Ella también estuvo en primera línea de batalla, una experiencia que fue “bonita y muy dura” al mismo tiempo. Ahora que la prioridad es la gripe, María Isabel apunta que la urgencia por vacunarse ha crecido, incluso entre aquellos que no solían hacerlo. Se trata de buscar la mayor protección posible en unos meses en los que manda la incertidumbre. Para reforzar la que se les viene encima con la campaña de vacunación, este año un autobús de Cruz Roja con capacidad para 200 dosis diarias acudirá a los centros que lo soliciten.

Tal y como explicaba el doctor Martínez Fuente al comienzo de este reportaje, todo ha cambiado. Y toca acomodarse a la situación, a la consulta telefónica, a perder algo del contacto directo entre médico y paciente. María Ángeles Godoy Lizcano lo sabe bien. Está al frente de la Unidad de Atención al Usuario, el punto neurálgico por el que pasa todo aquel que levanta el teléfono con algún malestar. Los hay que piden “más explicaciones” que antes, que tienen más prisa y son menos comprensivos. No todas las llamadas son “agradables", aunque María Ángeles explica que “nos ponemos en su situación, tratamos entenderlos porque nosotros también somos pacientes”.

Parece evidente que este centro de salud frente al Palacio de Hielo no es el paradigma del ambulatorio madrileño. No hay saturación aparente, el ratio de contagios que registra la zona es bajo, las instalaciones son amplias y luminosas, las llamadas se atienden todas, o casi todas, en el día, y hay pacientes que logran que les cojan el teléfono hasta tres veces en una misma jornada. Pero eso no resta un ápice de valor, ni de mérito, a este equipo sanitario que se ha dejado la piel y que transmite tanta humanidad y tanto amor por la profesión. Si no logramos evitar entre todos que vuelvan los aplausos de las ocho, recuerden a Luis, a Jesús, a María Isabel y a María Ángeles. Están cansados, han pasado unos meses terriblemente duros, pero no hay duda de que seguirán en sus puestos. Venga lo que venga.