Fake news: La generación de la mentira

El nuevo reto al que se enfrenta el sistema educativo mundial es dar con la fórmula para formar a ciudadanos capaces de detectar la información veraz de la que no lo es. Los expertos temen que las redes sociales creen a adultos manipulables.

El nuevo reto al que se enfrenta el sistema educativo mundial es dar con la fórmula para formar a ciudadanos capaces de detectar la información veraz de la que no lo es. Los expertos temen que las redes sociales creen a adultos manipulables.

Quién no ha recibido un mensaje de WhatsApp sobre productos supuestamente cancerígenos, atentados inminentes o descuentos increíbles para supermercados?No son más que bulos, pero no siempre es fácil determinar qué es verdad y qué no. La educación no vive al margen del mundo de las noticias falsas o «fake news» que nos instalan en lo que los expertos han llamado la era de la posverdad. En el caso de los menores suponen un riesgo añadido teniendo en cuenta que las nuevas tecnologías hacen que la transmisión de las falsas verdades se haga ahora de forma masiva por las redes sociales, de las que los jóvenes son los principales usuarios. Mensajes que se propagan a través de «youtubers», blogueros, «influencers»... pueden convertirse en virales a través de las redes de tal manera que una afirmación que puede ser una mentira se convierte en la verdad más asumida y aceptada del mundo sin que haya ningún tipo de cuestionamiento. Un estudio de la Universidad de Stanford advierte, además, de que la mayoría de los jóvenes no distingue entre lo que es falso y lo que no. Es precisamente en este contexto en el que la educación que se imparte a las nuevas generaciones cobra una especial relevancia, según se puso ayer de relieve durante la sesión inaugural de la VIII Cumbre Mundial para la Innovación en la Educación, organizada por la Fundación Qatar que se celebra hasta hoy en Doha.

El desafío para la educación se encuentra en lograr formar ciudadanos con pensamiento crítico, según los expertos, algo que requiere una labor de apoyo escolar y de comprensión lectora. ¿Cómo pueden entonces los educadores combatir las noticias falsas desde el aula para evitar los perjuicios que acarrean? «Algunos países ya se encuentran a la vanguardia de esta labor y Singapur es uno de ellos, que ha decidido realizar un abordaje integral del asunto: en 2012 se creó un consejo de alfabetización mediática para los usuarios de internet y realiza una campaña anual con este objetivo», explica a LA RAZÓN Kishore Mahbubani, de la Universidad de Singapur.

Y no es la única iniciativa a nivel estatal. Ya hace unos años que la Junta Nacional de Bibliotecas de Singapur también lanzó la campaña SURE (Entender, Investigar y Evaluar la fuente) para que los ciudadanos pudieran evaluar la fuente de la información y llegaran a alcanzar una comprensión cuidadosa de lo que les llegaba. Además, el Gobierno de Singapur dispone de una web para aclarar percepciones erróneas o generalizadas sobre la política gubernamental, así como informaciones incorrectas sobre los asuntos de interés público que puedan dañar el tejido social de Singapur y existe un laboratorio específico para verificar noticias.

Mahbubani asegura que en las escuelas de Singapur –a la cabeza mundial en los resultados PISA– «se enseña a los estudiantes a verificar la información y los distintos puntos de vista presentados con otras fuentes para determinar su utilidad y extraer conclusiones. Se enseña a distinguir hechos de opiniones y se aplica la lógica. En definitiva, se realiza una evaluación crítica de lo que se tiene y esto se hace de manera transversal en todas las asignaturas de manera que los estudiantes se preparan para ser usuarios seguros y responsables de las redes sociales y se abstienen de compartir mensajes que no están verificados previamente».

El daño que pueden causar estas falsas noticias es enorme, como se ha visto con los argumentos falsos, xenófobos y racistas manejados en el referéndum del Brexit, la manipulación de millones de papeletas en el triunfo de Hillary Clinton frente a Donald Trump o el rechazo al inmigrante en la campaña electoral francesa de Marine Le Pen en la esfera política, por poner algunos ejemplos.

El sociólogo de la Universidad de La Rioja, Sergio Andrés Cabello, sostiene que «conceptos como el de posverdad se han convertido en cotidiano en nuestras sociedades y sirven para explicar algunos procesos que estamos viviendo». De acuerdo con este experto «nos encontramos en una sociedad saturada de información y que nos llega por numerosísimos canales, pero lo que en teoría es una ventaja no lo es». Cabello insiste en que «nuestras búsquedas se convierten en un espejo, ya que nos informamos generalmente en los canales que responden a nuestra ideología, gustos o impresiones. Es decir, no buscamos esa pluralidad sino aquellos canales, incluidas las redes sociales, que confirman o reafirman nuestras posiciones». Además, «nos movemos en un mundo muy rápido, y la información fluye a gran velocidad, quedándonos en muchas ocasiones en un titular o en un flash. En definitiva, es un terreno abonado para que triunfen las “fake news”». Y ofrece su visión para combatirlas: «La formación de un espíritu crítico es imprescindible para que los estudiantes puedan diferenciar esas noticias y buscar fuentes alternativas. Además, la educación tiene que “competir” con otros agentes de socialización, desde la familia hasta los propios medios de comunicación y la influencia de las redes sociales, en los que esos cuestionamientos pueden no estar tan claros porque se asumen».

En generaciones futuras los perjuicios pueden ser devastadores porque «las noticas falsas causan miedo, falta de fe en las instituciones e incluso cambios infundados en el comportamiento», afirma el experto de Singapur. Como ejemplo, puso el caso de la información difundida en 1998 sobre la vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola a través de un estudio del doctor Andrew Wakefield, que la relacionaba con el autismo y diversas enfermedades intestinales. Su influencia en la opinión pública generó una bajada en las vacunaciones. En 2008, por primera vez en 14 años, se declaró al sarampión endémico en Inglaterra y Gales y cientos de miles de niños están actualmente desprotegidos como resultado de este informe engañoso. De manera que «las noticias falsas pueden y han causado enfermedades graves e incluso la muerte», sentencia Mahbubani.

De acuerdo con el catedrático de Opinión Pública de la Universidad de Navarra, Manuel Martín Algarra, «la relevancia que han adquirido las ‘‘fake news’’ debe explicarse en el aula, porque a nadie le gusta ser engañado ni contribuir a la difusión de ese engaño. Es una trampa doble que lleva a creer y a difundir algo falso». Y plantea un simple ejercicio: «Se puede proponer en el aula una noticia falsa, de las que se suelen recibir por WhatsApp o Twitter, y preguntar a los alumnos las razones para compartirla y las consecuencias positivas o negativas que tendrían su difusión. Después se comprueba la veracidad de la noticia buscando otras fuentes a través de una sencilla búsqueda en Google: basta con copiar y pegar el texto para encontrar otras fuentes que muestran que la noticia es dudosa o falsa. Finalmente se puede explicar lo que supone contribuir a difundir las “fake news”».