Comemos plástico: descubren micropartículas en heces humanas

Investigadores austriacos descubren micropartículas de plástico en heces humanas. Creen que llega a la dieta a través del pescado o de alimentos ingeridos en contacto con este material

Cada 10 gramos de heces contenían unas 20 micropartículas de plástico. Aún  no saben cómo puede afectar al organismo humano
Cada 10 gramos de heces contenían unas 20 micropartículas de plástico. Aún no saben cómo puede afectar al organismo humano

Era de esperar. Desde hace tiempo sabemos que los residuos plásticos depositados por el ser humano en el entorno natural terminan acumulándose en buena medida en el océano.

Era de esperar. Desde hace tiempo sabemos que los residuos plásticos depositados por el ser humano en el entorno natural terminan acumulándose en buena medida en el océano. Millones de toneladas de plásticos desechados viajan hacia al mar cada año. Allí su destino es permanecer flotado décadas mientras el sol y el agua los desintegra. Las micropartículas de plástico que se generan tras esa descomposición son ya el contaminante más abundante en el medio acuático. Se tiene constancia de que algunos animales marinos ingieren grandes cantidades de esas micropartículas. Solo era cuestión de tiempo que se cerrase el círculo y los mismos plásticos que arrojamos al mar terminen en nuestro organismo como quizás justo castigo a nuestra imprudencia. Y el círculo se ha cerrado.

Un equipo de investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Viena y de la Agencia de Medioambiente de Austria ha estudiado muestras de heces obtenidas de ocho voluntarios de varios países: Japón, Reino Unido, Italia, Finlandia, Polonia, Rusia, Austria y Holanda. Como resultado, se ha descubierto la presencia de microplásticos en el 100 por 100 de las muestras analizadas. El conjunto de las muestras se han hallado restos de nueve tipos de plásticos diferentes. Los microplásticos son partículas de menos de cinco micrómetros de diámetro cuyo origen es variado. Buena parte de ellos proceden de la descomposición en el ambiente de plásticos de mayor tamaño, pero también pueden ser fabricados directamente en laboratorio para usos industriales. Los participantes en el estudio tuvieron que llevar un registro diario de sus dietas durante una semana antes de que se les tomaran muestras fecales. Ninguno de los voluntarios era vegano y seis de ellos consumían habitualmente pescado. En todos los casos, se detectaron restos plásticos en las heces. Pero, ¿cómo habían llegado hasta ahí? El temor más extendido entre la comunidad científica es que la contaminación del mar esté afectando a las primeras fases de la cadena trófica oceánica. Pequeños crustáceos y peces pueden estar ingiriendo micropartículas. Estos animales son consumidos por peces mayores que, a su vez, sirven de dieta a los seres humanos. Pero no existe certeza sobre si es posible esta transferencia de material. Otra vía de ingestión de micropartículas podría ser el consumo directo de alimentos envueltos en plástico o bebidas en botellas de este material.

Todos los voluntarios analizados habían estado expuestos a este tipo de consumo en las semanas previas al análisis mientras que dos de ellos reportaron no haber comido pescado directamente. De manera que parece más aceptable la teoría de que la ingestión de plástico fue directa en lugar de producirse de manera secundaria tras el consumo de pescado contaminado.

En concreto, se han detectado nueve familias plásticas entre las que destacan el polipropileno y el teraftalato de polietileno (PET). Cada diez gramos de heces contienen una 20 micropartículas de plástico. De momento, no se sabe muy bien cómo pueden afectar a la salud estas concentraciones. En animales se han hallado también restos de microplástico fundamentalmente confinados en el intestino, pero se teme que las partículas más pequeñas puedan pasar las paredes intestinales e insertarse en el torrente sanguíneo, el sistema linfático o el hígado.

En personas sanas, siempre que las cantidades no sean excesivas y se mantengan dentro del aparato digestivo, podría no suponer un riesgo. En el fondo, desde pequeños, ingerimos muchas sustancias no necesariamente alimenticias (pinturas, polvo, gomas, suciedad, arena...) que puede ser procesada y expulsada por el organismo. Pero los plásticos pueden ser bioacumulables, es decir, a lo largo de la vida de un individuo, su presencia puede ir creciendo, acumulándose en diferentes órganos sensibles hasta sobrepasar los niveles máximos de seguridad. Estas partículas pueden afectar la salud de diferentes maneras. Pueden alterar el sistema inmunitario o ser transmisores de intoxicaciones por otros patógenos (pinturas, metales, etc...) que viajan junto al plástico. En cualquier caso, parece evidente que la presencia de estos materiales en la totalidad de las muestras observadas indica que nos encontramos ante un reto universal. Ya se había detectado la presencia de plásticos en especies como el atún y se había demostrado que el contacto excesivo de los alimentos con este producto generaba contaminaciones, pero ahora tenemos la certeza de que algunas de ellas dejan su huella en el cuerpo humano y, quién sabe, si en nuestra salud.