Proteger los ojos dentro y fuera del agua

El cloro, la exposición al sol o malos hábitos de higiene pueden producir daños, por lo que siempre hay que mantenerlos limpios y seguir unos cuidados fundamentales

Evitar frotarnos los ojos, no secarnos con toallas ajenas, mantenerlos hidratados y utilizar gafas para el baño y el sol es fundamental
Evitar frotarnos los ojos, no secarnos con toallas ajenas, mantenerlos hidratados y utilizar gafas para el baño y el sol es fundamentalUnsplash

El verano está aquí, ha llegado el momento de disfrutar del tiempo libre, de ir a la piscina, de tomar el sol, de las vacaciones. Pero este momento de relajación, conlleva tomar ciertas precauciones, para evitar problemas, especialmente oculares. El cloro de las piscinas, compartir toalla a la hora de secarnos o la exposición a los rayos solares, pueden producir daños en los ojos si no se protegen adecuadamente en esta época veraniega.

El ojo es el órgano principal del sistema visual, funciona como una cámara fotográfica, percibe y capta las imágenes del exterior y las envía al cerebro. Su sistema óptico está compuesto por la córnea, que refracta la luz; el cristalino, que enfoca la imagen, y la retina que la recibe, la procesa y la emite a través del nervio óptico. Es de forma esférica, de unos 2,5 centímetros de diámetro y está protegido por los párpados y las pestañas que evitan que la suciedad, el polvo y la luz excesiva entren en su interior y lo dañen.

Desde que los abrimos al despertar hasta que los volvemos a cerrar para dormir, los ojos no paran de “trabajar”, recibiendo todo tipo de información del exterior: movimientos, colores, formas, luz y los exponemos a las pantallas del móvil, del ordenador y la televisión. Y ahora, en verano, también al aire acondicionado, que los reseca en exceso, al sol cuyos rayos UV son más fuertes en esta época del año, a las bacterias del agua del mar y a la irritación del cloro de las piscinas. Más de una vez al salir del agua nos han dicho que teníamos los ojos rojos, o hemos notado como si tuviéramos “arenilla” dentro del ojo, además de picor y escozor.

Esta sensación puede ser, casi con toda seguridad, conjuntivitis, una inflamación o infección de la conjuntiva, la membrana transparente que está entre el párpado y el globo ocular. La conjuntivitis irritativa puede ser vírica o bacteriana y los síntomas que las caracterizan son “ojos rojos, escozor, quemazón, hipersensibilidad a la luz, sensación de cuerpo extraño y lagrimeo. Suele estar provocada por un exceso de cloro y la presencia de otras sustancias químicas en el agua, así como por el sol”, explica el doctor Alberto Vicente López Masegosa, oftalmólogo del Hospital Quirónsalud Cáceres.

Las personas que utilizan lentes de contacto, que tienen algún tipo de alergia o que padecen ojo seco, deben extremar las precauciones. Para los niños, que están más tiempo en el agua y que les encanta bucear con los ojos abiertos, el especialista recomienda el uso de gafas de nadar y gafas de sol homologadas con lentes polarizadas, y así se evitarán contagios. No olvidemos que los ojos son nuestra ventana al mundo que nos rodea, y debemos mantenerlos limpios, cuidados y protegidos siempre. Por eso es importante, después del baño en la piscina o en la playa, “limpiar los ojos con suero fisiológico, aplicar gotas humectantes para restaurar la producción normal de lágrimas, evitar frotarse los ojos al salir de la piscina y compartir toalla a la hora de secarse” añade el doctor López Masegosa.

Aunque las gafas de sol protegen de los rayos solares, siempre puede quedar un hueco por donde entren, por eso un sombrero nunca esta de más. El sol puede dañar todas las capas oculares, generar sequedad del ojo y la aparición de crecimientos en la parte blanca del ojo (pterigium y pinguéculas), que suelen ser leves y transitorios, pero si no se tratan a tiempo pueden causar daños mayores en la córnea como queropatías superficiales. Cuando los rayos del sol consiguen atravesar el cristalino, favorecen la aparición de cataratas.

La mácula es una zona del ojo que está dentro de la retina y permite tener visión de los detalles, distinguir las caras, leer sin dificultad y distinguir los movimientos, cuando los rayos del sol inciden en esta zona “provoca un daño fotoquímico que favorece, junto con otros factores como la alimentación, edad o predisposición, la aparición de degeneración macular asociada a la edad, un proceso de envejecimiento de la mácula que provoca un deterioro importante de la visión” añade el oftalmólogo.

Evitar frotarnos los ojos, y si lo hacemos, procurar que las manos estén limpias, no secarnos con toallas ajenas, mantener hidratados los ojos y utilizar gafas para el baño y el sol. Con estos consejos, tendremos un verano sin problemas oculares. Pero si surge cualquier complicación, acudir al especialista. Además, no olvidar utilizar protección solar, no tomas el sol en exceso ni en las horas centrales del día y beber agua para evitar la deshidratación, los golpes de calor y así disfrutar de unas vacaciones veraniegas tranquilas y merecidas.