Enoclofobia: miedo a las multitudes

Las «carreritas» que se vivieron durante la Madrugá sevillana crearon situaciones de pánico que pueden generar secuelas.

«La rompida de la hora» en la localidad de Calanda (Teruel)
«La rompida de la hora» en la localidad de Calanda (Teruel)

Las «carreritas» que se vivieron durante la Madrugá sevillana crearon situaciones de pánico que pueden generar secuelas.

La Madrugá «está tocada», se dijo horas después de los incidentes ocurridos la noche del Jueves Santo en el centro de Sevilla. Las escenas de pánico que se vivieron en sus calles obligan a muchos de los allí presentes a replantearse su asistencia a zonas muy transitadas o lugares llenos de gente. El miedo se les ha metido en el cuerpo. Pero este problema tiene un nombre: la enoclofobia, que no es otra cosa que el miedo a lo incontrolable y al no poder escapar. «Las personas que padecen este tipo de patología evitan lugares muy grandes, con mucha gente. Sienten miedo y estrés en el cine, en la cola de un banco, o incluso en el autobús o en el metro», explica a LA RAZÓN Marisa García Roso, directora del centro médico Garos. Precisamente uno de los escenarios «malditos» para la enoclofobia fue la Madrugá.

Un centenar de heridos, uno de ellos grave, y la sensación de pánico general y de fragilidad en un rito ancestral son el balance inicial a falta de explicaciones oficiales que convenzan. La teoría de «los cuatro niñatos» no cuadra y se desatan teorías de conspiración, más aún, teniendo en cuenta los sucesos que ya ocurrieron en 2000 –las llamadas «carreritas»– y varios conatos silenciados años atrás. De hecho, sin esa experiencia previa y sin el saber estar de la ciudadanía hispalense en acontecimientos multitudinarios –una fama ganada durante siglos y que ha llevado, incluso, a celebrar acontecimientos como bodas reales casi en plena calle de Sevilla, la última, la de la Infanta Elena– la tragedia hubiera sido mucho mayor.

Por ello el trabajo de las vísperas, despejando las vías de evacuación, los operativos de seguridad, el saber estar ciudadanos y los protocolos de actuación de las cofradías lograron que el parte de heridos resulte anecdótico teniendo en cuenta la aglomeración de decenas de miles de personas en un radio de unos kilómetros cuadrados. «La enoclofobia es una fobia específica, las personas que la padecen son tremendamente controladoras, tienen mucho miedo y no admiten que la vida tenga un mínimo de descontrol», cuenta García Roso.

Esta patología es muy común entre los pacientes del centro médico Roso. El 99% de los que acuden a la clínica sale adelante gracias a una evaluación previa y al posterior tratamiento. «Tienen que aprender a vivir con la duda, se les expone al miedo y se les prepara con técnicas para el afrontamiento», concluye la doctora. Sin embargo, hay que diferenciar la enoclofobia con una respuesta adaptativa. Es decir, mientras la primera es una patología clínica que necesita técnicas de adaptación y tratamiento, la segunda se produce ante un acontecimiento que no es habitual y por tanto se desarrolla una respuesta completamente normal ante el estrés. Esto es, por ejemplo, la huida ante el sonido de un disparo, y lo que les ha ocurrido a muchos asistentes de las procesiones sevillanas.

La reacción de los nazarenos de las diferentes hermandades durante los acontecimientos del Jueves Santo fue clave para no formar tapones y embotellamientos. En apenas un segundo, cada tramo se pegaba a la pared más cercana, dejando el centro de la calle libre ante posibles avalanchas. La Policía Local y los diputados de tramos, en todo momento, llamaban a la calma, así como muchos ciudadanos, que resultaron también claves para detener a los presuntos «gamberros». Los días previos, la Policía retiró puestos ambulantes y hasta una churrería en el Puente de Triana. Otra de las medidas más efectivas fue establecer aforos limitados en puntos estratégicos del centro. El operativo de seguridad, conformado por el Ayuntamiento y la Delegación del Gobierno, detectó 17 puntos calientes. En estas zonas se redujo el acceso de público al 50%.

El alcalde de Sevilla, Juan Espadas, analizará hoy con las hermandades los sucesos. El Consejo ya ha avanzado que propondrá «medidas drásticas» para salvar la Madrugá.