El misionero, amigo de Pajares, viajó a Liberia para reabrir el hospital San José

Justino Izquierdo volvió a Burgos el pasado sábado y poco después se trasladó a Madrid

La Orden de San Juan de Dios está viviendo un nuevo momento crítico, tras la repatriación de los dos misioneros Miguel Pajares y Manuel García-Viejo que, lamentablemente, fallecieron días después de su ingreso en el Hospital Carlos III. Su cuerpo no pudo aguantar las embestidas del virus del Ébola. Su edad y sus patologías previas no ayudaron a que su sistema inmune peleara contre él.

La devastación que está produciendo el virus en Liberia y Sierra Leona, donde trabajaban los dos sacerdotes, obligó a la congregación a cerrar el Hospital San José de Monrovia donde Miguel Pajares había trabajado durante siete años y donde coincidió con Justino Izquierdo, el misionero que ayer ingresó en el Carlos III tras empezar a sentír uno de los síntomas que indican un posible caso de ébola: la fiebre. Ayer fue trasladado al centro de referencia en Madrid donde permanece aislado en la sexta planta. Aunque desde su congregación no han querido confirmar a este diario su identidad, fuentes cercanas afirman que el misionero, originario de Villayerno Morquillas (Burgos), volvió el pasado sábado de Liberia y, tras pasar por su pueblo donde vive su hermano, volvió a la capital el pasado martes. En el hospital le han hecho la prueba de sangre PCR que indicará si tiene o no el virus, aunque para confirmar el resultado se repetirá una segunda vez. La Orden solo asegura que el misionero «no estuvo en contacto con enfermos de ébola», por lo que «el paciente es de bajo riesgo».

J.I. estaba retirado en su pueblo, tras pasar toda su vida de misiones en África. Sin embargo, al enterarse del fallecimiento de Pajares se ofreció voluntario para volver al Hospital San José de Monrovia. Su misión: reabrir el hospital de su amigo. Y es que nadie conoce mejor que él la capital de Liberia y el funcionamiento del centro sanitario ya que vivió allí durante 34 años. De ellos, dirigió el hospital durante 16 y ejerció de Superior durante nueve. Al igual que Miguel Pajares, Justino Izquierdo, de 74 años, vivió durante ese tiempo en comunidad con las Hermanas Misioneras de la Inmaculada Concepción, como también hiciera Pajares.

Durante su larga estancia en Liberia, el misionero tuvo que atravesar por todo tipo de situaciones: guerras y miseria. Pero, a pesar de su retiro, decidió volver al país donde tantas penas y alegrias le habían dado. Todo por reabrir un hospital que lleva más de dos meses cerrado, desde que el virus del Ébola entró en él.

En un conversación a través de Skype con Roberto Lorenzo, coordinador de Juan Ciudad ONGD, LA RAZÓN pudo saber que estaban trabajando con otras organizaciones no gubernamentales como Médicos Sin Fronteras para contar con un centro de referencia de ébola cercano al hospital materno-infantil. «Queremos volver a ser un centro de referencia para esta zona», afirmaba al otro lado de la pantalla. Lorenzo confirmó que el hospital permanecía cerrado, aunque ya habían desinfectado todas las instalaciones y les estaba llegando el material necesario para volver a abrir las puertas y recibir a mujeres y niños. Pero para que no se vuelva a repetir lo acontecido en agosto, al Hospital San José le tienen que asegurar que pueden derivar los posibles casos de ébola a un centro de referencia y, a finales de septiembre, aún no contaban con éste.

El hospital fue creado en 1963 y, además de centrarse en los cuidados de las familias, el Gobierno liberiano se ha acercado en varias ocasiones para aprender de su buen funcionamiento. Justino Izquierdo tuvo que sufrir, mientras atendía a enfermos, los bombardeos en los que se sumió el país entre 1997 y 2003 cuando el grupo rebelde Liberianos Unidos para la Reconciliación y la Democracia (LURD) luchaban contra los militares que defendían al presidente Chrales Taylor.