Un láser para eliminar la basura espacial

Ante el último choque de un pequeño objeto con un panel de la Estación Espacial Internacional, urgen nuevas propuestas para eliminar los residuos en órbitas útiles.. La NASA y una empresa australiana, EOS Space Systems, aportan una solución alternativa viable

En la actualidad, el posible choque o accidente entre restos de basura espacial y satélites se conoce con al menos 36 horas de adelanto
En la actualidad, el posible choque o accidente entre restos de basura espacial y satélites se conoce con al menos 36 horas de adelanto

La Agencia Europea del Espacio (ESA) ya ha advertido en más de una ocasión de que hay demasiados objetos orbitando alrededor de la Tierra, más de 30.000. El peligro que supone que uno de ellos choque con un satélite en funcionamiento es patente. Esta semana comunicaban desde la Estación Espacial Internacional que un panel solar de la estación presentaba un agujero y que, lo más probable, es que se hubiera producido por el impacto de una partícula de meteorito o de chatarra espacial. En declaraciones a la agencia Ria Novosti, el experto del Laboratorio Lunar y Planetario de la Universidad de Arizona, James Scotti, ha subrayado que en las órbitas bajas hay mucha más basura espacial que partículas de meteorito.

Por ello urgen encontrar nuevas medidas para evitar nuevos accidentes. Ante la opción de enviar un nuevo dispositivo controlado desde la Tierra para que desvíe la basura –lo que supondría tener que depositar nuevos desechos–, un equipo de científicos australianos junto con la NASA han ideado un nuevo plan, que llevan desarrollando desde principios del siglo XXI. A golpe de láser. Ésa es la idea. Disparar un láser que consiga modificar la órbita del objeto molesto y así evitar un accidente con un satélite.

Esta ocurrencia, si bien parece sacada de un cómic, tiene una fuerte base real. En primer lugar, sería una opción barata, en comparación con los planes de la ESA, como defienden desde la corporación EOS Space System, resultado de la participación del Gobierno australiano y la NASA. Como explica Craig Smith, consejero delegado de la compañía, «la cantidad de energía que se necesita para lanzar el rayo láser es menor que la que se emplea para iluminar un estadio de fútbol».

Su uso se ha probado con una elevada efectividad en el seguimiento durante dos segundos objetos tan pequeños como de cinco milímetros. EOS emplea sofisticadas tecnologías láser de infrarrojos para llevar a cabo la vigilancia de los recursos espaciales. El objetivo de la empresa es ayudar a las agencias, organismos gubernamentales y grandes corporaciones para prevenir o mitigar las amenazas contra estos activos, evitando así grandes pérdidas de capital y la vida humana.

Más precisos

En la actualidad, el posible choque o accidente entre restos de basura espacial y satélites se conoce con al menos 36 horas de adelanto, con lo que existe una «ventana» de maniobra bastante grande. Tanto la ESA como la NASA cuentan con sistema de vigilancia y monitorización de los residuos, de modo que salta el nivel de alerta cuando éstos se aproximan con peligrosidad a los satélite en funcionamiento. Smith presume de que en la actualidad no hay ninguna otra organización capaz de eliminar con tanta precisión la basura espacial como ellos. Los puntos desde donde podría actuar el láser serían Alemania, Australia, Japón y Arabia Saudi.

Desde la NASA, James Mason, como manifiesta en la publicación «Space Physics», se investiga la posibilidad de utilizar un láser de mediana potencia (5 kilovatios) terrestre combinado con un telescopio terrestre para evitar colisiones entre desechos espaciales en órbita terrestre baja (LEO). El esquema utiliza la presión de los fotones sólo como un medio para modificar la órbita de un «escombro espacial».

Por el momento, parece que los hechos le dan la razón al consejero delegado de EOS, ya que los sistemas de seguimiento actuales se encuentran limitados a los objetos de más de cinco centímetros de tamaño, que se hallen en la órbita terrestre baja o a 50 centímetros de órbitas geoestacionarias, aproximadamente 36.000 kilómetros sobre la superficie de la Tierra.