Carmen Quintanilla: "La mujer rural sufre una doble discriminación"

Presidenta de Afammer

Desde la Asociación de Familias y Mujeres del Mundo Rural critican que ellas solo representan el 25% de los socios en las cooperativas agrarias.

Con motivo del Día de la Mujer en el Mundo Rural, LA RAZÓN habla con Carmen Quintanilla, la presidenta de la Asociación de Familias y Mujeres del Mundo Rural (Afammer)

-¿Hay más machismo en el mundo rural que en el urbano?

–El medio rural sigue siendo un entorno fuertemente masculinizado. Es cierto que desde que Afammer comenzó su andadura en 1982, hemos visto algunos avances pero todavía tenemos mucho que mejorar como, por ejemplo, acabar con la mentalidad del 30% de la sociedad rural, que considera que la mujer debe abandonar su puesto de trabajo cuando tiene a su primer hijo. También con el hecho de que sean ellas, sobre todo las más jóvenes, las que sufren en mayor medida el desempleo.

–¿Cree que la imagen de la mujer rural ha evolucionado?

–Hemos conseguido grandes pasos, como el reconocimiento de ley de Titularidad Compartida, que tuve el honor de presentar en el Congreso en el año 2011. Hoy las mujeres rurales son emprendedoras, y empiezan a ser conscientes de su capacidad de liderazgo como demuestra el hecho de que sean las que generan el 54% del empleo autónomo en las zonas rurales.

–¿A qué retos se enfrenta?

–Aún sufre una doble discriminación: por un lado la de ser mujer y, por otro, la de vivir en un entorno rural en el que las oportunidades siguen siendo menores que en las ciudades. Tenemos que romper con los obstáculos y desafíos que impiden que estén representadas como se merecen en la toma de decisiones del medio rural y puedan ejercer su liderazgo.

–¿Por qué la mujer tiene un papel esencial a la hora de resolver la despoblación de los pueblos?

Por una razón muy sencilla, si las mujeres se van nuestros pueblos desaparecen. Desgraciadamente, muchas, sobre todo las más jóvenes, se ven obligadas a abandonarlos en busca de las oportunidades que su entorno les niega. Y lo hacen debido a las numerosas barreras y desigualdades a las que se enfrentan.

–Desde Afammer se habla mucho de la violencia de género en el mundo rural. ¿Cree que en este entorno impera la ley del silencio con más intensidad que en el ámbito urbano?

–Efectivamente, el silencio en torno a la violencia de género es mayor en el medio rural. Por poner un caso concreto, cuando creé Afammer y empecé a visitar los pueblos, las mujeres maltratadas no querían que nadie los supiese por miedo al aislamiento, al qué dirán. Por suerte, hemos cambiado esa mentalidad. Hoy las mujeres se sienten respaldadas, más fuertes y acuden a denunciar su situación. Pero pese al tiempo que ha transcurrido desde entonces, todavía son muchas las que sufren en silencio, pues viven en círculos cerrados donde todo el mundo se conoce e importa mucho lo que se rumorea. Además, las mujeres rurales que sufren violencia de género son aún más vulnerables pues en municipios más pequeños no cuentan con Juzgado, puesto de la Guardia Civil, policía local, centros de salud ni otros específicos de atención a la mujer. A mí se me rompe el alma al ver que no hemos acabado con este silencio.

–¿En el mundo rural sigue habiendo tareas reservadas únicamente a hombres?

–Existen sectores fuertemente masculinizados donde la presencia de la mujer es prácticamente inexistente o está invisibilizada, como ocurre por ejemplo en las explotaciones agrarias familiares, donde las agricultoras representan más de un tercio de los trabajadores pero son los hombres los que figuran como titulares en la mayoría de los casos. Y si miramos a las cooperativas agrarias, tan solo conforman un 25% del total de socios y que su liderazgo en los consejos rectores no existe, pues tan solo forman parte de los órganos rectores un 3,5% de mujeres en las cooperativas de primer grado y un 2,2% en las de segundo.

–Las mujeres copropietarias son todavía minoría. ¿Por qué?

Efectivamente, el número de mujeres titulares en las explotaciones agrarias es muy escaso. De las 945.024 que hay en España, tan solo 609 se encuentran en régimen de Titularidad Compartida. Es necesario dar un mayor impulso a esta Ley de de Titularidad Compartida, que fue aprobada con el consenso de todas las fuerzas políticas, para garantizar el relevo generacional femenino en el campo.

–¿Que iniciativas están llevando a cabo para impulsar y reconocer el papel de la mujer en el mundo rural?

–En estos momentos, desarrollamos por España una campaña de concienciación y sensibilización para la inserción laboral a través del empoderamiento de la mujer rural con la financiación del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, donde visibilizamos casos de éxito de emprendimiento rural femenino para hacer ver al resto la necesidad de formarse y de empoderarse como una vía para su inserción laboral o crear sus propias iniciativas empresariales. Pero también se trata de hacer ver a toda la sociedad rural cómo dicho emprendimiento beneficia a todo el mundo rural.