El feto es receptivo a la vida extrauterina, sobre todo a la materna

El nonato es un aprendiz aventajado. Su sistema nervioso posee un amplio repertorio de capacidades sensoriales y de aprendizaje, que van almacenando experiencias en su red neuronal

“Es importante que durante la gestación la madre acaricie su vientre, que hable al bebé y le cante con ternura"MARGen

Desde el momento de la concepción y hasta la octava semana se llama embrión al nuevo ser. A partir de ese momento ya se le considera feto hasta el nacimiento. Histórica y tradicionalmente se creía que el feto estaba completamente aislado en el útero y ajeno completamente a la vida externa. Desde hace unas décadas, sin embargo, empezaron a aparecer numerosos estudios y publicaciones revelando todo lo contrario, muchos de ellos a partir de testimonios de las propias embarazadas. Cuanto más avanzada está la gestación, más receptivo es el bebé. Un ejemplo de una mamá, según contaba, es que fue a un concierto de rock y se encontraba próxima a uno de los altavoces. Los sonidos graves salían como agresivas vibraciones y, de pronto, el feto empezó a moverse en su vientre sin parar, como si no pudiera soportarlo, y tuvo que abandonar el concierto. Inmediatamente, se calmó.

Desde el siglo XX, cuando surge la embriología sistemática, la etapa prenatal empezó a generar un gran interés científico. Aunque más bien en un principio tuvo un carácter especulativo, con el transcurso de los años se han ido conformando las bases de una interpretación clara y decididamente científica. No obstante, se pueden considerar los años setenta del siglo pasado como el momento de situar el comienzo de los primeros indicios irrefutables de que el nonato es un aprendiz aventajado. Los avances producidos gracias al empleo de los ultrasonidos (ecografía) como instrumento de exploración de los diferentes periodos del desarrollo de la gestación han evidenciado incluso la capacidad de movimiento del feto en el útero desde etapas muy tempranas del embarazo.

Como describe Bruce H. Lipton, profesor de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE UU), en su libro La biología de la creencia, el sistema nervioso del feto posee un amplio repertorio de capacidades sensoriales y de aprendizaje, que van almacenando experiencias en su red neuronal y en su memoria celular y que se van configurando a partir de las experiencias en el útero. Y la madre es el primer factor que influye, ya que el bebé se nutre de su sangre, donde hay hormonas del placer y la felicidad (oxitocina) o, por el contrario, pueden abundar hormonas del estrés (cortisol, adrenalina). De este modo, sus redes neuronales se configurarán preferentemente para amar o para la autodefensa.

Según el doctor Peter W. Nathanielsz, director del Centro de Biomedicina Neonatal de Tejas (EE UU), no hay que infravalorar la actitud de los padres, y muy especialmente de la madre, hacia el bebé durante la gestación: “Es importante que acaricie su vientre, que le hable y le cante con ternura, que le ponga música clásica suave con cascos en el abdomen y que interaccione con él con la convicción de que su hijo es receptivo y se siente amado. Algunas de nuestras investigaciones nos demuestran que, cuando estos bebés nacen y van creciendo, son niños más alegres, felices y presentan mejores aptitudes”.