Atolón Bikini: cerrado por radiación 60 años después

Un nuevo estudio confirma que las islas siguen siendo inhabitables por los 67 ensayos nucleares de EEUU

Medición de niveles de radiación de rayos gamma en las distintas islas del atolón Bikini
Medición de niveles de radiación de rayos gamma en las distintas islas del atolón Bikini

El atolón de Bikini es Patrimonio de la Humanidad desde hace 60 años, cuando la UNESCO decidió incluir este enclave de las Islas Marshall, un estado situado al noreste de Australia, en su lista de paraísos en la Tierra. La declaración, sin embargo, es poco más que un brindis al sol. De momento, el ser humano no podrá disfrutar de ello.

Y no será por un exceso de celo de las autoridades en su conservación sino, simple y llanamente, porque sigue siendo un espacio vedado para el hombre por culpa de la radiación que aún está presente tras las 67 pruebas nucleares que los Estados Unidos realizaron en la zona entre 1946 y 1958, tras la Segunda Guerra Mundial.

Así lo ha puesto de manifiesto un estudio publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) suscrito por un equipo de ocho investigadores de la Universidad de Columbia, que viajaron a las Islas Marshall para hacer estudios de emisión de rayos gamma en los tres atolones más afectados por estas polémicas pruebas nucleares. Después, las compararon con otro de los atolones, el de Majuro, situado lejos de la zona de pruebas y, sobre todo, con las mediciones realizadas en otro evocador paraje mucho más transitado y alejado, el Central Park de Nueva York.

Las conclusiones son claras, según el estudio: el atolón de Bikini registró 184 milirems de radiación por año, por encima del nivel que tanto Estados Unidos como el Gobierno de las Islas Marshall consideran acorde con un asentamiento humano. Y más preocupante aún: superior a las cifras registradas en mediciones anteriores.

La cifra de Bikini es sensiblemente superior a la registrada en el atolón de Enewetak (7,6 mrem/año) y el atolón de Rongelap (19,8), ambos incluidos en la llamada zona de seguridad, así como que la del atolón de Majuro, ya más alejado, donde se recogieron 13 milirems de radiación por año.

Central Park, por cierto, arrojó una cantidad de 9 mrem/año.

“Las pruebas nucleares realizadas entre 1946 y 1958 produjeron lluvia radiactiva que aún hoy en día da lugar a una radiación medible por encima de los niveles naturales –explica el estudio-. Hasta ahora no se habían obtenido datos actualizados, y solo se disponía de las mediciones realizadas hace décadas. Bikini y Rongelap son de particular interés, ya que son relevantes para decidir si es posible un reasentamiento humano; de hecho, nuestros valores de radiación para la isla de Bikini son más altos que los recogidos previamente”.

Pese a que Rongelap y Enewetak tienen niveles de radiación gamma compatibles con la presencia humana, los científicos de la Universidad de Columbia de Nueva York aseguran que no pueden concluir que la presencia humana en la zona sea segura, pese a que en el segundo de estos atolones hay un asentamiento humano.

Más clara es su postura de desaconsejar el regreso de población a Bikini, después de que varias comunidades locales hayan expresado su deseo de hacerlo para recuperar sus orígenes antes de las operaciones nucleares ordenadas por Estados Unidos.

Mientras esto no ocurra, Bikini será siendo solo aquel conjunto de islas de infausto recuerdo que dieron nombre a la más popular de las prendas de baño y a esa “operación” tan anhelada de conseguir con el verano a las puertas.