Adictos al sexo

Michael Douglas reabre el debate en Hollywood sobre esta patología en el que el placer se convierte en una esclavitud. La lista de «celebrities» crece, aunque muchos se escudan en la enfermedad para justificar sus continuas infidelidades

Los destellos del «star system» –y del universo «celebrity» en general– han iluminado, con probada influencia, muchos aspectos rutinarios del común de los mortales. El efecto de sus actos y palabras sobre la sociedad, los jóvenes, las causas sociales, la moda y hasta las intervenciones de cirugía estética (en las que muchos pacientes piden ser esculpidos a imagen y semejanza de sus ídolos), están avalados por centenares de estudios y estadísticas. Su influjo es tal que se extiende también a cuestiones médicas y de salud, como demuestra el revuelo que causó Angelina Jolie hace unas semanas al hacer público que se había sometido a una doble mastetomía preventiva por la predisposición genética que tenía a padecer cáncer de mama. Pero, eso sí, no todos los famosos se mueven con igual acierto en el terreno de la concienciación social, como demuestra la polémica suscitada por Michael Douglas tras confesar que su cáncer de garganta se debía a la práctica de sexo oral –por la que había entrado en contacto con el virus del papiloma humano–. «Intentaba hacer un poco de servicio público», se justificó el protagonista de «Instinto básico» tras contemplar con estupor la polvareda que habían levantado por sus declaraciones. Y es que, por mucho que la comidilla hollywoodiense ignore los desmanes de Douglas, lo cierto es que sus palabras no han tardado en surtir efecto en Los Ángeles, y hasta su ex mujer, la sufrida Diandra Luker, se ha apresurado a desmentir que ella pudiese ser la causante de la enfermedad del veterano intérprete. Los críticos más irascibles también han levantado el dedo acusador por la difícil situación en la que Douglas ha puesto a su actual esposa, Catherine Zeta-Jones (que padece trastornos bipolares), con sus polémicas declaraciones.

Conductas inapropiadas

Pero lo cierto es que cuando el protagonista de «Acoso» saca a relucir alguna de sus enfermedades, sus parejas no suelen salir muy bien paradas. De hecho, hay que reconocerle varios méritos en la visibilidad de ciertas enfermedades, entre ellas, haber puesto sobre la mesa una patología poco conocida hasta entonces como la adicción al sexo, por la cual atravesó una época adúltera y obsesiva que, según él mismo ha confesado, le acabó pasando factura. El intérprete hizo visible esa heterogénea frontera que separa la picaresca del trastorno y, desde entonces, la lista de «celebrities» que se han confesado adictas al sexo no ha parado de crecer. Eso sí, a juzgar por las cifras que manejan los expertos, más de una se ha inventado el diagnóstico para justificar su conducta. Las estadísticas indican que un 6% de la población padece esta patología y, sólo teniendo en cuenta el número de «confesos» que hay entre los famosos, el porcentaje se dispara. Por eso, los piscólogos advierten de que, a pesar de que las personas públicas favorecen el conocimiento de una determinada enfermedad, esto también entraña un peligo: «Se confunden términos y puede haber gente que aproveche para medicalizar cosas que no son enfermedades, sino conductas totalmente inapropiadas», comenta el doctor Josep María Farré, especialista del Instituto Universitario Dexeus, y uno de los profesionales más prestigiosos en materia de sexualidad y adicción al sexo.

A pesar de todo, sí existe un factor de riesgo que podría estar asociado con las «celebrities»: el nivel adquisitivo. De hecho, muchas veces se ha señalado esta enfermedad como un trastorno que afecta especialmente a personas poderosas. Y, aunque puede darse en todos los estratos sociales, lo cierto es que datos clínicos, como los del equipo que lidera el doctor Farré, hablan de que la incidencia de la enfermedad es más fuerte entre los hombres «con un mayor nivel socioeconómico», sostiene el doctor. Hay una cuestión práctica que justifica esta relación, como ya se preocupó de explicar, no sin polémica, el controvertido Charlie Sheen, que atribuyó su adicción al sexo a su inmensa fortuna. Por cada capítulo de «Dos hombres y medio» el intérprete cobraba más de 1.300.000 euros, por eso no dudó en alegar que empezó a invertir dinero en sus relaciones íntimas porque «tenía mucho dinero para gastar y me quedé sin cosas que poder comprar».

Extravagancias al margen, aunque la picaresca y el morbo que despierta este tema pueda llevar a pensar que más que una enfermedad esto es una bendición, la esclavitud y la senda autodestructiva a la que se ven abocados quienes de verdad padecen esta patología resultan demoledoras. «Practicar sexo no genera adicción, es la falta de autocontrol, el no freno, lo que produce el problema. La práctica llega a ser tan repetitiva y compulsiva que genera una disminución de la ansiedad y una mayor tolerancia, por lo que cada vez se necesitan más dosis. Es entonces cuando hablamos de adictos. Se trata de una especie de camino, desde la sexualidad descontrolada hasta la compulsión y la necesidad de cada vez más sexo», asegura Farré.

Esclavos de sus personajes

Una necesidad que conocen a la perfección algunos intérpretes, además de los mencionados Michael Douglas y Charlie Sheen, que han acabado convirtiéndose en esclavos de sus personajes –o bien sus papeles estaban hechos a medida–. Uno de los mejores ejemplos es el de David Duchovny, que en la ficción pasó de la tensión sexual no resuelta de «Expediente X» a interpretar a un obseso sexual en «Californication», y en su vida real acabó ingresando en un centro de rehabilitación para superar su adicción. Ya lo decían en la película «Entre las piernas», de Manuel Gómez Pereira: «Es difícil encontrar una sola persona en este mundo que no tenga problemas sexuales. Pero a la mayoría no les produce ni dolor ni ansiedad ni les deja trastornados las 24 horas del día como a nosotros». Aunque la película se centraba más en el aspecto erótico –que redunda en la célebre cita de Woody Allen: «El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores»–, quienes realmente sufren esta enfermedad suelen ser personas con trastornos de control (impulsivos) y unos buscadores natos de la novedad. Sobre este último punto, Farré asegura que «nos pasa a todos, pero el problema es cuando ocurre de forma descontrolada». En general, el perfil de un paciente adicto al sexo suele estar asociado a gente «con poco control sobre su vida, que se deja llevar y se separa de sus metas con facilidad. Son personas algo frías, con poca empatía, que no se dan cuenta del daño que pueden hacer», comenta el experto. A pesar de todo, es una adicción que tiene cura. Que se lo digan sino a Michael Douglas: Catherine Zeta-Jones, 25 años menor que él, fue sin duda una de las mejores medicinas.

REHABILITACIÓN PARA VIPS

Desde que el paciente reconoce su enfermedad hasta que supera la adicción transcurre un duro y, a veces, largo proceso. De hecho, muchas «celebrities» optan por la terapia interna en clínicas especializadas para someterse a tratamientos intensivos. Entre los centros más reputados está el Pine Grove Behavioural de Mississippi, en Estados Unidos, al que acudió Tiger Woods tras darse a conocer su comportamiento infiel compulsivo. Michael Douglas, por su parte, se trató en la clínica Sierra Tucson, en Arizona, para superar su adicción al sexo y al alcohol, después de que su mujer Diandra lo encontrase en la cama con una de sus amigas. Por su parte, Lindsay Lohan acudió al Centro Betty Ford en Rancho Mirage, California, para superar sus múltiples adicciones.

Michael Douglas

El protagonista de «Instinto básico» «popularizó» la enfermedad. Casado con Diandra, mantuvo relaciones extramaritales de forma compulsiva

HughGrant

Tras más de una década juntos, su relación con Elizabeth Hurley se fue al traste tras ser arrestado practicando sexo en la calle a una prostituta

Lindsay Lohan

Entre las múltiples adicciones de quien fuera una joven del universo Disney se encuentra el sexo compulsivo, según desveló su ex novio Tiger Woods

Sus juergas y múltiples infidelidades pusieron en jaque su carrera. La obsesión por el sexo le costó su matrimonio y un carísimo divorcio

Britney Spears

Su ex marido, Kevin Federline, hizo público el insaciable apetito en la cama de la cantante, un desorden que podría estar asociado con su bipolaridad

David Carradine

La muerte del actor en 2009 se produjo por practicar una «auto asfixia erótica». Su ex mujer habló de sus juegos sexuales «desviados»

Pelé

El mítico futbolista brasileño y triple campeón del mundo reconoció tener un problema de adicción al sexo. Sonados fueron algunos de sus romances, como el que vivió con Xuxa

Cameron Díaz

No de una forma compulsiva, pero sí repetitiva; la actriz confesó que «adora» el sexo y «hacerlo varias veces al día» es la mejor medicina

Magic Johnson

Su adicción y la práctica descontrolada de relaciones sin precaución (dijo que se acostó con más de 3.000 mujeres) le llevó a contraer sida

David Duchovny

Su papel en «Californication» fue premonitorio: el actor ingresó voluntariamente en una clínica para curar su obsesión por el sexo

Sharon Stone

Su mítico cruce de piernas se ha convertido en una de las escenas más «hot» del cine. Fuera de las pantallas, también asegura ser fogosa en exceso

RobLowe

Su irrefrenable impulso sexual le hizo protagonizar escándalos como el vídeo en el que salía acostándose on dos mujeres, una de ellas menor

J. F. Kennedy

El doctor Jed Mercurio desveló en un libro su obsesión carnal y las severas cefaleas que éste padecía si pasaba más de tres días sin la compañía de una mujer