«Algunos suicidas miran a los ojos al maquinista»

Los conductores de tren trabajan bajo la amenaza constante del arrollamiento: hasta el uno de octubre se han producido 127 en España, más del 80% de personas que se arrojaron a la vía

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Detrás de la comisión de un acto suicida siempre hay una historia de dolor y una familia rota, da igual cómo se haya producido. En el caso de los arrollamientos en las vías de tren españolas la onda expansiva llega más lejos. Todos los maquinistas saben que se van a encontrar con varios, si no muchos, en su carrera profesional. Sin embargo, según sea la situación personal del trabajador, su biografía, el impacto será más o menos profundo. En lo que llevamos de año se han producido 127 arrollamientos con un resultado de 76 muertos. Un centenar de conductores de tren tocados.

Marta Pérez de Vargas Bonilla es la jefa del área de Psicología Laboral del Grupo Renfe. En conversación telefónica, explica a este periódico que «el personal de conducción tiene claro que esto les va a ocurrir en algún momento de su carrera profesional y les damos formación para ello». Desde 2016 hay un servicio especial destinado a los maquinistas envueltos en arrollamientos cuyo principal objetivo es «restablecer a la persona para que vuelva a hacer su actividad lo más pronto posible». En la mayoría de casos se consigue, al parecer son muy pocos los que necesitan coger la baja laboral por desarrollar estrés postraumático y casi todos son capaces de recorrer esa misma línea al día siguiente con garantías de seguridad.

Para el maquinista es prácticamente imposible evitar el atropello. Los suicidas saben dónde colocarse para que la misión tenga éxito y se sitúan en lugares inmediatamente después de una curva o donde no hay mucha visibilidad. Existen incluso foros en internet en los que se revelan los sitios exactos, los más propicios, lo que deja al conductor sin ninguna posibilidad de frenar antes del choque. Asegura Marta que «el que se va a suicidar sabe muchas veces dónde se pone. Cuando el maquinista puede reaccionar, ya le ha pasado cinco vagones por encima al cuerpo».

Una vez que se ha producido el impacto y el maquinista ha logrado detener la marcha, pedirá permiso para abandonar el tren y acercarse a la persona: «El maquinista baja entonces a la vía a ver si la persona sigue con vida o, irremediablemente, debido al impacto y la velocidad, pues no ha podido ser. Hay veces que si vas paseando cerca de la vía y te da el aire lateral, te desplaza y te quedas malherido. Entonces se pone en marcha el dispositivo del 112».

La atención psicológica que recibe el maquinista a partir de entonces será telefónica e inmediata, con una llamada de control a las 24 horas y las que hagan falta según el caso. «En la primera comunicación se le pregunta al trabajador cómo se encuentra para ver si puede continuar la marcha. Algunos piden un relevo y se acomoda a los pasajeros a otro tren. Cada vez nos encontramos a más maquinistas que piden ser relevados. Otros hasta que no llegan a casa no rompen y se encuentran en una situación muy, muy desagradable».

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La media de intervenciones terapéuticas está entre tres y cuatro, sin límite de ocasiones ni de tiempo. Pérez de Vargas explica que «esto que sucede tan de repente supone un impacto para el trabajador, lleve 20 años o lleve 3. Tenemos gente que ha tenido 10, 18 sucesos, y nunca le ha pasado nada porque lo ha interiorizado todo de una manera muy tranquila, pero, de pronto, tras un caso concreto, el maquinista salta. Gente que hemos tenido en shock, que no iba ni para delante ni para detrás, que no ha podido verbalizarlo porque el suicida lo ha hecho de una manera, con muchísima carga emocional, mirándole a los ojos directamente mientras le estaba arrollando».

¿Y qué ocurre después? ¿Hay contacto entre la familia del fallecido y el trabajador? «Algunos sí consideran que necesitan saber cómo está la persona si ha quedado herida o quieren hacer llegar una carta al familiar del fallecido. Esta situación es inviable dentro de la empresa por la Ley de Protección de Datos. No es competencia nuestra. Lo quieren hacer para disculparse y así curar su duelo por lo sucedido. Para ellos también es un duelo y tienen que pasar por todas las fases».

La cifra de arrollamientos descendió ostensiblemente durante 2020, el año de la pandemia. Apenas se produjo un centenar, mientras que 2017 fue uno de los más negros con un total de 182. Sobre todo tienen lugar cerca de los núcleos urbanos, en trenes de Cercanías y Media Distancia, de ahí que Cataluña sea la comunidad autónoma que más casos registra, seguida de Madrid y Andalucía.

La gran mayoría de estos arrollamientos se debe a acciones suicidas, entre el 80 y el 90 por ciento. Pero también se producen accidentes, gente despistada que no escucha el ruido del tren, mayores que andan de paseo, niños jugando en la vía o personas a las que les gusta el riesgo y vivir al límite. Este rosario de posibilidades causa un enorme estrés al personal de conducción, que no sabe muy bien con qué se va a encontrar cuando arranca una nueva jornada.

Francisca es una de las pocas mujeres que lleva trenes. Fue una pionera en Renfe y desde 2006 está detrás de los mandos. De los 5.900 maquinistas, el porcentaje femenino no llega al ocho por ciento. Ella ha tenido mucha suerte porque en tantos años de servicio solo se ha topado con un caso, algo que es excepcional. Reconoce que sí es un tema del que se habla entre los compañeros, es una posibilidad que siempre está presente y al acecho. Tratan de desahogarse entre café y café porque todos pasan por las mismas situaciones y nos les queda otra que estar mentalizados. También les ayuda escuchar las experiencias de otros para aprender a identificar algunas señales de alarma y, si hay muchísima suerte, lograr anticiparse: «Creo que en alguna ocasión he logrado evitar un arrollamiento porque he visto que alguien estaba merodeando por la vía y he avisado a Seguridad».

Hace memoria de aquel día de diciembre en que vivió su único arrollamiento: «Lo mío fue muy rápido. Un día sobre las nueve de la noche, al entrar en una curva, me topé con una persona que no había visto el tren por la escasa visibilidad. Es algo inmediato, primero pitas, activas el freno de urgencia y luego el golpe. Ya está», recuerda Francisca. La persona arrollada solo resultó herida. Ella misma lo pudo comprobar cuando bajó del tren a hacer el control de daños. «Desde el centro de mando avisaron a los equipos sanitarios, que llegaron muy rápido porque estábamos al lado de un núcleo urbano. De verdad que tuve mucha suerte porque, cuando llegué hasta la persona, ya estaban los paramédicos trabajando. En este caso fue claramente un accidente».

Francisca pudo abandonar el lugar de los hechos después de que le tomaran declaración y le hicieran las pruebas de alcohol y drogas. Sobre todo, tuvo la fortuna enorme de marcharse con la seguridad de que la persona iba a sobrevivir: «Uno de los mossos me dijo que estuviera tranquila. Me dijo: ‘’¡Sale adelante, está gritando, así que sale adelante!’’».