Cardenal Ricardo Blázquez: «Santa Teresa fue la primera mujer declarada doctora por la Iglesia»

Un Congreso Internacional –presencial y online– conmemorará el 50 aniversario del magisterio de la religiosa el próximo mes de abril

El cardenal Ricardo Blázquez, Arzobispo Metropolitano de Valladolid
El cardenal Ricardo Blázquez, Arzobispo Metropolitano de ValladolidJuan Carlos HidalgoEFE

Del 12 al 15 de abril, el Obispado de Ávila, los Carmelitas Descalzos y la Universidad Católica de Ávila (UCAV), con la colaboración de la Universidad Católica Eichstätt-Ingolstadt, celebrarán el Congreso Internacional «Mujer Excepcional. Cincuenta años del Doctorado de Santa Teresa de Jesús» para conmemorar el 50 Aniversario del Doctorado de Santa Teresa de Jesús. El Congreso, que tendrá lugar de forma bimodal –presencial y online–, y tiene abierta su inscripción en https://congresosantateresadoctora.es/inscripcion/. El cardenal Dr. Ricardo Blázquez participará como ponente con la conferencia titulada «Santa Teresa de Jesús ‘Maestra de espirituales’ para nuestro tiempo».

-Celebramos 50 años del doctorado de Santa Teresa. ¿Qué significa su doctorado?

-La definición de doctor nos introduce en el significado del doctorado de Santa Teresa. Doctor es una persona que ha recibido el último y más alto grado académico que confiere una universidad. Doctor «honoris causa» es un título honorífico que conceden las universidades a personas eminentes. Doctor de la Iglesia es el título otorgado por la autoridad suprema de la Iglesia a algunos santos y teólogos que se distinguieron por la excelencia de su enseñanza. Pablo VI dio el título de doctora por primera vez en la historia a dos mujeres: a Santa Teresa de Jesús, el 27 de septiembre de 1970, y a Santa Catalina de Siena, el 4 de octubre de 1870. La Santa es, por tanto, estrictamente hablando, la primera mujer declarada doctora de la Iglesia. Fue una novedad en la historia de la Iglesia, que comporta también un reconocimiento de la mujer.

-¿Qué significa ser doctor o doctora de la Iglesia?

-Recibir este título supone reconocer su magisterio, su enseñanza, sus escritos como relevantes en la Iglesia por su profundidad, su penetración en la fe cristiana, su capacidad para formular y transmitir lo que la Iglesia ha recibido de Jesucristo.

Se puede distinguir un triple magisterio:

a) El de los Obispos y particularmente el del Papa, que autentifica por la asistencia del Espíritu Santo en cada generación la Tradición cristiana.

b) El magisterio de los teólogos se distingue por su capacidad de penetrar intelectualmente en la fe cristiana.

c) El magisterio de los espirituales –tal es el caso de Santa Teresa– se caracteriza por la hondura a través de la oración, de la vida cristiana y apostólica, por la iluminación especial del Espíritu Santo en lo que la Iglesia profesa, celebra y vive.

Estas formas de magisterio se complementan y fundamentan en el «sentido de la fe», que es una especie de instinto incluido en la vivencia de la misma fe. Es saludable para el bien de la Iglesia que se escuchen mutuamente las diversas formas de magisterio. Santa Teresa es también en este aspecto modelo de obediencia al magisterio pastoral de la Iglesia y de consulta a teólogos relevantes por su dedicación laboriosa y su reconocimiento público.

-¿Qué significado tiene que la Iglesia declare también en nuestro tiempo doctores a santos y santas de la Iglesia?

-El doctorado tiene que ver con el don y con la capacidad para enseñar. Las palabras doctor, docencia y docilidad están emparentadas. Para ser docente en la Iglesia se requiere antes y siempre ser dócil a la enseñanza del Evangelio. La docilidad, es decir, la actitud de escucha del Señor, de la Sagrada Escritura, de los demás hermanos en la fe y del mensaje que emiten los acontecimientos, es condición para que lo aprendido pueda ser enseñado. Sólo discípulos del Señor pueden ser docentes en la comunidad cristiana. La condición de doctor en la Iglesia además del esfuerzo perseverante requiere la acción del Espíritu Santo que va llevando a los cristianos, según la promesa de Jesús, a la verdad plena (cf. Jn 14, 26; 16; 13).

-¿Cuál es el rasgo de Santa Teresa que le llama especialmente la atención?

-Son muchos, porque es una persona extraordinariamente rica y sus escritos en cada página sorprenden por los chispazos que deslumbran al lector. En relación con el tema del doctorado, del magisterio espiritual que ha ejercido de hecho y ha sido declarado hace cincuenta años por el Papa, me llama la atención por su contenido y también por su misma formulación varios dichos en relación con la verdad. He aquí algunas frases: «En la oración el Señor enseña grandes verdades»; «humildad es andar en verdad»; «la verdad padece pero no perece»; era «muy amiga de la verdad».

Estas expresiones son lecciones preciosas siempre y de manera particular en nuestro tiempo, que incluso se atreve a hablar de «posverdad». Todos, laicos, consagrados, religiosos y sacerdotes, católicos y también cristianos de otras confesiones tenemos mucho que aprender en la escuela de Santa Teresa de Jesús. Es patrimonio de la humanidad. La charla que se me ha pedido abordará algunas cuestiones a las que termino de referirme.