Susanna Griso: «Hay que decir la verdad sin mirar de reojo al poder»

La comunicadora recibe en Nueva York el premio «Primera Enmienda», que otorga la Eisenhower Fellows, por su compromiso con la libertad de expresión

La comunicadora recibe en Nueva York el premio «Primera Enmienda», que otorga la Eisenhower Fellows, por su compromiso con la libertad de expresión.

Acaba de llegar a Madrid después de un viaje relámpago a Nueva York –en el que estuvo acompañada por el consejero delegado del grupo Atresmedia, Silvio González– donde acudió para recibir uno de los premios «First Amendment» («Primera Enmienda») que otorga la asociación española Eisenhower Fellows. Estos galardones distinguen anualmente el compromiso de los profesionales con la defensa y la promoción de la libertad de expresión.

–¿Cómo valora la labor de la Prensa en estos momentos?

–Hay que diferenciar entre las cadenas de televisión, que gozamos de cierta fortaleza, y el papel, que está viviendo una crisis estructural muy complicada en un contexto en el que hay una colisión entre la verdad y las «postverdades». Incluso Trump nos considera el partido enemigo. Por eso hay que reinvindicar más que nunca el periodismo escrito con mayúsculas, los grandes medios de referencia. Aunque las personas cada vez se informan más a través de la televisión, los diarios son los que nos marcan los temas a los profesionales de los medios audivisuales. Son los forjadores de la agenda informativa. Hay que reivindicar el rigor y la credibilidad porque el trabajo intelectual está siendo pisoteado.

–¿Los medios de comunicación siguen siendo un contrapoder?

–Sí, además espero que lo sean durante muchos años. Sobre todo ahora, que hay dos gigantes como Facebook y Google que fagocita a los medios. Están convirtiendo la información en un duopolio. Eso nos lleva por unos derroteros muy peligrosos. Hay que estar vigilantes.

–¿Cómo se puede gestionar la información en un mundo tan globalizado?

–No quiero parecer nostálgica, pero echo de menos mis inicios en la radio. Como sólo teníamos teletipos, las noticias se elaboraban haciendo muchas llamadas, hablando con las fuentes, verificando la noticia... Ahora nos llegan a través de estos servidores y no nos podemos convertir en unos loritos de repetición. Aún más en este momento en el que el panorama es nefasto. Rusia, mejor dicho, los «hackers» rusos, piratean sistemáticamente y mezclan datos falsos con noticias verídicas. Hace unos días ocurrió en Francia con Macron y en Estados Unidos. El riesgo es enorme porque se está poniendo en peligro la democracia.

–¿Adónde nos va a llevar la «postverdad»?

–Es un eufemismo tremendo que no debemos comprar. Plantearse que hay realidades paralelas al margen de las contrastadas y reales es un engaño. Lo que se pretende es que vivamos en la mentira.

–¿Me puede poner alguno de los ejemplos más hirientes?

–La negativa de Trump antes de las elecciones de que tuviese cualquier tipo de relación con la administración de Putin. Estaba verificado y los servicios de inteligencia afirmaron que los contactos se produjeron.

–¿Goza la libertad de expresión de buena salud?

–Vengo de Estados Unidos, donde es un principio consagrado en su Constitución, en la que prevalece este derecho. El presidente de la asociación Eisenhower, George de Lama, me dijo que está retrocediendo a pasos agigantados. Es motivo de reflexión y, sobre todo, de preocupación, porque si esto sucede en el país garante de las libertades no quiero ni pensar lo que pasa en Rusia y en otros lugares. Las injerencias son tremendas, van a más y tenemos que protegernos.

–¿Cómo?

–Insisto: luchando por el periodismo honesto y potenciar la marca personal y empresarial. En el fondo, el único patrimonio que tenemos es la credibilidad.

–Últimamente la veo en «Espejo público» más combativa, incluso diría que enrabietada, sobre todo con la corrupción.

–Sí, lo reconozco, me salen todos los demonios. Me parece tan indignante que durante los años en los que la crisis azotaba con más dureza hubiesen políticos –ahí está la «operación Lezo»– que presuntamente estaban robando de esa manera, con esa impunidad y falta de ética... Me saca de mis casillas. Uno de los premiados, Jorge Ramos, se enfrentó a Trump cuando dijo que los mexicanos eran unos violadores y ladrones y le echó de la rueda de prensa. Al recoger el galardón afirmó que hay un momento en que un periodista debe perder la neutralidad y ser combativo. Lo mismo ocurre en España con la corrupción. No debemos convertirnos en justicieros, pero los ciudadanos nos demandan que seamos críticos y beligerantes.

–Como usted comentó en su discurso no podemos mirar de reojo.

–Exacto. Hay que decir la verdad sin mirar de reojo a las coacciones y al poder.