Las vacunas Covid españolas, más lentas pero muy seguras

En semanas podría haber cobayas españoles probando las vacunas que se desarrollan en nuestro país para que estén listas en verano. No podemos competir en velocidad con las grandes farmacéuticas pero sí en calidad. Una de ellas incluso podría erradicar el SARS.CoV-2

La carrera empieza a llegar a su fin, y como los ciclistas que se aprestan a comenzar el sprint final, surgen los acelerones, los apretones de dientes, las salidas en falso y algún que otro codazo. 90%, 94,5%, 95%… los datos de efectividad presentados por las compañías farmacéuticas que preparan las futuras vacunas contra la Covid cotizan en bolsa. Y los ciudadanos de a pie empezamos a aprender términos como inmunogenicidad, proteína en espícula o antígeno mientras soñamos con un mundo normalizado e inmune. ¿Para cuándo? Eso aún nadie puede contestarlo.

Mientras la batalla de las cifras arrecia en el panorama internacional ya que en dos semanas Pfizer y Moderna han presentado tres sets de datos sobre eficacia, Janssen ha iniciado sus ensayo en Fase III, Oxford/AstraZeneca ha anunciado protección en mayores de 65 años –aunque esta semana ha anunciado que debe repetir ensayos ante las dudas sobre su fiabilidad– y Rusia pelea por el liderazgo, más cerca de nosotros, en laboratorios españoles, varios equipos de investigación continúan su tarea pausada y aparentemente ajena al ruido. ¿Qué es de las candidatas a vacuna españolas? ¿Se han caído del cartel? ¿Por qué ya casi nadie habla de ellas?

La respuesta es que todas siguen su camino y que, en algunos casos, pronto (puede que en cuestión de semanas) podrán avanzar hacia las primeras fases de ensayos con humanos. En los últimos cinco días, dos de los proyectos de la vacuna contra la Covid-19 que se investigan en España han avanzado algunos planes futuros. En el primer trimestre de 2021, el Instituto de Investigaciones Biomédicas August Pi i Sunyer (IDIBAPS) iniciará con su candidata el ensayo en fase I, que se espera que pueda llegar a la fase III después del verano.

Por su parte, la vacuna que prepara el Instituto de Investigación Germans Trias i Pujol calendariza el comienzo de la fase I para dentro de un año. ¿Demasiado tarde? ¿Qué planes tienen las otras vacunas españolas?

Ratones humanizados

En el Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas del CSIC, el equipo liderado por Vicente Larraga última los últimos datos para presentar la solicitud de autorización de ensayos con humanos de su vacuna. Fuentes del centro se han mostrado esperanzadas de que esa autorización pueda solicitarse antes de final de año. Para ello es necesario consolidar los que, hasta ahora, parecen buenos resultados de la investigación con ratones humanizados. Si se puede avalar un porcentaje de protección en animales suficientemente alto, es probable que la autorización sea concedida. ¿Qué porcentaje es ese? No está realmenete claro. Comúnmente las agencias del medicamento son muy estrictas a la hora de autorizar ensayos clínicos con humanos. Si una terapia no es capaz de superar el 60 por 100 de protección en las fases preclínicas es difícil que reciba la luz verde para probar en personas.

Pero las cosas han cambiado mucho por culpa de la pandemia. De hecho, las fases primeras de investigación con humanos en las vacunas de Moderna y AstraZeneca se diseñaron sin una certeza clara de porcentajes muy elevados. Algunos datos iniciales arrojaron protecciones del 30 por 100 y en otras ocasiones (como en el caso de Oxford) los autores de los estudios se limitaron a informar de que había «porcentaje de protección suficiente». Aun así, las vacunas de las grandes compañías internacionales siguieron su camino hacia la fase III clínica lo que permite aumentar el optimismo sobre el futuro recorrido de las vacunas españolas.

La del equipo de Larraga es una vacuna basada en tecnología de ADN recombinante, una aproximación relativamente novedosa a la inmunización en humanos aunque el equipo el Grupo de Parasitología Molecular encargado de ella ya creó una terapia similar para la leishmaniasis en perros que está a la espera de comercialización. En lugar de utilizar virus atenuados del tipo SARS-CoV-2 esta vacuna introduce directamente en el organismo el gen correspondiente a un antígeno del virus que induzca protección. El vehículo para transmitir protección es un plásmido sintético creado en el mismo laboratorio: una especie de caballo de Troya molecular que lleva al núcleo de nuestras células el gen concreto que queremos activar, el gen que fabrica la protección contra las proteínas clave que usa el virus para contagiarnos.

En este caso, se han elegido como posibles antígenos protectores de vacunación la proteína S de la superficie del virus, sus subunidades S1 y S2, así como el fragmento de unión al receptor ACE2 de la célula, que son las regiones utilizadas por el SARS-CoV-2 para anclarse en la membrana de la célula objetivo y penetrar en ella?

Resultado esperanzador

Según explica el propio Larraga, «en este momento estamos comprobando la seguridad y eficacia de este método en ratones humanizados. Roedores que hemos modificado genéticamente para que tengan los mismos receptores del virus que tenemos los humanos». Los ratones son inmunes a este coronavirus, por eso hay que simular en ellos una respuesta parecida a la nuestra antes de introducirles el candidato a vacuna. Larraga anuncia que «estamos muy esperanzados de poder ofrecer muy pronto datos suficientemente buenos en ratones que permitan optar a las autorizaciones para probar con humanos».

Fuentes consultadas por LA RAZÓN avanzan que en pocos días se podrán comunicar esos resultados prometedores. A partir de ese momento, y una vez contada con la autorización de las agencias del medicamento, el proceso se acelera. Una de las ventajas que tiene esta tecnología es que el proceso de escalado industrial del candidato a vacuna ya se ha realizado, lo que adelantaría notablemente la fase industrial de fabricación, las pruebas en humanos y su producción posterior.

Hace un mes, el responsable de otra de las candidatas a vacunas patria, el doctor Luis Enjuanes, del Centro Nacional de Biotecnoliogía del CSIC sí se atrevió a poner fecha a nuestras vacunas nacionales. En un seminario online organizado por el Consejo Superior de Investigaciones confió en que la vacuna que él desarrolla esté disponible a finales de 2021 y que «las otras dos vacunas, del CSIC, puedan estar en verano».

La estrategia del equipo de Luis Enjuanes y la doctora Isabel Solá se basa en la modificación genética del propio coronavirus. En concreto se emplea el ARN del SARS-CoV-2 manipulado para eliminar los genes que los convierten en virulento. Se trata posiblemente de la aproximación más novedosa, más compleja y más lenta. Pero la lentitud del proceso se compensa con sus virtudes: es una vacuna muy potente y con capacidad esterilizante, es decir, que no solo protegerá de padecer los síntomas del virus sino que impedirá que el patógeno se reproduzca dentro de la persona contagiada. Es la mejor opción para soñar con erradicar algún día al SARS-CoV-2

Posiblemente, la vacuna patria más avanzada sea la que lidera Mariano Esteban desde el Grupo de Poxvirus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología. Según Esteban, «nuestra vacuna se basa en otra que se ya se utilizó contra la viruela, la enfermedad más mortífera que ha aparecido en la humanidad. Nos ha dado la confianza de que es segura, sin efectos adversos y muy eficaz».

Esta aproximación se basa en el empleo de una variante del virus de la viruela como vector para introducir la proteína S del SARS-CoV-2 en nuestras células. Como no se emplea el virus completo se puede trabar en condiciones de bioseguridad menos estrictas y el desarrollo experimental es menos costoso. Eso permite intuir que esta terapia llegará con más rapidez al mercado además de ofrecer altas cotas de seguridad.