La obesidad, el otro gran problema global de salud

Las nuevas investigaciones buscan dianas moleculares para poder regular el sobrepeso

El sobrepeso es uno de los grandes males de la civilización occidental
El sobrepeso es uno de los grandes males de la civilización occidentalCENTRO LAPAROSCÓPICO DOCTOR BALLESTA CENTRO LAPAROSCÓPICO DOCTOR BALL

Se ha celebrado un nuevo Debate Caixa.Research-Investigación y Salud, organizado por la Fundación “la Caixa” , que en esta ocasión se centró en el reto de curar la obesidad y que contó con la participación del investigador Miguel López, del Grupo de NeurObesidad del CiMUS, de la Universidad de Santiago de Compostela, y la investigadora Sonia Fernández Veledo, del Instituto de Investigación Sanitaria Pere Virgili (IISPV), el Hospital Universitario de Tarragona Joan XXIII y el CIBERDEM.tg

Ambos investigadores, coincidieron en señalar que la obesidad es un problema de salud global, de manera que es clave concienciar a la población acerca de ello y desarrollar proyectos de investigación destinados a curar esta patología. “La gente ha de ser consciente de que la obesidad no es algo estético, sino que es uno de los grandes problemas de salud a nivel mundial, es una enfermedad y, por lo tanto ha de ser tratada como tal y esto no está reconocido a nivel social”, comentó al respecto Sonia Fernández.

Por su parte, Miguel López recordó que “antes de la COVID, teníamos otra pandemia a nivel global que es la de la obesidad, con unos números muy alarmantes” y destacó la importancia de apoyar la investigación en este ámbito. “En obesidad, no se invierte el esfuerzo que se ha invertido, por ejemplo, en el desarrollo de la vacuna del COVID”, constata el investigador, quien lidera un proyecto, que cuenta con el apoyo de la Fundación ‘la Caixa’, que busca identificar nuevas dianas moleculares que puedan ser utilizadas para el desarrollo de fármacos contra la obesidad.

“Llevamos muchos años estudiando una serie de proteínas, unas neuronas del hipotálamo, que en modelos animales podemos regular como queremos y hacer que animales de laboratorio que comen mucho pierdan peso, que los que comen poco ganen peso y todo ello modulando, no tanto la cantidad de alimento que comen, sino la cantidad de energía que gastan, la cantidad de calorías que invierten en su actividad cotidiana, especialmente regulando la temperatura”, explica al respecto el investigador para a continuación señalar que “haciendo que animales de laboratorio que comen mucho gasten más podemos conseguir que pierdan peso”.

En este contexto, el proyecto que actualmente está desarrollando su equipo consiste en buscar nuevas vías de vehiculización que permitan llegar a esa proteína, la AMPK, cuya función en el hipotálamo ya descubrió Miguel López y su equipo en 2010, con métodos de administración y tratamientos que sean aplicables a humanos. “En animales de laboratorio hacemos intervenciones quirúrgicas y podemos colocar en el hipotálamo virus que nos permiten regular esas moléculas, pero ésta no es un tipo de terapia admisible en el caso humano, de manera que es necesario hacer tratamientos más fáciles de aplicar, como una inyección o un tipo de aerosol, que te permita llegar a esas neuronas de manera muy selectiva”, comenta Miguel López.

Es decir que el objetivo principal de su investigación se concreta en hallar nuevas vías que permitan englobar reguladores específicos, los cuales puedan llegar a esas células en el hipotálamo y permitan así modular su actividad para poder controlar la cantidad de energía que gasta todo el organismo. Hasta el momento, el trabajo se ha basado en modelos pre clínicos, pero como indica el investigador, “ya hemos desarrollado nuevas herramientas nanotecnológicas que nos permiten llegar a esas neuronas y poder regular esta proteína de manera muy selectiva, sin necesidad de hacer ningún tipo de cirugía invasiva a nivel cerebral y conseguir que animales obesos, adelgacen”: Al respecto, Miguel López quiere dejar claro que en su investigación, a diferencia de otras, " no se evita que los animales engorden, sino que se consigue que animales obesos, con patología metabólica, adelgacen, es decir que curamos la obesidad de estos animales”.

En estos momentos, el nivel de desarrollo del proyecto es de dos tercios y ahora los investigadores se centran en buscar nuevas vías de vehiculización. “Nos planteamos, por ejemplo, un aerosol como tecnología que nos permitiera llegar a esas neuronas”, concluye Miguel López, quien señala que, al margen de la suya, “hay muchas estrategias para curar la obesidad”, como la que está desarrollando también Sonia Fernández y en la que él mismo participa, que se centra en “hacer una visión un poco integrada de diferentes órganos y sistemas que estarían implicados en la fisiopatología de la obesidad”.

“Se sabe que todos los órganos de nuestro organismo están comunicados y que una disregulación de esta comunicación podría estar afectando al desarrollo de obesidad”, señala al respecto la investigadora para a continuación indicar que en este contexto, su equipo se ha centrado en un nuevo sistema que podría estar implicado en esta conexión que hay entre el intestino, el tejido adiposo y el cerebro y, concretamente en un sistema que tendría como elemento principal un metabolito que es el succinato, que se produce por nuestras células, pero tiene la peculiaridad de que además, se produce por la microbiota intestinal.

La microbiota intestinal es un órgano clave, que consiste en bacterias que tenemos en nuestro intestino y que sabemos que su función es clave para la integridad del intestino, para el sistema inmune, para que seamos capaces de digerir bien los alimentos y almacenar la energía....y el succinato es una de las sustancias, de los metabolitos, que produce esta microbiota intestinal. “En nuestro estudio proponemos que este nuevo metabolito, que se conoce desde hace años pero que siempre se había estudiado desde otra perspectiva, es producido por la microbiota, pasa a circulación y puede llegar a diferentes tejidos y aquí regular y creemos que tras la ingesta se produce un aumento del succinato a nivel circulante y queremos ver que éste proviene de la microbiota, iría al hipotálamo y estaría produciendo una sensación de saciedad e iría también al tejido adiposo, donde estaría también regulando el almacenaje de energía”, explica Sonia Fernández, quien al respecto aclara que “es un nuevo sistema de interacción entre diferentes tejidos que se coordinan para regular nuestro metabolismo tras la ingesta y que, en los casos de obesidad, este mecanismo está totalmente disregulado”:

“Sabemos que, en una persona obesa, los niveles circulantes de este metabolito están muy incrementados y esto es consecuencia de una disbiosis, que es cuando hay una disregulación de nuestra microbiota intestinal, y queremos demostrar con nuestro estudio que esta disbiosis intestinal es la causa de que este metabolito esté aumentado y, al estar aumentado, toda su función fisiológica, que haría de manera natural, no estaría funcionando correctamente”, señala la investigadora que revela que actualmente su equipo está intentando en laboratorio “disminuir estos niveles del succinato para intentar recuperar sus funciones fisiológicas”.

“Si somos capaces de disminuir estos niveles y que vuelvan a su nivel normal, podemos recuperar este sistema, y una manera de disminuir los niveles es actuando directamente sobre la microbiota”, comenta para a continuación explicar que “en un nuestro intestino hay bacterias que producen succinato y otras que lo consumen y en obesidad hay una disregulación y hay muchas bacterias productoras y una disminución de las consumidoras”. “Tenemos datos de un estudio pre clínico con animales que demuestran que si podemos hacer una intervención probiótica con una bacteria que consuma succinato, podemos disminuir estos niveles de succinato en la circulación y, por lo tanto, recuperar sus funciones fisiológicas”

Ahora, con el proyecto de la Caixa, lo que queremos es profundizar un poco más sobre qué está haciendo el succinato en el hipotálamo, qué está haciendo en el tejido adiposo, en el que creemos que estaría regulando una hormona que a su vez estaría actuando sobre el hipotálamo y sobre el

sistema nervioso central, y los datos que tenemos apuntan a que podemos modularlo a nivel sistémico tratando la microbiota intestinal.