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El impacto social del «caso Diana» supera ya al de Marta del Castillo

En sólo tres días, dos millones de personas consultaron la ficha de la joven madrileña en las redes sociales. Cientos de personas aseguran haberla visto en todo el país

En sólo tres días, dos millones de personas consultaron la ficha de la joven madrileña en las redes sociales. Cientos de personas aseguran haberla visto en todo el país

El «caso Diana Quer» ha generado un impacto social de una enorme magnitud. Más incluso que el «caso Marta del Castillo», que conmocionó a toda España y que sigue despertando el interés social y de los medios de comunicación. Lo reconoce la Asociación SOS Desaparecidos, que sigue con preocupación la búsqueda de la joven madrileña desaparecida hace 22 días de A Pobra do Caramiñal (La Coruña) cuando regresaba de unas fiestas. La asociación asegura que sólo en los tres primeros días de denunciarse su desaparición, más de dos millones de personas entraron en la ficha de la joven madrileña de Pozuelo de Alarcón a través de la página de Facebook que SOS Desaparecidos tiene para interesarse por el caso. También se han batido récords de llamadas telefónicas de personas que han contactado con la asociación y que aseguran haber visto a la joven de 18 años en algún punto de España aunque, desafortunadamente, ninguna de ellas ha aportado datos concluyentes. «Nunca hasta ahora, ni siquiera con la búsqueda de Marta del Castillo, llamaron tantas videntes para ofrecer pistas de Diana: hemos atendido cerca de un centenar y hemos recibido al menos 30 o 40 correos electrónicos con mapas y dibujos indicando dónde podría hallarse», explica un portavoz, consciente de que las redes sociales juegan un papel decisivo en este tipo de casos. De hecho, sólo a través de internet, la asociación ha conseguido dar con el paradero este año de 24 personas desaparecidas, cinco más que en 2015.

En el caso de Diana Quer, basta con poner su nombre en las redes para ver el gran tráfico que ha generado y genera su desaparición. La ciudadanía se ha volcado, ya sea dando cualquier detalle o pista que creen que puede ayudar a dar con su paradero o haciéndose eco de su desaparición al publicar el cartel de la joven. Pero no siempre tanto tráfico de información ayuda. «Mucha información en las redes sociales puede ser muy útil, pero en otras ocasiones puede ser contraproducente. No hay un patrón determinado», explicaron desde la Policía Nacional.

Opinión que comparte el criminólogo Ricardo Magaz. «Tan malo es la falta de información como el exceso que en ocasiones entorpece e intoxica un caso. A veces con ánimo de ayudar sobrecargan a los investigadores con datos bienintencionados pero irrelevantes». Pero existen técnicas para separar la «paja» de los datos importantes facilitados. «En el caso de Diana la Guardia Civil tenía claro que no iba con los pantalones short rosa. Estoy convencido de que la madre no lo dijo antes porque se le habría pedido no decirlo ya que eso les servía para descartar a todos aquellos que decían haberla visto a partir de las 02:30 de la madrugada con el pantalón rosa en tal lugar», afirma.

Para otros expertos como el periodista Paco Lobatón, presidente de la Fundación QSD-Global, las redes sociales son un gran aliado. «Cuando hacíamos el programa ‘‘Quien sabe dónde’’ no había redes sociales. Trabajábamos con un teléfono 900 gratuito para que la ciudadanía colaborara. Y le puedo decir que la colaboración fue la clave absoluta. Si se consiguió un 70% de éxito en la resolución de los casos fue gracias a la colaboración ciudadana, que tiene una predisposición a ayudar increíble». Lobatón pone como ejemplo el caso de Anabel Segura. Eran los 90. No había redes sociales y estaba el terrible precedente de las niñas de Alcàsser. La sociedad española se volcó en el caso de esta joven de 22 años que fue secuestrada en Madrid el 12 de abril de 1993 mientras hacía «running» en el barrio de La Moraleja. Su cuerpo fue encontrado dos años después, en septiembre de 1995. Ese año «hicimos un especial pidiendo a los ciudadanos que colaboraran en la identificación de las voces de los secuestradores y llegó el dato que necesitaba la Policía. En horas se les detuvo», recuerda Lobatón.

«En el caso de Yéremi –prosigue– la ciudadanía también ayudó y los progresos que se han hecho en estos nueve años han sido gracias a las aportaciones de la gente tal y como lo han expresado en numerosas ocasiones desde la Guardia Civil».

Por lo tanto, para Lobatón las «redes sociales son una herramienta formidable» para ayudar en la resolución de casos así, aunque «depende del buen uso que se les dé, pero la eficacia está probada en la difusión de las búsquedas». Ahora bien, «lo que no es tan bueno es que las redes sirvan de corrillo para enrarecer lo que ha pasado. Hay que decir alto y claro que la prioridad es encontrar a Diana con vida. Cuando hay un accidente se atiende primero a las víctimas, no se espera hasta averiguar las causas».

Por otra parte, las redes sociales son una «gran fuente para los que definen el perfil de víctimas, verdugos y testigos. Se empieza primero por investigar el núcleo más próximo y después se amplían los círculos», explica Magaz, al que le llama la atención que Diana «dejase de twittear un mes antes de su desaparición».