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Comemos mejor pero más precocinados

Se ha reducido el consumo de azúcar y carne, pero cada vez echamos más mano de platos rápidos y acudimos con más frecuencia a restaurantes.

Se ha reducido el consumo de azúcar y carne, pero cada vez echamos más mano de platos rápidos y acudimos con más frecuencia a restaurantes.

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«La alimentación dice mucho y muy bueno de España», dijo el ministro de Agricultura en funciones, Luis Planas, ayer durante la presentación del informe de consumo alimentario de 2018. Cada español ingirió de media 787,7 kilos de comida, por lo que pagó 2.526 euros. Pero, ¿cómo es realmente nuestra dieta?

La cesta de la compra de las familias está compuesta en su mayoría por leche y sus derivados (17,4%), frutas frescas (14,4%), así como verduras y hortalizas (12,3%). Comemos más legumbres que hace un año (un 2,8% más) y menos carne roja: 4,90 kilos por persona y año, lo que supone un descenso del 5,5%. Además, hemos reducido un 4,2% el azúcar; un 4% las bebidas gaseosas y refrescantes, y los postres de chocolate nada menos que un 22,1%. Pero todavía queda un largo camino por recorrer para que la población siga una alimentación del todo saludable.

Ensalada y pizza

Dentro del ránking de los 15 platos más consumidos en los hogares, la pizza aparece en segundo lugar justo por debajo de la ensalada verde y antes de la ensalada de tomate. El plato de pasta se coloca en la séptima posición antes que otros productos frescos, como las judías verdes y la merluza. El pescado, de hecho, representa solo un 3,7% del volumen de la cesta de la compra, cuando la carne ocupa un 7,3%. La escalada de precios ha provocado que los españoles espacien su ingesta y que en los últimos nueve años su consumo se haya reducido casi un 16%.

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Del informe también se desprenden nuevos hábitos alimenticios que se van implantando en la población. La conclusión principal es que comemos más simple. Los españoles optan por métodos de cocinado más sanos y rápidos –platos a la plancha– y echamos mano cada vez más de productos listos para consumir: sobre, todo ensaladas envasadas, platos preparados y café en cápsulas. Además, ya no seguimos la regla de desayuno, comida y cena, sino que aumentamos el número de ingestas aunque no así la cantidad, siguiendo las pautas de los nutricionistas. También apreciamos más la calidad.Y es que cada vez estámos más dispuestos a gastarnos el dinero en alimentos que ofrecen un valor añadido, como el aceite de oliva virgen extra, cuyo consumo ha crecido un 7,2% en solo un año, o en chocolates con alto contenido en cacao (3,6% más).

Aunque el volumen de compra no ha aumentado respecto al año anterior, sí lo ha hecho el gasto total en alimentación: fue de 103.777 millones de euros, un 0,5% más. Y esto no es debido únicamente a la subida de precios, sino también a que nos vamos más de bares y restaurantes con nuestra familia, amigos y pareja –en concreto, se consumió un 3,7% más que el año anterior–. Como media, cada español se ha gastado más de 1.000 euros en alimentos y bebidas fuera de casa, «un dato bien significativo teniendo en cuenta la renta media», a juicio de Planas. Salimos sobre todo a a comer y a cenar, y el motivo principal suele ser la celebración de algún evento. Se va a los restaurantes a degustar lo que en casa no se prepara tanto: en primer lugar aparecen las hortalizas (28,1%), seguido del pescado y los mariscos (18,1%), la carne (15,1%) y el pan (11,3%). Y, al contrario de lo que pueda parecer, el informe del Ministerio de Agricultura refleja que el consumo fuera de casa aumenta con la edad: los menores de 34 años son los que menos salen a comer o a tomar algo mientras los mayores de 60 son los que más gastan.

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A los españoles ya no les gusta el conejo

Aunque la sociedad está empezando a tomarse en serio las pautas nutricionales, está desterrando un alimento muy saludable: el conejo. Pese a que es una carne rica en proteínas y tiene bajo contenido en grasa y colesterol, –muy inferior al del pollo, la ternera y el cerdo–, su consumo ha caído un 16,4% en un solo año.