“El Chicle”, antes del juicio: «Me aburro, quiero mi televisión»

José Enrique Abuín espera desde la cárcel de Teixeiro que comience el juicio por el asesinato de Diana Quer. No quiere bajar al patio porque evita el contacto con el resto de presos

La última vez que vimos a «El Chicle» fue en abril, durante el juicio por la joven de Boiro
La última vez que vimos a «El Chicle» fue en abril, durante el juicio por la joven de Boiro

José Enrique Abuín espera desde la cárcel de Teixeiro que comience el juicio por el asesinato de Diana Quer. No quiere bajar al patio porque evita el contacto con el resto de presos.

Es cierto que llegó con demasiada antelación y que estos días en «prisión ajena» se le deben estar haciendo más largos de lo normal, pero, en realidad, en Teixeiro (La Coruña) ya debería sentirse como en casa porque fue la primera cárcel que pisó tras ser detenido por el crimen de Diana Quer. José Enrique Abuín Gey, alias «El Chicle», todavía presunto asesino de la joven madrileña, fue trasladado desde la cárcel donde estaba en prisión preventiva, en Mansilla de las Mulas (León), hasta esta coruñesa el pasado 2 de octubre, cuatro semanas antes de que comience el juicio, y parece que la espera se le está haciendo eterna. A lo largo de todo este tiempo, Abuín, que está en régimen FIES 5 (sometido a un seguimiento especial por el tipo de delito cometido), ya se ha quejado varias veces de estar «muy aburrido», según fuentes penitenciarias. Apenas sale de su celda, donde dicen que pasa prácticamente 23 horas y media al día. «Quitando las entrevistas que tiene que mantener con el equipo psicosocial de la cárcel, solo sale para llamar por teléfono y, muy rara vez, para comprar algo en el economato. No quiere bajar al patio porque evita el contacto con el resto de presos», aseguran las mismas personas. Porque «El Chicle» sabe de sobra cómo funcionan las prisiones: cuáles son los códigos de respeto y qué delitos merecen «castigo». Él es un «violeta» (violador en el argot carcelario) y un asesino. Y no hay nada peor (salvo los delitos de pederastia) que el resto de internos sepan que lo eres porque pueden hacerte la vida imposible ahí dentro. «En el momento en que puso un pie aquí ya lo sabían hasta en el último módulo y, menos guapo, le dijeron de todo. Él intenta ir siempre tapado con la capucha de la sudadera».

Más gordo y desaliñado

A través de su celda acristalada está permanentemente vigilado por un ordenanza (un interno que realiza labores dentro de la prisión) al que trajeron ex profeso del módulo de enfermería porque era el único que había hecho el curso de protocolo antisuicidio. También este interno será el encargado de vigilarle cuando regrese cada día de las sesiones del juicio, que comienza ya mañana con la elección del jurado popular en la Audiencia Provincial de La Coruña, con sede en Santiago de Compostela. Su declaración, no obstante, está señalada para el martes 29, el mismo día que los padres de la asesinada. La entrega del objeto de veredicto al jurado popular (que le declarará inocente o culpable) se entregará el 11 o 12 de noviembre. Mientras llega ese día, «El Chicle» ya no sabe ni cómo matar el tiempo. Su único entretenimiento es mirar por la venta de su celda. En ese sentido, es bastante afortunado, porque el ventanuco de su «chabolo» –situado en el módulo de ingresos, al fondo de la primera planta– tiene vistas al campo de fútbol y a la pista del centro penitenciario, donde otros internos practican deporte. Él podría bajar también de 12:10 a 16:20 horas, pero no quiere. Parece ser que lo que más echa de menos es la televisión con la que sí cuenta en su celda de León y que no le han enviado ahora a Teixeiro. Pero, como lo más probable es que regrese a cumplir condena a Mansilla de las Mulas, puede que ni le llegue a tiempo. En este tipo de casos, cuando un interno es trasladado de forma temporal a otra prisión, pueden fletar junto con su petate también la tele y facturarla por vía interna (a través de Prisiones) o hacerlo de forma externa y costearse un porte a través de Correos. De momento, «El Chicle» está sin ella. De hecho, preguntó si el centro podía prestarle una. Antiguamente las cárceles ofrecían este servicio a los internos que estaban de paso, pero esa posibilidad ya no existe. «Eran de esas antiguas y a veces escondían cosas en el culo del aparato, por eso se dejó de ofrecer este servicio», explican desde prisiones. Lo que no parece preocuparle es la imagen que va a dar cuando el martes toda España le vuelva a ver. Al menos, hasta hace un par de días, permanecía con un look bastante diferente y mucho más descuidado que la última vez que le pudimos ver, en el juicio por el intento de secuestro a la chica de Boiro en la Navidad de 2017. Fuentes penitenciarias aseguran que ahora luce el pelo bastante más largo, algo desaliñado, y que se ha dejado la barba también mucho más larga. «El Chicle» también ha cogido algo de peso por la inactividad que conlleva la prisión. Atrás quedó su afición por las carreras populares, donde participaba con su mujer y su hija. Y es que su vida dio un giro radical y ahora no le ha quedado otra que adaptarse a las rutinas carcelarias del centro penitenciario leonés, donde lleva un año tras un breve periplo por otros. Unas seis horas después de que sonaran las campanadas que daban la bienvenida al año 2018, tras esa agridulce Nochevieja que hizo pasar a los agentes de la Guardia Civil –contentos porque, al fin, después de 16 meses de búsqueda, podían entregar el cuerpo de la chica a su familia, pero devastados por las concidiones en las que lo encontraron–, Abuín ingresaba preventivo en esta misma prisión de Teixeiro, donde se encuentra ahora, como si hubiera completado un círculo. Pero aquella vez apenas duró diez días.

Talleres de madera y papel

Enseguida le trasladaron a la cárcel pontevedresa de A Lama porque había algún miembro del llamado clan de Os Fanchos para el que un joven Abuín había trabajado esporádicamente hace años llevando algún paquete de cocaína para ellos y, al ser descubierto, habría delatado al jefe, una conducta muy mal vista entre estos clanes. En A Lama apenas estuvo 8 meses, también por choques con otros internos. Así, la dirección del centro, con el «OK» de Instituciones Penitenciarias, decidieron trasladarlo un poquito más lejos: a León. En la prisión de Mansilla de las Mulas lleva desde últimos de septiembre de 2018 y, después de más de un año, ya ha encontrado su sitio. Dicen que tiene un comportamiento «impecable». Hace talleres de madera y papel, participa en juegos de mesa y sale a correr un poco por el patio. Todo este tiempo ha estado en el módulo 12 de respeto, donde están los presos de baja conflictividad. Aquí las celdas suelen estar abiertas y, si solicitan permiso al funcionario de turno, pueden subir a las mismas si necesitan algo. Se prevé que sea allí en León donde «El Chicle» cumpla su condena por el crimen de Diana Quer, a la que decidió matar y casi al del resto de su familia. La Fiscalía pide para él la Prisión Permanente Revisable (PPR) por el asesinato de la joven con alevosía y ensañamiento, 12 años por agresión sexual y 20 por detención ilegal. Es probable que Abuín sea condenado a la PPR, lo que le convertiría en el acusado número 12 condenado a esta pena en España. Precisamente el primero que estrenó la PPR es un compañero de prisión de «El Chicle». Se trata de David Oubel, otro gallego que cumple condena en Mansilla de las Mulas tras acabar con la vida de sus hijas en Moraña empleando una radial. Se desconoce, no obstante, si están en el mismo módulo y tienen ocasión de cruzarse.

La última visita de su familia

A las 15:30 horas «El Chicle» recibió la última visita de su familia antes del juicio. Son ellos, los únicos que han seguido manteniendo contacto con él. El único contacto que José Enrique Abuín mantiene con el exterior son las llamadas de sus familiares. Al parecer, habla con sus padres y de vez en cuando algún hermano. Esta familia, marcada también de por vida por culpa de su hijo, nunca ha vuelto a poder llevar una vida normal. Viven muy cerca de la nave abandonada de Asados, donde «El Chicle» llevó a Diana Quer para violarla y asesinarla, según la Fiscalía. Desde el primer momento lamentaron lo ocurrido y pidieron perdón a la familia de Diana. El padre de la víctima, no obstate, la llegó a llamar por teléfono para decirla que ellos no tenían culpa de nada. Quien no está tan claro que no supiera nada del tema es la mujer de Abuín. Rosario Rodríguez le dio coartada durante las primeras investigaciones y dijo que había estado toda la noche con él. Al ser detenido 500 días después ya matizó: en realidad, su marido se había ido de casa de 22:00 a 4:00 horas de aquella madrugada para, según pensaba ella, robar gasoil, por eso no dijo la verdad al principio. Sin embargo, sospechó de su marido y durante la intensa búsqueda de Diana no fue a ningún cuartel a cambiar su versión. Dicen que estaba «sometida» a su marido y que incluso había pasado por alto algunos episodios de malos tratos. En junio del año pasado ella le pidió el divorcio. Se habían casado en 2003 y habían tenido una niña. La pareja vivía en Taragoña pero la pequeña lo hacía con sus abuelos maternos en Catoira.