El cambio de hora, mejor en septiembre

Los expertos apuestan por volver a la tradición europea y retrasar la hora cuando entre el equinoccio de Primavera: «Así, en octubre tendremos más luz, como en marzo, y no ahora que amanecemos como si fuera diciembre».

Los expertos apuestan por volver a la tradición europea y retrasar la hora cuando entre el equinoccio de Primavera: «Así, en octubre tendremos más luz, como en marzo, y no ahora que amanecemos como si fuera diciembre».

Estamos tan acostumbrados ya al cambio de hora estacional que si no fuera por los medios de comunicación y el debate que mantiene la Unión Europea al respecto, pasaría inadvertido. Desde hace casi medio siglo lo llevamos haciendo dos veces al año, a finales de marzo y octubre, y ya ni siquiera nos molestamos en cambiar las manecillas del reloj porque los móviles hacen la tarea por nosotros. Pero, por si usted tiene que coger un avión o un tren, tome nota: en la madrugada de este domingo, a las 3:00 se retrasará la hora hasta las 2:00. Aunque a la mayoría de los mortales les parezca una cosa banal, lo cierto es que tiene muchas implicaciones, tanto a nivel biológico, económico e industrial. «Si no se cambiara la hora, en Santiago de Compostela, por ejemplo, saldría el sol el 1 de enero a las 9:05 y a mediados de junio alas 5:55, desbaratando por completo nuestros ritmos circadianos», advierte Jorge Mira, profesor de Física Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela. Miras también forma parte del grupo de expertos que creó el Gobierno de Pedro Sánchez para adoptar una postura de cara a Europa. La Unión Europea se planteó suprimir el cambio estacional en 2019, pero lo ha retrasado hasta el 2021 siempre que los estados lo ratifiquen. Una tarea que se prevé complicada.

Miras es un firme activista del cambio estacional de hora. Pero avisa: «Deberíamos hacerlo en septiembre, coincidiendo con el equinoccio de Otoño». La razón: «Es una simple cuestión de simetría de la Tierra, si un cambio de hora lo hacemos coincidiendo con el equinoccio de primavera, el otro lo tendremos que hacer en el de otoño, cuando el planeta está en la misma orientación». De esta forma, continúa, «los días de octubre van a tener algo más de luz por la mañana, parecidos a los de marzo, y no como ahora, que estamos teniendo días grises al amanecer como en diciembre».

Aprovechar el Brexit

No obstante, en los inicios de la Comunidad Económica Europea la mayoría de los países, a excepción de Reino Unido e Irlanda, seguían esta pauta. Desde el año 1981 el horario de invierno comenzaba el 23 de septiembre, pero en 1996 se reformó la directiva europea para habituarnos a la manera de proceder de los ingleses, que lo hacían en octubre. «Ahora sería bueno aprovechar la coyuntura del Brexit para volver a la tradición europea», apunta Miras.

El cambio estacional de hora es un debate que provoca división no solo en España, sino también entre los distintos países europeos. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, sembró la discordia al plantear su suspensión y dar a elegir a los ciudadanos si quedarse con el horario de invierno o de verano. Mientras los países nórdicos aplaudieron eufóricos, Portugal ya avisó de que no acataría la norma y seguiría corriendo las manecillas del reloj dos veces al año como hasta ahora. «El debate es culpa de los finlandeses, que dijeron formalmente a la Unión Europea que no querían hacer el cambio de hora. A ellos les da igual el cambio porque pasan de 24 horas de noche en Navidad a 24 horas de día en verano. Una hora arriba o abajo no les afecta, pero a nosotros sí», advierte Jorge Mira.

En España, tampoco conseguimos ponernos de acuerdo. Pese a que el 72% de la población está en contra de cambiar la hora en invierno y verano, según el «Barómetro sobre Neurociencia y Sociedad», llevado a cabo por la consultora Ipsos, existe una cierta segmentación por área geográfica. Las más partidarias del cambio de hora son las comunidades mediterráneas, en concreto, Cataluña y Comunidad Valenciana, donde el porcentaje de población a favor de la diferencia horaria es del 36% y del 32% respectivamente, es decir, ocho puntos por encima de la media nacional. En contraposición a estos datos están los gallegos, con un 80% de la población autonómica contraria al cambio, seguidos por los vascos, con un 78%.

En este gran debate, también sale siempre la cuestión de si el país está en el huso horario correcto y si un cambio en ese
sentido podría llevar a una
racionalización de horarios «Seguramente, no», apunta Miras. Y explica: los europeos comparten un patrón de comportamiento que se acompasa con las horas de luz. Si los españoles comen a las 14.30 horas es porque, en ese momento, el sol está más alto. Y el sol está más alto en el Reino Unido a las 12 y en Italia y Portugal a las 13 horas. «España está en el punto de equilibrio solar, defiende este físico, miembro de la comisión española que estudia la pertinencia de los cambios de hora. Tampoco renunciar al cambio estacional. «Sería una fractura del país elegir entre el horario de invierno o de verano» y que además, significaría o «andar en bermudas en invierno o con abrigo en verano».

El «no» de los médicos

Pero la comunidad médica no comparte la misma opinión que el físico. «Al que se le ocurrió la idea de cambiar la hora habría que ponerlo sobre un colchón de púas toda su vida». Quien desea tanto mal a los gobiernos que en 1973, tras la crisis del petróleo, introdujeron el cambio de hora dos veces al año con el argumento de «ahorrar energía» es el doctor Ferran Barbé, experto en sueño y responsable del área de respiratorio del Hospital Arnau de Vilanova. El cambio de hora desajusta el ritmo circadiano, el reloj interno que regula los ciclos del sueño y la vigilia, afirma. «Da igual que seamos madrugadores o trasnochadores, porque aunque el ritmo de vida venga marcado desde fuera, todas las células tienen un reloj interno al que no se le ha informado de que se van a ir a dormir una hora más tarde», recalca.

El cambio de horario de este fin de semana para ganar una hora de luz al día es el que menos afecta a la salud, aunque «hay personas que pueden llegar a tardar hasta dos semanas en adaptarse», asegura el doctor Javier Alvares, neurofisiólogo clínico y director médico de la unidad del Sueño del Centro Médico Téknon. «Lo que nos ocurre a todos estos días es que sufrimos un desajuste entre el reloj biológico y el reloj social, que es el que cambia y al que nuestro cuerpo debe adaptarse», detalla el doctor.