¿Pasan los niños demasiado tiempo usando nuevas tecnologías?

Más del 75% de los menores de 2 años y el 64% de los pequeños entre 2 y 5 años sobrepasaban los límites de exposición a las pantallas recomendados por las autoridades sanitarias.

La reducción de la calidad y la cantidad del sueño es un efecto demostrado del uso excesivo de pantallas por parte de niños y adolescentes
La reducción de la calidad y la cantidad del sueño es un efecto demostrado del uso excesivo de pantallas por parte de niños y adolescentes FOTO: T. Nieto

Dos tercios de los niños menores de cinco años en el mundo rico pasan más de una hora al día contemplando una pantalla de televisión, de ordenador, de teléfono móvil o de cualquier otro dispositivo electrónico. El dato ha sido desvelado en un nuevo metaanálisis publicado por la revista JAMA Pediatrics de la mano de investigadores de la Universidad de Calgary. Para obtenerlo se revisaron más de 63 investigaciones internacionales sobre comportamiento infantil preescolar que afectaban a 89.163 niños de diferentes países.

Más del 75% de los menores de 2 años y el 64% de los pequeños de entre 2 y 5 años sobrepasaban los límites de exposición a las pantallas recomendados por las autoridades sanitarias. Muchas asociaciones internacionales de Pediatría coinciden en limitar a una hora diaria el tiempo ante el monitor antes de que se cumpla el primer lustro de vida.

Según una de las autoras del trabajo, la psicóloga Sheri Madigan, “la población pre-escolar se ha convertido en el grupo de edad en el que más ha crecido el uso de dispositivos electrónicos en los últimos años”. Y el fenómeno no puede ser achacado a los sinsabores del confinamiento por culpa de la pandemia. En tiempos pre-Covid ya se había experimentado un fuerte crecimiento del acceso de menores a las pantallas digitales.

Normas de uso deseable

Lo cierto es que la relación entre los más pequeños y la tecnología está aún muy poco estudiada. El informe más actualizado sobre tiempos de exposición a los aparatos y población pediátrica data de 2016. En él se especificaban algunas normas de conducta deseables para evitar trastornos infantiles derivados de la excesiva exposición a las pantallas.

En menores de 18 meses, la Asociación Americana de Pediatría recomienda que no exista contacto con pantallas más allá de esporádicos encuentros con familiares lejanos a través de videochats.

Entre 18 y 24 meses, la recomendación de esta y otras instituciones que beben de sus informes establece límites no superiores a la hora diaria y siempre y cuando se utilicen solo aplicaciones y contenidos adaptados especialmente para esa edad.

Entre los 2 y los 5 años, el criterio más habitual es recomendar un tope de 1 hora para cualquier interacción con un monitor.

Los primeros cinco años de vida de un niño son especialmente sensibles ya que en ellos se experimenta una gran velocidad de crecimiento neuronal y de desarrollo sináptico. En algunos estudios controvertidos se ha hallado cierta asociación entre el exceso de presencia ante las pantallas y alteraciones en el correcto desarrollo cerebral.

Niños y tecnología
Niños y tecnología FOTO: T. Nieto

¿Afecta al comportamiento?

Sin embargo, no se ha podido establecer científicamente con toda certeza que esta relación conduzca a deterioros concretos y medibles de la actividad, del aprendizaje o del comportamiento. En este sentido, otra investigación publicada esta misma semana ha venido a arrojar algo más de polémica al asunto.

Una vez más, los expertos de Calgary han analizado una gran muestra de investigaciones publicadas en todo el mundo (en este caso 87 publicaciones que engloban a 160.000 niños) para responder a la pregunta concreta de si el abuso de la tecnología tiene un efecto observable en el comportamiento de los más pequeños. El resultado del trabajo, en sus propias palabras es que “la mayor exposición a las pantallas tiene un efecto leve pero visible en la internalización y externalización de problemas de conducta”. Se entiende que un problema de conducta se externaliza cuando provoca reacciones como la ira, la agresión o la falta de atención y se internaliza cuando deriva en ansiedad, depresión o estrés, entre otros desórdenes.

Los resultados han dado algunos datos para la reflexión. Por ejemplo, se ha encontrado una mayor propensión a externalizar problemas de conducta con el abuso de las pantallas en niños que en niñas. Este hallazgo coincide con otros estudios realizados desde hace algunos años que apuntan a que los varones son más propensos a evidenciar los efectos de consumo digital excesivo. También parece demostrado que es más habitual que se produzcan externalizaciones del problema (ira, agresividad) que internalizaciones (depresión, ansiedad…)

Se ha encontrado que la tendencia a generar comportamientos agresivos es más común en países de Oriente Medio quizás porque en muchos de los países estudiados de esa región se ha experimentado una mayor penetración de tecnologías en edades pre-escolares.

El trabajo ha sido, sin embargo, duramente criticado en algunos foros profesionales. En primer lugar porque el estudio estadístico revela una “pequeña” incidencia del uso de pantallas en el comportamiento infantil pero no especifica cómo es esa incidencia. De hecho en muchos países estudiados solo se aprecia un 1% de variabilidad en el comportamiento de los niños que las usan con respecto a los que no.

Otras investigaciones previas parecen indicar que, si bien existe una relación entre la tecnología y ciertos problemas de comportamiento, la culpa no puede asignarse al tiempo de uso si no al tipo de contenido que se visualiza.

En España, recientes datos extraídos del informe Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) de la infancia aseguran que los niños de entre 3 y 13 años pasan cerca de cinco horas diarias como media frente a un monitor. En la parte alta de la franja (12 y 13 años) el tiempo de pantalla llega a las 7 horas diarias.

Efectos sobre el sueño

Expertos de la Universidad del Sur de Dinamarca han publicado este mes una revisión científica que determina que existe una relación directa entre el uso de medios electrónicos y la pérdida de horas de sueño a esas edades. Entre cero y cinco años, la exposición al teléfono o la Tablet reduce la cantidad y la calidad del sueño. Antes de los 12 años, el empleo de dispositivos justo antes de dormir alarga las horas de vela y conduce a una mayor propensión a despertarse en mitad de la noche.

La relación entre el sueño y la salud a edades tempranas está muy estudiada. En horarios nocturnos y durante el tiempo de descanso se segrega hormona del crecimiento, sobre todo durante la fase de sueño de ondas lentas. Si se altera esa fase del sueño, se afecta directamente a la hormona del crecimiento infantil.

No está claro, sin embargo, que el uso de pantallas tenga una relación demasiado directa con otros trastornos del comportamiento, con la propensión a la violencia o con déficits del desarrollo cognitivo. Pero es evidente que altera algunos patrones de conducta, aunque sea moderadamente y, sobre todo, no cabe duda de que nuestros niños y niñas pasan más tiempo mirando un monitor que prácticamente casi cualquier otra actividad diaria.