¿Y si el ser humano no hubiera nacido en África?

El hallazgo de un fósil de hace 7 millones de años en los Balcanes sugiere que nuestros ancestros más antiguos vivieron en Europa

Fragmento de mandíbula del Graecopithecus freybergi encontrado en Europa
Fragmento de mandíbula del Graecopithecus freybergi encontrado en Europa

El hallazgo de un fósil de hace 7 millones de años en los Balcanes sugiere que nuestros ancestros más antiguos vivieron en Europa

Los chimpancés actuales son los animales más cercanos al ser humano desde el punto de vista evolutivo. Son nuestros primos más directos, los únicos familiares que nos quedan, junto a otros primates algo más alejados, después de que se extinguieran los neandertales. Como pasa con todos los primos, es evidente que debemos compartir un ancestro común, una especie de la que, hace millones de años, se separaron las dos ramas: una que derivó en los chimpancés, otra que devino el actual Homo sapiens. Pero, ¿quién fue ese abuelo fundacional de la familia? La respuesta a esta pregunta es la base de un debate científico que lleva décadas trayendo de cabeza a los paleontólogos.

Hasta ahora, la tesis más aplaudida propone que esa especie inicial, padre de los abuelos de los tatarabuelos de los actuales hombres y chimpancés, debió de vivir entre hace cinco y hace siete millones de años. Y, siguiendo la pita del registro fósil de homininos del que hoy disponemos, se ha propuesto tradicionalmente que el lugar de nacimiento de ese eslabón desconocido debió de ser África. De hecho, desde el siglo pasado existen teorías relativamente bien asentadas que explicarían cómo un dramático cambio en las condiciones climáticas y ambientales de la África de hace más de cinco millones de años pudo pavimentar el terreno para la llegada de aquel abuelo primordial.

Pero, ahora, una nueva investigación publicada ayer mismo en la revista «Plos one», puede echar por tierra esta creencia. Un equipo de paleontólogos liderado por Madelaine Böhme, del Centro de Evolución Humana Senckerberg, en la Universidad de Tubinga, asegura que los linajes de los grandes simios y de los humanos se separaron hace más de siete millones de años a partir de una especie que vivía en Europa.

Para su aseveración, se basan en los restos fósiles de un animal conocido como Graecopithecus freybergi que han sido desenterrados en yacimientos europeos. En concreto, han analizado un fragmento de mandíbula encontrado en Grecia y un premolar que se halló en Bulgaria. Sobre ellos se han aplicado las más avanzadas tecnologías de tomografía computarizada que permiten ver las estructuras internas de los fósiles. Gracias a estas imágenes se ha demostrado que las raíces de los premolares están fusionadas en el interior de la mandíbula. Este detalle tiene su miga: los grandes simios, como chimpancés o gorilas, suelen tener dos o tres raíces molares divergentes. Pero los humanos modernos y sus antecesores conocidos, como el Australopitecus, presentan raíces parcialmente fusionadas.

A la luz de estos fósiles, en la Europa de hace 7.200.000 años ya vagabundeaba una especie con rasgos dentales propios de un antecesor del hombre y del chimpancé. Mucho antes de lo hasta ahora asumido y, sobre todo, en un lugar diferente de lo hasta ahora asumido.

El candidato más aceptado hasta ahora como ancestro común era el Sahelanthropus del Chad, datado en poco más de seis millones de años. El nuevo «abuelo balcánico» habitó Europa algo antes, en un momento en el que empezaban a producirse cambios geológicos tan radicales que acabaron por desecar por completo el Mar Mediterráneo. De manera que la divergencia entre monos y hombres no comenzó en la África subsahariana sino en la costa mediterránea.

En ese entorno, los Graecopithecus disfrutaron de un paisaje muy similar al de la sabana actual, según se ha podido confirmar por el hallazgo de numerosas gacelas, jirafas y antílopes que acompañan a sus restos fósiles. Además, como demuestran los estudios de polvos áridos transportados por el aire desde África, en ese mismo momento en el norte del continente africano estaba la mayor de las desertificaciones recientes. Esa disparidad climática podría haber jugado un papel fundamental en los cambios adaptativos de las especies animales que condujeron a dos ramas diferenciadas de primos. Las que originaron los humanos y los simios actuales.

Identificados 40 nuevos genes relacionados con la inteligencia

Un equipo de científicos ha identificado 40 nuevos genes relacionados con la inteligencia y las áreas del cerebro en las que actúan, según un estudio que publicó ayer la revista «Nature Genetics». Para este estudio, liderado por expertos de la Vrije Universiteit de Amsterdam (Holanda), se llevó a cabo un análisis de asociación del genoma completo (GWAS, por sus siglas en inglés) de 78.308 individuos de descendencia europea, entre los que se incluían cohortes de niños y de adultos. Los autores de la investigación también aportaron nuevos conocimientos sobre las áreas específicas del genoma que contribuyen al desarrollo de la inteligencia humana. En este sentido, identificaron veintidós genes, once de los cuales eran desconocidos hasta ahora, que están asociados a la inteligencia gracias al meta-análisis «GWAS». Asimismo, descubrieron 20 nuevos genes adicionales a través de otro tipo de herramienta denominada análisis de asociación de genes de genoma completo (GWGAS, sus siglas en inglés).