¿Es mejor medir la calidad del aire que limitar aforos?

Un estudio apunta a la necesidad de vigilar el CO2 en vez de apostarlo todo a la limpieza de superficies contra la covid

Las medidas de seguridad en los colegios han sido decisivas para evitar los contagios
Las medidas de seguridad en los colegios han sido decisivas para evitar los contagios FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Un estudio, publicado esta semana por el Área de de Mecánica de Fluidos de la Universidad de Zaragoza ha analizado la calidad del aire en establecimientos hosteleros de la capital aragonesa. El informe recoge las mediciones realizadas en dos establecimientos de la ciudad, con y sin gente. El objetivo era evaluar la calidad del aire y, por tanto, el riesgo de contagio por transmisión aérea, a través de los análisis de CO2 y el comportamiento de los sistemas de ventilación. Si bien medir la cantidad de virus en el aire es muy complejo, la cantidad de CO2 es un muy buen indicador y por ello se recurre a este gas para evaluar la presencia de virus.

Los resultados señalan que «la limitación del 30% puede parecer una garantía suficiente pero en realidad no lo es porque no se tienen en cuenta las particularidades de cada local». Los responsables del estudio consideran que se debe apostar por cambiar el criterio de aforo por el de calidad del aire, desarrollando «criterios, procedimientos y normativas para establecer los límites de calidad del aire en los diferentes establecimientos».

Y esto también es aplicable a los centros educativos. «A pesar que desde el 18 de noviembre el Ministerio de Sanidad reconoció la transmisión a través de aerosoles, se sigue con los protocolos del mes de septiembre, es decir higiene de superficies, pero del aire no se habla –explica Javier Pérez Soriano, docente y técnico en prevención de riesgos laborales–. En los centros educativos el 100% de la inversión va para higiene de manos y superficies. Pero no se destina nada a medir la contaminación en el aire y a enfrentarnos a la ventilación».

Uno de los grandes problemas es que no todas las aulas tienen la misma capacidad de ventilación cruzada imprescindible. El invierno lo complica porque el alumnado pasa frío dentro de clase y en invierno puede que no haya suficiente circulación para garantizar una clase limpia.

«Ventilar entre 5 y 10 minutos entre clase y clase no es suficiente, como aseguraban –añade Pérez Soriano – . Cincuenta minutos cerrados, multiplica por tres o por cuatro la posibilidad de contagio. Lo que se mide con los detectores de CO2 es la cantidad de aire que ya ha respirado otra persona. Menos de 700 ppm (partes por millón) equivale a respirar un 0,9% de aire que ya ha sido respirado. Y es lo adecuado. Pero alcanzar cuotas de 2.000 ppm es un riesgo alto. La ventilación, dice Sanidad, debe ser cruzada, pero no siempre es posible. Y en verano, por más que sea más fácil ventilar, entrará menos aire porque la diferencia de temperatura entre interior y exterior es menor. En muchos centros los pasillos son cerrados y no se ventilan adecuadamente y allí se pueden concentrar los aerosoles, por eso es tan importante contar con medidores de CO2, porque nos dicen cómo ventilar y dónde es más necesario. A día de hoy la transmisión por aerosoles es lo más importante. Y allí es donde hay que tomar medidas».

Para José Luis Jiménez, experto en aerosoles de la Universidad de Colorado y uno de los primeros en advertir de la importancia de los aerosoles meses antes que las autoridades se decidieran a aceptar su importancia, «se trata de un desperdicio de recursos: el teatro de la higiene. Desinfectar superficies no sirve contra este virus, y sin embargo se sigue desperdiciando mucho dinero en hacer esto, y no se ponen en marcha las medidas que si funcionan. Eso hace que tengamos que convivir con muchas mas restricciones durante mas tiempo».

Los medidores de CO2 homologados se pueden adquirir por 60 euros y permiten mostrar y demostrar el aforo permitido en un recinto hostelero o una clase. El problema es que, al invertir en medidas de higiene, según Jiménez, se pierde la oportunidad de una intervención más directa.

«Nosotros tenemos almacenado casi un litro de gel hidroalcohólico por alumno –coincide Perez Soriano – y con la mitad de eso se podrían haber comprado 16 filtros EPA o un medidor de CO2 para cada clase. Si hubiéramos gastado apenas el 50% de lo invertido en higiene y el resto a medidores de CO2 y purificadores de aire, sería mucho mejor. Muchos padres están llegando donde la administración no llega y compran filtros EPA o medidores. El problema es que estamos llegando al nivel que en muchos centros las administraciones no les permiten poner filtros EPA. Por ello es fundamental la pedagogía».

Todo esto coincide con los expertos de la Universidad de Zaragoza en que los focos no se localizan en los centros educativos, y que los casos positivos han sido por contagios en el ámbito familiar o reuniones sociales. Lo que Jiménez y Pérez no comprenden es por qué, sabiendo la importancia de los aerosoles en los contagios, se siguen destinando los fondos a higiene y cero a la limpieza o medición de CO2.