Corea del Norte declara la guerra a «En tierra hostil»

C. García- Cao de Benós, el valedor del país en Occidente, carga contra el programa.

A Corea del Norte se le ha atragantado la emisión del pasado martes de la entrega de «En tierra hostil» que mostraba la realidad del país comunista sumido en la restricción de libertades, altamente militarizado y que se declara unilateralmente en guerra contra Estados Unidos. Alejandro Cao de Benós, un personaje peculiar ya que es el único extranjero que es representante de Corea del Norte en las relaciones con Occidente, cargó contra el programa, centrando sus críticas en el periodista Jalis de la Serna, que estaba al frente del reportaje. En su blog, Cao de Benós le acusa de que «hizo todo lo posible para encontrar gente mendigando, jóvenes drogándose o zonas de prostitución, además de mostrarse sumamente escéptico». Era tanta su prevención ante el reportaje que el 8 de febrero en un tono agresivo manifestó: «Desconozco el montaje final de ‘‘En tierra hostil’’ de Jalis de la Serna, pero preparo un ‘‘tuit misil’’ por si acaso». Lo más paradójico es que fue el propio Cao de Benós el que, en calidad de miembro de Turismo e Información de Corea del Norte, facilitó el permiso para que el equipo del programa, junto a otros dos medios, entrase en el país, blindado ante los turistas extranjeros y los medios de comunicación.

«No es un plublirreportaje»

«No entiendo su reacción porque él se convierte en protagonista del reportaje, ya que aparece en aproximadamente un 80 por ciento del metraje contando su propia versión sobre el régimen y no se le ha censurado en ningún momento», afirma Jalis de la Serna a LA RAZÓN. El periodista es tajante: «Quizá de lo que no se dio cuenta es que no fuimos a hacer un publirreportaje. Somos periodistas y nuestro objetivo era mostrar lo que hay más allá de lo que ellos se empeñan en enseñar». Lo que más le ha escocido a Alejandro Cao es que el equipo, tras estar en Corea del Norte, se trasladase a Corea del Sur sin comunicárselo, para entrevistar a exiliados políticos. «Faltaría más que le comunicasemos que íbamos a cruzar la frontera. Él no tiene la potestad de darnos, o no, el permiso para viajar de un país a otro», afirma rotundamente De la Serna.

Las condiciones del viaje no fueron plácidas. Como el periodista explica, «cuando llegamos al aeropuerto, nos subieron a un autobús con cuatro personas del régimen que vigilaron todos nuestros movimientos». Y sí, también hubo censura. No se les pidió que destruyesen parte del material grabado, pero sí les prohibió filmar algunos lugares por la buena prensa del país y también para curarse en salud por si las imágenes podrían ser utilizadas por EE UU o los servicios secretos de Corea del Sur. «Ocurrieron situaciones tan surrealistas como la prohibición de grabar la entrada de un parque acuático en el que había una estatua del fallecido líder Kim Jong-il con una fotografía de una playa a su espalda».

La emisión del reportaje tuvo una extraordinaria cuota de pantalla, un 20,9 por ciento, una cifra inusual para este formato. «En tierra hostil» se tomará a partir del próximo martes unas semanas de descanso para dosificar su éxito y le tomará el relevo la serie «Bajo sospecha».