Reconfinamiento: ¿Ha llegado el momento?

Comunidades como Asturias y Castilla y León no ven otra salida para atajar los contagios, pero el Gobierno se resiste. Está comprobado que reduce la mortalidad, pero psicológicamente «no estamos preparados»

El ministro de Sanidad, Salvador Illa, considera que volver al confinamiento domiciliario debe ser la última de las opcionesAlberto R. RoldánLa Razón

La sombra de un nuevo confinamiento domiciliario se cierne sobre los cielos de varias comunidades españolas. Asturias, Castilla y León y las ciudades de Ceuta y Melilla no ven otra salida para bajar la incidencia y otras como el País Vasco han pedido al Gobierno que active al menos los resortes jurídicos necesarios para poder decretarlo en el caso de que las medidas puestas en marcha para bajar los contagios no den resultado. Pero el ministro de Sanidad, Salvador Illa, les pide paciencia. Insiste en que encerrar a la población en sus casas debe ser la última de las opciones. No solo porque agravaría aún más la ya maltrecha situación económica del país, sino también por las consecuencias en la salud mental de la ciudadanía. La Organización Mundial de la Salud (OMS) ya advirtió a principios de octubre del peligro de la llamada «fatiga pandémica», ese hastío por el cambio del estilo de vida que ha provocado la pandemia y cuyos efectos ya se están viendo en España. Illa, de hecho, ha anunciado la creación de un grupo de trabajo para estudiar este fenómeno, que ha relacionado con los disturbios en algunas ciudades del país.

Con todos estos ingredientes, la decisión sobre cuál es el mejor camino para atajar una incidencia que ya supera los 500 casos por 100.000 habitantes y evitar la saturación de las UCIS, a punto del colapso en territorios como La Rioja, Aragón y Cataluña, no es fácil. Para el profesor de la Escuela Andaluza de Salud Pública, Joan Carles March, ya no hay margen de actuación . «Confinar en tiempos de Covid-19 reduce entre un 44 y 96% de nuevos casos y entre 31-76% en la mortalidad. Las medidas son más eficaces y menos costosas cuanto antes se inicien». March denuncia que «no puede ser que estemos en esta situación y no se tomen decisiones, creo que la realidad obliga a confinar», opina. No obstante, apunta que no tiene por qué ser igual que en la pasada primavera. «Soy partidario de confinamientos breves y duros, en el sentido de que cada mes y medio, si la curva está en ascenso, ordenar un encierro de 10 o 15 días».

Por su parte, el director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles Emergentes de la Universidad de Zaragoza, Juan José Badiola, es partidario de esperar a los resultados de las medidas puestas en marcha con el estado de alarma, como el toque de queda, junto con las decretadas por los gobiernos regionales (cierre de hostelería, confinamientos perimetrales, reducciones de aforo...). «A veces nos arrastra mucho la precipitación, vamos a esperar y si a partir del próximo domingo vemos que no se consigue reducir la curva, no habrá más remedio que el confinamiento». Badiola considera que, de llegarse a ese extremo, no podrá extenderse a todo el territorio, si no aprobarlo solo en aquellas regiones más afectadas.

En opinión de José María Martín Moreno, catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Valencia, «ahora hay que ser mucho más cauteloso a la hora de ordenar nuevos confinamientos, y el único indicador que verdaderamente lo puede justificar es el colapso sanitario. Pero si se puede evitar, debemos hacerlo, no solo son disruptivos, sino que per se tienen un impacto negativo sobre la salud física y mental, a la par que perjudican la economía». Además, apunta Moreno, «en los estudios llevados a cabo destaca el hecho de que su impacto es más acusado en las poblaciones más vulnerables. Por todo ello parece preferible insistir en acciones de pruebas fiables, rastreo, aislamiento riguroso, educación para la prevención y acciones de restricción de movilidad e interacción social».

Entre los que luchan contra el virus en primera línea de batalla, más que por un reconfinamiento, apuestan por la prevención, ya que no hay tratamiento ni vacuna. Pilar Argente es jefa del Servicio de Anestesiología y Reanimación del Hospital la Fe de Valencia, y asegura que está viendo situaciones que no se habían producido nunca de «pacientes, incluso jóvenes, que llegan al hospital con enfermedades avanzadas por retrasos en pruebas y por el miedo a acudir antes a él». Critica que en esta segunda ola no se han hecho los deberes, «quizá se tendrían que haber construido espacios monográficos para pacientes Covid» y, sobre todo, a nivel educativo. «No podemos ser dubitativos» y, en el caso de que se requiera un nuevo confinamiento domiciliario, apuesta «por uno reducido, para la población mayor y vulnerable, junto con una una normativa a nivel global para que todas las autonomías y organizaciones sanitarias vayan a la par».

También hay que considerar el plano económico. En lo que llevaos de año el PIB de España ha caído un 9% y ahora la Comisión Europea considera que lo hará hasta el 12%. Por eso, el doctor en Economía Juan Ramón Rallo cree que «lo crucial es controlar la pandemia y si lo conseguimos con menos sacrificios, mejor». No obstante, no considera que el confinamiento sea la única vía para lograrlo. En ese sentido, pone de ejemplo, la política de la Comunidad de Madrid con «test masivos de antígenos que ofrecen un resultado rápido para poder aislar solo a los infectados». Solo si eso fracasa, dice, «habría que tirar por la vía dura, que no necesariamente es la peor. Suecia, por ejemplo, no tuvo confinamiento en la primera oleada y su PIB cayó un 8%».

En el plano de la salud mental, el psiquiatra y director de PsiKids, Javier Quintero, opina que «la gente no está emocionalmente preparada para un nuevo confinamiento». «Aún no han tenido la oportunidad de reponerse del anterior y ya se habla de nuevos, pero sin una hoja de ruta clara, el desgaste psicológico puede ser importante». Más allá del impacto emocional del propio confinamiento, «una de las emociones que mas le cuesta gestionar al ser humano es la incertidumbre, y desde marzo, la población esta viviendo en una constante duda. Toda crisis necesita de líderes confiables. En estos momentos, la necesidad esta en un mensaje claro, por complejo que pueda ser».