Cuando el asma protege del cáncer de páncreas

El punto débil del cáncer más silencioso Las personas con enfermedades autoinmunes presentan un organismo hiperactivado que genera antígenos para frenar su avance

Desde hace 30 años, Nuria Malats lucha contra un único enemigo: el cáncer de páncreas. Se ha convertido en su “vendetta” personal y en un problema global. “Lamentablemente, en las últimas décadas no hemos avanzado nada. Es más, los casos están aumentando y es un tumor que está fuera de control, tanto en Europa como en Estados Unidos”, explica esta epidemióloga del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). Aporta un dato que explica la dimensión del problema: “En 2017 ya se produjeron más muertes por cáncer de páncreas que de mama. Nos hemos olvidado de él”, insiste.

La idea de la científica con bata y entre pipetas no encaja con Malats. Lo suyo son los datos, las tablas, el ordenador portátil. Es una representante clara de la bioinformática. Su equipo de Epidemiología Genética y Molecular busca cruzar datos, aportar más evidencias y analizar miles de casos para poder comprender mejor a su enemigo y, así, poder diseñar abordajes más efectivos. “Mi sueño sería terminar mi carrera creando un algoritmo capaz de determinar el riesgo real de cada persona para poder adelantarnos a los síntomas porque, una vez dan la cara, ya es demasiado tarde”. Entre los investigadores comentan que este tumor no sólo mata a los pacientes, sino que “también termina con las carreras investigadoras”, por lo poco que se consigue avanzar en su estudio.

Solo un 5% de los pacientes sobreviven más de cinco años tras el diagnóstico y el 75% no supera el primer año, de ahí que se considere el más letal. ¿Por qué se llega tan tarde? “El 80 por ciento de los enfermos no pueden beneficiarse de una cirugía radical, los tumores suelen ser muy pequeños y ya son metastásicos”, e insiste, “hemos llegado a ver algunos de dos centímetros ya con metástasis”. El otro motivo principal por el que luchar contra esta enfermedad es tan difícil es que “sus síntomas son muy poco específicos. Normalmente van al médico de Atención Primaria con dolores de espalda, cansancio, dolor de cabeza... les terminan derivando a los especialistas de trauma”. Por todo esto, Malats sabe que la clave está en adelantarse a este momento, en ir a un mejor cribaje y “conseguir dar con mejores marcadores que sean capaces de identificar hasta los tumores más pequeños”.

Esta científica ha sido una de las promotoras de un estudio a escala europea en el que han participado seis países y se han analizado 2.500 casos, “de los que 1.000 son españoles”. Con este análisis pormenorizado han conseguido determinar una nueva vía de investigación que hasta el momento no se tenía en cuenta: las enfermedades autoinmunes, como el asma o las alergias, crean un efecto protector frente al tumor de páncreas”. Mientras lo explica, Malats amplía la sonrisa. Ha encontrado un punto débil de su enemigo, y eso es un pequeño gran paso, aunque aún es una única premisa.

Analizando el posible motivo detrás de esta protección, la investigadora catalana apuesta porque “las personas con problemas de asma o de alergias tienen el sistema inmune hiperactivado, por lo que esté más preparado para crear antígenos que hagan frente al tumor”, pero esto aún lo tienen que determinar. “Vamos a empezar con diferentes tipos de alergias, para saber cuáles exactamente protegen y poder caracterizarlo mejor”. Esta defensa de las dolencias que atacan directamente a nuestro organismo también podría estar detrás de la ineficacia de la inmunoterapia que, por el momento, no ha dado ningún buen resultado con este tumor. Tras los conocimientos que ha recogido de los miles de pacientes europeos, Malats ya trabaja en una segunda fase, utilizando la bionformática y pruebas en animales in vivo que les permitan acotar esas enfermedades inmunes.

Pero para poder seguir avanzando en esta línea, necesitan la colaboración de los pacientes, un aspecto más difícil de conseguir que en otros tumores porque, “hasta hace poco, no existía una asociación de pacientes”. El motivo es evidente: “Los enfermos fallecen muy rápido, en unos meses, y para los familiares es un shock. No da tiempo a analizarlo y sólo piensan en pasar página”, explica. Sin embargo, poco a poco se van dando pasos. “En el Hospital Ramón y Cajal, Alfredo Carrato, jefe de Oncoloogía, ha creado un registro de páncreas familiar y, gracias a eso, han sido capaces de detectar tres casos de forma precoz”, explica Malats, que colabora con él. Este proyecto es clave para “conseguir adelantarnos al tumor”. El 10 por ciento de los casos tienen un origen familiar. Y, de este porcentaje, el 2% tienen su origen en mutaciones conocidas, pero “el resto las desconocemos”.

Todas estas novedades son las que están ayudando a que las instituciones europeas “por fin se den cuenta del problema y la consideran una enfermedad ‘descuidada’”, gracias a ello se plantea “una acción conjunta en la que estén implicados todos los países y nos vamos complementando con los diferentes institutos”. Malats lanza un último mensaje: “Que este tumor esté tan olvidado también se debe a la falta de conocimiento general. El 64 por ciento de la población general desconoce dónde está el páncreas. Es un problema de salud pública muy importante que se está agrabando con el aumento de la obesidad, la diabetes y el uso excesivo de antibióticos”.

Nuria Malats

La idea de científica con bata y entre pipetas no encaja con Nuria . Lo suyo son los datos, las tablas, el ordenador portátil. Es una representante clara de la bioinformática, doctora por la Universidad Autónoma de Barcelona y una de las primeras científicas en trabajar la epidemiología genética y molecular en España. Antes de unirse al CNIO en 2007, ejerció en el Centro de Investiga-ción en Epidemiolo-gía Ambiental, donde lideró diversos proyectos nacionales e intenacionales y coordinó la red de investigación española sobre el cáncer de vejiga.