Cómo es ser madre en un país sin guarderías

La española Clara Abella trabaja en la creación de una de las primeras escuelas infantiles de Sierra Leona

La española Clara Abella  monta una escuela infantil en Sierra Leona
La española Clara Abella monta una escuela infantil en Sierra Leona FOTO: LA RAZON LA RAZON

No hay nación en el mundo que se haya podido quedar al margen de las consecuencias, directas o indirectas de esta crisis de la covid. Bien lo saben en Sierra Leona donde apenas ha habido casos. Una explicación a este gran comportamiento del país africano es la experiencia. Desde que la crisis del ébola golpease allí sin piedad, se pusieron en marcha planes y protocolos de emergencia sanitaria que les han permitido ahora protegerse de esta nueva pandemia. Precisamente por ello Clara, arquitecta española que vive allí desde hace años, trabaja para concienciar a los locales de que la crisis que han sufrido en el resto de países no ha sido tan suave: «La covid ha tenido tan poco impacto aquí que no se lo terminan de creer y ahora no quieren vacunarse. Yo solo les pido que se informen, pero viven en la cultura de ‘si no lo veo no lo creo», cuenta algo desesperada Clara.

Clara Abella en el proyecto de la nueva guardería
Clara Abella en el proyecto de la nueva guardería FOTO: C.A.

Sin embargo, el bloqueo internacional de muchos países para frenar los contagios ha hecho que los productos y materiales que importa Sierra Leona, muchos procedentes de China, hayan triplicado su valor, desde el arroz, la gasolina hasta materiales para la construcción. «Se está volviendo a subsistir de lo que producen las aldeas», cuenta Clara, que también atisba otro grave problema. «Este año el cambio climático se está notando más que nunca. No ha habido estación intermedia y del calor extremo hemos pasado a las lluvias tropicales. Las semillas no han tenido tiempo para arraigar y se están perdiendo con las primeras precipitaciones».

Clara nos cuenta cómo una estudiante de arquitectura acabó enamorándose de Sierra Leona, donde vive con su marido y su hija. «Mi primer viaje fue con la universidad (CEU San Pablo) en 2012, cuando empezamos a colaborar en proyectos de construcción aquí, como la creación de una escuela. A partir de entonces empecé a venir dos veces al año». Cuando Sierra Leona superó la crisis del ébola, Clara decidió trasladarse permanente allí para trabajar en Unimak, el centro universitario de Makeni. También Clara está encargada de supervisar obras a nivel local. «Aquí no existe titulación de arquitectura y la mayoría no saben leer un plano», cuenta Clara como uno de los primeros obstáculos que se encontró.

Clara Abella junto a su hija
Clara Abella junto a su hija FOTO: C.A.

Desde hace año y medio Clara es madre y entiende mejor que nunca las dificultades que pasan las madres allí. La inmensa mayoría de ellas tienen que dejar de trabajar cuando nacen sus hijos, ya que no hay guarderías ni ningún centro escolar hasta que cumplen los cinco años». Por ello, el proyecto que Clara tiene ahora entre manos es la construcción de una guardería, tanto para que los niños crezcan y se desarrollen en un ambiente favorable y las madres puedan seguir desarrollando su vida profesional. Pero aunque Clara dedica su vida a cambiarla, la mentalidad de allí todavía es muy distinta: «Ahora los jefes de personal están asustados y vienen a quejarse de que por mi culpa sus trabajadoras se van a quedar embarazadas», se resigna Clara.

Cuando nació su hija, Clara y su marido, natural de Sierra Leona, estuvieron varios meses en España para resolver la documentación de él: «Fue una pesadilla. Solo faltaba que le entregasen el DNI y poder viajar de vuelta a Sierra Leona, pero justo estalló la pandemia y cerraron inmigración». Lo que iban a ser unos meses acabó convirtiéndose en un año sin poder salir.