El jurado del «caso Asunta»: blindado hasta el veredicto

Este fin de semana, los nueve miembros del jurado popular lo tienen libre. A partir del lunes quedarán aislados para deliberar en dependencias del juzgado. Pasarán la noche en un hotel, sin móviles ni televisión ni contacto con el exterior. Todo bajo estrecha vigilancia policial. Tienen que preparar las respuestas a las preguntas que les harán el juez y los abogados

Panorámica de la sala. Recreación de la sala del jurado donde ha tenido lugar el juicio durante cuatro semanas
Panorámica de la sala. Recreación de la sala del jurado donde ha tenido lugar el juicio durante cuatro semanas

Este fin de semana, los nueve miembros del jurado popular lo tienen libre. A partir del lunes quedarán aislados para deliberar en dependencias del juzgado. Pasarán la noche en un hotel, sin móviles ni televisión ni contacto con el exterior.

A la misma hora que el pasado viernes Rosario Porto y Alfonso Basterra renunciaban en Galicia a hacer uso del turno de última palabra, en Valencia, un jurado popular exculpaba a dos acusados del asesinato de Alpuente. El resultado fue muy reñido: cinco votos a favor de la absolución, cuatro a favor de la condena. Los miembros del jurado popular escucharon a los mismos testigos y vieron las mismas pruebas. ¿Cómo puede ser que unos se decantasen por la inocencia y otros por la culpabilidad?, ¿cómo se pueden tener visiones tan radicalmente opuestas de una misma realidad?

A la espera de saber cuál será el veredicto en el caso del juicio de Asunta, la responsabilidad de decidir sobre si los padres de la niña pasan los próximos 20 años de sus vidas en una cárcel o en libertad recaerá a partir de este lunes sobre cinco hombres y cuatro mujeres. Hay jubilados, amas de casa y veinteañeros, un jurado ecléctico. Durante las cuatro semanas que han durado las sesiones los jurados han apuntado datos en los cuadernos que les entregaron en la Audiencia, han formulado preguntas a través del magistrado presidente y se han desesperado cuando alguna sesión culminaba a las nueve de la noche. Habitualmente, a eso de las doce de la mañana se hacía un descanso de media hora. A veinte metros de la sala de prensa donde una treintena de informadores nos congregábamos, los jurados podían elegir entre café, té, bollos, empanada y sándwiches, dependiendo del día. Si la jornada se alargaba a la tarde todos bajaban juntos a comer a un restaurante cercano. A su disposición el menú, con dos primeros y dos segundos.

Este fin de semana, los nueve jurados lo tienen libre. Pueden charlar con los amigos, salir a bailar, leer la prensa e incluso asistir a misa en la Catedral. No les está prohibido cambiar impresiones del caso ni tampoco leer las crónicas que se publiquen. Queda a su criterio. El lunes, el juez y los abogados terminarán de perfilar el objeto del veredicto. ¿Qué es? Son las preguntas que el jurado debe responder y que servirán, en función de lo que se conteste, para establecer la culpabilidad o la inocencia de los acusados. Una de las cuestiones que se les puede plantear es la siguiente: «Durante los meses anteriores a la muerte de Asunta, la niña fue drogada en cuatro ocasiones con altas dosis de Orfidal que siempre compraba Alfonso Basterra, concretamente 175 pastillas los días 5, 17 y 22 de julio y 16 de septiembre. En todas esas ocasiones, Asunta dormía en casa de su padre». El jurado deberá decidir si la afirmación es verdadera o falsa y argumentar por qué. En este caso la respuesta es sencilla. Los resultados de los análisis de pelo realizados por los expertos determinan que la menor consumió grandes dosis de Lorazepam en los tres meses anteriores a su fallecimiento. El propio Alfonso, durante la investigación, reconoció que su hija durmió esos días con él, aunque en el juicio ha modificado su testimonio y señala que tres de esas noches las pasó con su madre. Hay profesoras que presenciaron cómo el padre la llevaba a clase en un estado deplorable y así lo contaron en el juicio; Basterra reconoció haber comprado las cajas de medicamentos y las farmacéuticas habérselas dispensado. Parece sencillo hasta que se llega al día del crimen. Es entonces cuando surgen algunas dudas o faltan datos que pueden provocar discrepancias entre los jurados.

¿A qué hora le dieron el Orfidal a Asunta?

Existe enorme controversia en este punto. Durante el juicio ha sido imposible determinar si la niña ingirió de golpe las 80 pastillas machacadas o fue de forma paulatina a lo largo del día. Tampoco si las disolvieron en agua o estaban ocultas entre la comida. Parece claro que nadie la forzó a tomarlas porque no hay marcas de violencia en su cuerpo. El fiscal sostiene que ocurrió en casa de Alfonso durante la comida. El dato no cuadra. Tal ingesta de Lorazepam hubiese aturdido notablemente a la niña de 12 años. Como máximo en 45 minutos habría sido imposible que se sostuviese sobre sus piernas y menos que caminase alegremente. Una cámara de seguridad la graba a las 17:20 y anda con normalidad. Una hora después, a las 18:20, Clara, una testigo, la ve junto a su padre cruzando una calle. Nada en su forma de deambular llama la atención: «Si hubiese ido drogada, mareada o algo, lo habría notado», dijo en el juicio. Queda claro que el fiscal se confunde. Es contrario a la lógica que una niña ingiera 89 pastillas de Orfidal a las 15:00 y tres horas después camine como si nada. Por otro lado, el cuerpo de Asunta, antes de morir, había metabolizado, al menos durante dos horas el medicamento. Si la data máxima de la muerte según el forense oficial fue las 20:00 horas, como mínimo se las tuvieron que dar a las 18.00. Entonces, ¿dónde le dieron las pastillas? Ha sido imposible de determinar. Si Asunta salió de casa de su padre sola, ¿a dónde fue?, ¿por qué una hora después la testigo la ve con Alfonso?, ¿dónde se reunieron?, ¿allí le dio las pastillas Basterra?

¿Por qué madre e hija no salieron juntas de casa de Alfonso?

Tanto el padre como la madre dijeron que al terminar la comida, Asunta salió con Rosario del domicilio de Alfonso. Las cámaras demostraron que la afirmación era falsa. Los investigadores se plantearon por qué habrían de mentir en algo tan tonto. Rosario puso como excusa que se quedó a fumar para que la niña no la viese. Sin embargo, y aunque no se puede probar, los investigadores sospecharon que fue el momento en que machacaron las pastillas y cuando el vestido de Porto se ensució con Orfidal.

¿Dónde estuvo Alfonso hasta las nueve de la noche?

Ha sido imposible determinar a través del teléfono su posicionamiento, porque todo apunta a que lo apagó. Ninguna cámara grabó su imagen y, salvo la testigo de las 18:20, nadie más le vio aquella noche. A pesar de ello, la fiscalía y la acusación popular defendieron que estuvo en Teo durante la muerte de Asunta. Va a ser difícil para el jurado popular sostener en base a datos objetivos y no conjeturas semejante afirmación.

¿Dónde fue asesinada?

La fiscalía sostiene que en la finca de Teo, a las afueras de Santiago. Cree que fue así porque en la planta superior encontraron dentro de una papelera una cuerda naranja similar a las que aparecieron junto al cadáver de la niña, la funda de una mascarilla y un papel humedecido con ADN de Rosario y Asunta mezclados. Si el jurado da por buena esa tesis, y no se puede probar que Alfonso estuvo en la finca de Teo, ¿cómo bajó desde la segunda planta Rosario a su hija? En el cuerpo no hay señales de arrastre, ni golpes de caer por las escaleras. La lógica indica que allí había alguien más o, como sostienen las defensas, que no fue el lugar del crimen.

Si Alfonso estuvo en la finca, ¿cómo regresó a Santiago?

Para resolver el traslado del cadáver de Asunta desde la segunda planta al coche, la presencia de Alfonso se hace imprescindible. A las nueve de la noche, Basterra comienza a usar el móvil y se le sitúa en Santiago. A esa misma hora, Rosario sale de la finca de Teo. Un testigo que pasea con sus perros habla con ella y no ve nada en los asientos de atrás. Ni el cadáver ni a su marido escondido. Tampoco ladran sus animales. ¿Cómo volvió Alfonso a Santiago?

Éstas son algunas de las dudas más relevantes que el jurado tendrá dificultad para responder si le son planteadas. «En una investigación es imposible determinar todo lo que ocurrió con absoluta precisión. Siempre quedan algunas lagunas que pueden llevar a la absolución. Sin embargo, en este caso, los episodios de sedación y que la propia niña dijese que sus padres le daban polvos blancos es definitiva según la acusación popular. Los padres dijeron que no era orfidal, sino antihistamínicos, pero en el pelo de Asunta no se encontró rastro de ellos. Es decir, mienten», apunta un investigador retirado con cientos de resoluciones a sus espaldas.

A partir del mediodía del lunes el jurado quedará aislado. Deliberarán en las dependencias del juzgado y pasarán la noche en un hotel, sin móviles ni televisiones ni contacto con el exterior. La policía vigilará que ellos no salgan y que nadie entre a visitarlos. Aunque se especula con que habrá veredicto el mismo lunes o el martes, todo apunta a que se retrasará al menos hasta el miércoles.