Caso Nadia: «Si estaba en Houston no podía estar en Mallorca»

Comienza el juicio del «caso Nadia». El fiscal acorraló a Fernando Blanco, el padre de la pequeña acusado de estafar 1,1 millones de euros a costa de la enfermedad de su hija.

Fernando Blanco y Margarita Garau, los padres de Nadia, sentados ayer en el banquillo de la Audiencia de Lérida
Fernando Blanco y Margarita Garau, los padres de Nadia, sentados ayer en el banquillo de la Audiencia de Lérida

Comienza el juicio del «caso Nadia». El fiscal acorraló a Fernando Blanco, el padre de la pequeña acusado de estafar 1,1 millones de euros a costa de la enfermedad de su hija.

La primera sesión del juicio por el «caso Nadia» ha parecido en su inicio más un teatrillo de comedia que una vista oral recta y sobria (los acusados se juegan seis años de cárcel por estafa continuada). El magistrado presidente ha tirado de paciencia, incluso de retranca, para ir rechazando una a una todas las peticiones de las cuestiones previas, aunque a decir verdad le ha costado entenderlas: «Llevamos diez minutos escuchándole y no le comprendo. No sé qué nos está pidiendo. A ver si se consigue usted trasmitirnos qué es lo que quiere», le ha espetado al abogado de Fernando Blanco. Al final se ha enterado. El letrado pretendía, entre otras cosas, que a su cliente, en prisión provisional, lo sacaran de la cárcel porque sí y se alojase en un hotel durante el desarrollo del juicio, eso sí, con custodia policial. El juez, encogiéndose de hombros y con cara estupefacción, ha replicado: «No sé cómo calificar esta petición, pero ante la extrañeza que producen este tipo de solicitudes (...) simplemente y sin necesidad de mayores argumentos, no ha lugar».

Las peticioness de los letrados, también las del abogado de Margarita Garau, han sido de lo más pintorescas. Por ejemplo se pedía que se anulase toda la investigación, pero sin decir por qué: «¿Pide la nulidad de todo?», ha preguntado el juez incrédulo, «se lo digo letrado porque es algo bastante raro y poco habitual», ha comentado con enorme elegancia para evitar humillarle en público. También se han alegado dilaciones indebidas genéricas para rebajar la pena, pero sin justificarlas con fechas, algo que es de manual. Todas las solicitudes han recibido el firme rechazo de la sala. Pero es que además, al letrado de la madre de Nadia el magistrado presidente le ha dado dos lecciones. Una de educación, al amonestarle con que en sala no se puede estar usando el móvil porque es una falta de respeto, y otra de derecho, cuando le ha advertido de que no es correcto preguntar sugestionando las respuestas del interrogado. «Preguntaré más directo», ha respondido resuelto el abogado. «Me vale con que no sugiera en su pregunta las respuestas», le ha reprendido el juez.

Más allá de estos entretenidos fuegos de artificio, la sesión ha permitido ver cómo Fernando Blanco cambiaba las lágrimas que derramaba en los platós de televisión para dar pena por una actitud jactanciosa y chuleta. El padre de Nadia, al sentirse acorralado por las preguntas del fiscal, ha exhibido su faceta de perdonavidas. Tanto, que el magistrado presidente le ha tenido que llamar la atención y le ha exigido comportarse con educación y respeto. En su haber han quedado perlas como: «Mi hija corre riesgo de muerte inminente». Sin embargo, todos los informes médicos le desmienten. Ha explicado que antes de montar la asociación se gastó 600.000 euros en los tratamientos para Nadia y que gran parte de ese dinero se lo prestaron, pero «no le voy a decir quién me lo dio»; ha explicado con convencimiento que Nadia fue tratada en París y que allí le hicieron una punción en la nuca: «Los especialistas le extraían genes, los mutaban y se los volvían a introducir al cabo de un mes», pero ni ha dado nombre de los doctores, ni de la clínica ni ha exhibido ningún documento acreditativo. Cuando el fiscal le ha puesto contra las cuerdas recordándole que recaudó 50.000 euros para una operación en Houston y que en esas fechas en vez de viajar a Estados Unidos, él y su mujer estuvieron alojados en un hotel de Mallorca, Fernando ha balbuceado: «No recuerdo».

Margarita Garau, por su parte, ha recurrido a la manida estrategia de no saber nada. Ni viajaba cuando había operaciones, ni iba al banco, ni tenía las claves de acceso, ni consultaba los movimientos de la cuenta donde iban las donaciones, ni sabía en qué se gastaba el dinero, eso sí: «Ni Fernando ni yo hemos utilizado a nuestra hija», ha sentenciado.

Tras la comida, los encargados de la investigación han vuelto a poner algo de cordura: «Del más de un millón de euros recaudado por el matrimonio, los padres sólo han podido justificar 2.700 euros en gastos médicos para Nadia». La frase es demoledora, porque demuestra la falta de escrúpulos del matrimonio que durante la investigación mintió hasta en cosas absurdas. «Fernando nos dio nombres de centros médicos en Houston donde decía que les habían atendido, pero los miramos y algunos ni existían».