Los lunes a la comba, los miércoles al fútbol

Polémica educativa al imponer medidas de igualdad. Cincuenta centros vascos determinan a qué se juega a la hora del recreo

Cincuenta centros vascos determinan a qué se juega a la hora del recreo
Cincuenta centros vascos determinan a qué se juega a la hora del recreo

Polémica educativa al imponer medidas de igualdad. Cincuenta centros vascos determinan a qué se juega a la hora del recreo

Quien más y quien menos se ha llevado un balonazo en el patio del colegio mientras jugaba a otra cosa. Y tras él, después del enfado inicial, se ha puesto donde sus cromos, bonis o canicas no peligraran. Esta escena habitual, entonces y ahora, ha dejado de serlo en 50 centros públicos de Educación Infantil, Primaria y Secundaria del País Vasco y dejará de serlo el próximo curso en otros 50 centros públicos y 50 privados, tras la puesta en marcha por el Gobierno autonómico de una novedosa iniciativa en contra de la distribución sexista de los espacios en zonas de recreo escolares. Léase, en el patio escolar. Cada centro decide qué juegos se pueden practicar en el recreo teniendo en cuenta que todos (niñas y niños) puedan disponer del mismo espacio y no queden ellas o aquellos a los que no les guste el fútbol relegados a un segundo plano por determinados deportes que requieren mayor espacio. «Esta medida del Plan Director para la Coeducación y la Prevención de la Violencia de Género no pretende prohibir, sino añadir otras opciones para que la escuela sea de todos y para todos y no de todos y para unos pocos», asegura Begoña Garramendi, directora de Innovación Educativa del Gobierno vasco. Explica que en «el País Vasco muchos centros ya habían puesto en marcha este tipo de iniciativas y ahora las ha seguido la Administración. La distribución de espacios en patios tiene su sentido. No es porque se quiera quitar la posibilidad de jugar al fútbol, sino que se pretenden desarrollar otras opciones. Si uno no se siente bien no puede aprender igual y en los patios se creaban conflictos, se daban desequilibrios entre ellos y ellas. En los diagnósticos realizados se detectó que en los espacios no reglados, como el patio, había más problemas de convivencia y nuestro objetivo es evitar la violencia desde los cero años».

«Cada centro –incide Garramendi– organiza las actividades del patio de forma individual. Habrá los que enseñen juegos de nuestra infancia, otros que promuevan el baile y otros en los que al haber más emigrantes se enseñen juegos de diferentes culturas. En definitiva, se organiza el espacio de forma consensuada con el profesorado y en conjunto con el alumnado. De modo que en ningún momento desde la Administración se han establecido días para no poder jugar al fútbol como he visto», en referencia a un artículo de «Diario Vasco». «Los niños –prosigue– tiene que aprender a ponerse en el lugar del otro, hay que enseñarles a empatizar. Esto no va contra ellos ni contra ellas, ni contra el fútbol. Si no que evita las actitudes dominantes».

Preguntada por si no será más un problema de espacio que de género, Garramendi reconoce que «algunos patios pueden ser cada vez más limitados, pero si un centro tiene un patio pequeño no se puede cambiar esta realidad, lo que si se puede hacer es enseñar que es un espacio de todos». Opinión que no ve mal Marta González, portavoz de Igualdad del Grupo Popular: «Es necesario que pase el tiempo para ver los logros de esta iniciativa. Puede dar la sensación de reglamentar en exceso, pero puede permitir que haya un reparto equitativo del espacio para jugar a otros juegos».

El problema es que cuando uno era pequeño pensaba en el recreo como en los 20 minutos de libertad, para jugar, correr y para hacer lo que uno quisiera, dentro de un orden. «Con el pretexto de la violencia de género se están estableciendo medidas de control que son propias de sistemas totalitarios. El problema de la violencia en las aulas hay que afrontarlo, pero sin imposiciones, sin coartar la libertad de los niños en su tiempo libre», precisa Teresa García-Noblejas, portavoz de Profesionales por la Ética. «Abogamos –prosigue– por una educación en libertad que garantice las convicciones de los padres y respete la naturaleza biológica de los niños. Porque cuando en estos centros se decida qué actividades se llevarán a cabo la próxima semana los más vulnerables aceptarán tanto si les gusta o no. Esta medida que puede parecer de menor rango es ideológica. No creemos problemas donde no los hay. Muchos niños juegan al fútbol, de acuerdo. Pero también muchas niñas juegan al voleibol. De modo que las niñas no están en absoluto discriminadas en los patios. El patio es un espacio abierto donde los chavales deberían jugar a lo que quisieran».

«La violencia escolar, no sólo de género, existe y hay que erradicarla, pero pretender resolverla con este tipo de medidas no sólo no lo va a hacer, sino que va a crear más conflictos. Además no he visto representada en ese plan a la comunidad educativa de los padres, sólo a sindicatos y colectivos minoritarios», añade. Pero ¿qué opinan los directores de las escuelas? «Nuestro colegio es de cero a seis años y lo cierto es que esa problemática de desigualdades en el patio no las tenemos. En el patio los niños se divierten libremente y es cierto que los juegos de balón ocupan más espacio, pero no es un quítate tú para ponerme yo. En cualquier caso, estudiaremos la iniciativa», afirma Adolfo Mínguez, director del colegio La Inmaculada, en Vitoria.

«Cuando los niños son pequeños puedes hacerles jugar a lo mismo, pero cuando se desarrollan no. Las chicas entonces se suelen sentar en el banco no porque no tengan espacio, sino porque quieren hablar. El fútbol requiere más espacio, sí, pero otros juegos que necesitan menos juegan en un lado porque necesitan menos espacio. Sólo es eso. Es como discutir que una moto y un coche tendrían que tener el mismo espacio para aparcar. El problema es que se está cayendo en la imposición. El recreo es tiempo de ocio y los adultos no deberían imponer a los niños qué actividades hacer por cuestiones ideológicas», afirma Alicia Rubio, profesora de Educación Física de un instituto de Leganés.

Sea o no así, lo cierto es que sólo el tiempo dará o quitará la razón. Ahora bien, el juego debería ser libre, jugar despierta la imaginación. Quizá debería haber menos espacio para otras cosas y más para que los chavales jueguen y corran en el patio.

Libros de texto, a examen

El Plan no sólo recoge esta medida del patio, sino que pretende «analizar la invisibilización de la mujer en los libros de texto, y el papel en el que son representadas», avanza Garramendi. Un ejemplo: ellos en el trabajo y ellas en el hogar. El problema es que también van a examinar la representación gráfica y los colores. «Visualmente, hay un 32,95% menos de mujeres representadas en los libros. Además, vamos a valorar la presencia de colores pastel y pálidos. Todo eso hace que la mujer esté en un segundo plano, por lo que orientaremos para que los centros puedan expresar sus inquietudes al respecto y se lo comunicaremos a las editoriales». Así, con el fin de desterrar de las aulas ciertas actitudes que fomentan la discriminación de trato están analizando el currículum académico privado.